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Cuando cameos


Qué dolor cuando caemos otra vez en ese mismo pecado. Parece que nunca tendremos fuerzas para superarlo.
Yo, cada vez que caigo, me abrazo a la Misericordia Divina, y busco corriendo el perdón de Dios. Son noches de desvelo, de encuentro, en las que oro casi sin darme cuenta.
Luego, acudo a un sacerdote y me confieso. Es lo mejor que puedes hacer. Renuevas tus esperanzas, tus alegrías y vuelves a sentir el abrazo de Dios, como una brisa fresca que te envuelve.
Con los años he aprendido a conocerlo. Y sé que es un padre amoroso y tierno. Ser papá de cuatro hijos me ha ayudado a percibirlo más íntimamente.
Cuando mis hijos hacen una travesura, no han terminado de acercarse a mí y ya los he perdonado. Los papás perdonamos con tanta facilidad.
¿Y Dios?
El salmo 102 lo describe a la perfección.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; porque El conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.
Hace algunos años, lo recuerdo bien, me encontraba en el confesionario. Estaba desanimado por haber ofendido a Dios. El buen sacerdote, con gran bondad me dijo algo que me acompaña cada día y me llena de ánimo, cuando más lo necesito: "Santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta".
La sonrisa produce muchas veces el milagro de hacer que el prójimo deje de llorar y de estar triste.
Sonría a los tristes, a los tímidos y a los que sufren. Sonría a los amigos, a los ancianos, a los jóvenes, a su familia y a sus penas. Sonría cada vez que pueda y verá como se convierte su pena en alegría y su dolor en gozo. Sonría y aprenda a estar feliz. Sonreír aumenta el sentido del humor y mejora este mundo en que vivimos. Aprenda a estar más alegre y su vida va a cambiar.
Ánimo y confíe que con Dios es posible, pues con ÉL... usted es ¡INVENCIBLE!
La extensión del parque, que rodea la estatua, es de 4 mil 986 metros cuadrados.

101 años de Panamá América

 
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