Cualidades que han de adornar a los magistrados y jueces
Creo que ninguna misión es tan delicada, como la del magistrado y el juez, ya que sobre ellos recae el deber de dictaminar en los casos particulares sobre la culpabilidad de las personas y sobre la aplicación de determinadas penas, como también les corresponde, fallar en toda contienda referente a la adjudicación de la propiedad privada. Su responsabilidad figura entre las mayores, pues, ellos tienen el poder y a veces el peligro de cometer injusticias con frecuencia irreparables.
Entre las cualidades que han de adornar a magistrados y jueces, figuran:
Luchar contra las prevenciones, que los moverían a no tomar en cuenta las circunstancias atenuantes, contra el Partidarísmo político, que los incitaría a considerar como criminales a los enemigos de su partido y como inocentes a sus correligionarios. No deben dejarse arrastrar por preferencias personales, promesas o regalos, e influencias extrañas, tendientes ha hacer desviar el fallo de la justicia.
Instruirse debidamente acerca de cada asunto en que hayan de fallar, para hacerlo con pleno conocimiento de causa; han de conocer las leyes aplicables en cada caso determinado, luchar contra los ardides de una hábil defensa o acusación. En una palabra, han de fallar siempre a conciencia y con plena ilustración.
No deben dejarse llevar por sentimientos de baja venganza, el vil temor o una falsa compasión, pues más consideración y compasión merecen las víctimas sacrificadas y las futuras que el victimario sin contar con que el propietario legítimo tiene siempre derecho a que se le reconozca lo que es de él.
Deben estar determinados a sufrir cualquier mal, la destitución y la muerte, antes de torcer el fallo de la Justicia. Para ello deben recordar la grave responsabilidad que pesaría sobre ellos, en caso de asegurar la impunidad del culpable o condenar a un inocente, o al despojar de su haber al legítimo propietario. Estas graves responsabilidades exigen que el Poder Judicial de nuestra querida Panamá sea distinto a los poderes Legislativo y Ejecutivo; que esté formado por un cuerpo de jueces idóneos y de reconocida honradez profesional y que tengan facultades suficientes para obrar en su ramo con entera independencia, sin tener que atender halagos o amenazas de los otros poderes.
Lo anteriormente obedece a la preocupación en que nos han sumido los últimos acontecimientos en el campo judicial de nuestra querida Patria.
Nos encontramos preocupados por el devenir y el futuro de nuestros hijos, nietos y de nuestros compatriotas con miras a que tenemos la obligación de dejarles una patria digna y en mejores condiciones a como la recibimos de nuestros esforzados predecesores. Ojalá no estemos arando en el mar.
Tenemos la obligación de dejar a nuestros hijos una patria digna y en mejores condiciones.