Cuando dos más dos no es cuatro
No hay sorpresa. El rumbo que está tomando el tema antinarcóticos en Panamá, al menos a mí, no me extraña. Una fuente nos informó esta semana que el número y la calidad de los informantes, los conocidos "soplones", está en franca caída, lo que ha provocado que los operativos e incautaciones de cargamentos de drogas y dinero hayan dado un giro contra reloj.
Lo habíamos advertido hace meses, cuando dijimos que cambiar al buen tuntún los funcionarios en esas oficinas dedicadas al combate del tráfico de drogas, lo primero que provocaría es la merma en los informes sobre grandes envíos de mercancía y dinero. Ocurrió, y no había que ser genio para verlo venir.
Levantar la confianza de este tipo de gente que está metida hasta el cuello en el negocio ilícito, y que se juega la vida si habla, se toma años. Pensar que sería fácil, y que el trabajo continuaría como si nada, fue iluso.
Pero lo trágico se supo hace dos días, cuando desde una de las fiscalías de drogas se filtró que con el arresto de los detectives que supuestamente asesinaron a su jefe, Franklin Brewster, podría venirse abajo el caso Pablo Rayo Montaño.
Lo que se teme es que las investigaciones contra el narcotraficante pierdan credibilidad, pues fueron estos detectives, junto con Brewster, quienes hicieron las investigaciones que descalabraron la organización Rayo. Tenerlos presos por asesinato no es la mejor noticia.
Ya pueden estar tranquilos los "monos gordos", esos verdaderos capos criollos, algunos pesos pesados de la empresa privada, la banca, políticos y empleados públicos que se hicieron de dinero con Pablo Rayo, y continúan con el negocio que heredó quien suplantó al colombiano.
Panamá sigue en el ojo de la tormenta del narcotráfico, y sólo están en la cárcel mafiosos de bajo perfil. Lástima.
Lo habíamos advertido hace meses, cuando dijimos que cambiar al buen tuntún los funcionarios en esas oficinas dedicadas al combate del tráfico de drogas, lo primero que provocaría es la merma en los informes sobre grandes envíos de mercancía y dinero. Ocurrió, y no había que ser genio para verlo venir.
Levantar la confianza de este tipo de gente que está metida hasta el cuello en el negocio ilícito, y que se juega la vida si habla, se toma años. Pensar que sería fácil, y que el trabajo continuaría como si nada, fue iluso.
Pero lo trágico se supo hace dos días, cuando desde una de las fiscalías de drogas se filtró que con el arresto de los detectives que supuestamente asesinaron a su jefe, Franklin Brewster, podría venirse abajo el caso Pablo Rayo Montaño.
Lo que se teme es que las investigaciones contra el narcotraficante pierdan credibilidad, pues fueron estos detectives, junto con Brewster, quienes hicieron las investigaciones que descalabraron la organización Rayo. Tenerlos presos por asesinato no es la mejor noticia.
Ya pueden estar tranquilos los "monos gordos", esos verdaderos capos criollos, algunos pesos pesados de la empresa privada, la banca, políticos y empleados públicos que se hicieron de dinero con Pablo Rayo, y continúan con el negocio que heredó quien suplantó al colombiano.
Panamá sigue en el ojo de la tormenta del narcotráfico, y sólo están en la cárcel mafiosos de bajo perfil. Lástima.