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Cuando hace falta un gobierno... y una oposición.


En mi opinión, las mejores porras son hechas con mayor entusiasmo al perder los juegos. La razón es simple: mientras más sudor corra en su fabricación, es más fácil subir a la barra y al equipo en las alas de la esperanza, siempre y cuando la haya. Y por lo curioso de la política (y la vida en general), lo último que se pierde es la esperanza...
Sin embargo, al caer el PRD en oposición, se perdieron innumerables almas entre el silencio de la nueva cúpula torrijista. La oposición, aunque me digan lo contrario, tiene a la cabeza a los talingos que se comen la carroña vejada por un año de mediocridad oficialista y a un ex mandatario que alberga a este y otros pájaros en su casa. ¿Triste, ah?
No pertenezco a filas partidistas. No obstante, quizás me es más fácil discernir la actuación de ambos bandos más allá del iracundo ondear de sus banderas. En primer lugar, en cuanto a la actuación del gobierno actual sólo me resta sintetizar lo que es conocimiento general: todos sabemos que andamos a la deriva aunque ingenuamente nos hagan creer lo contrario. Si bien es cierto que el panameño es fatalista, cuando le roban hasta la embriaguez (o sea, su tristemente célebre sonrisa), se da cuenta que ni el escaparse de esta realidad de pobreza es posible. No hay dinero... Simple, sencillo; ¿qué importa eso de los Indicadores de Crecimiento Anual y el Producto Interno Bruto si no hay comida para la familia?
Pero esto, cabe destacar, no sería del todo malo si el tribuno opositor se diera cuenta e hiciera algo al respecto. El PRD se ha quedado más que callado. Lo cierto es que si la tarifa eléctrica hubiera subido una milésima de centavo durante la administración anterior, aunado a la situación de los gremios y el alto precio de la gasolina; el gobierno del ex - presidente Balladares hubiera culminado en un golpe de Estado propinado por todos los sectores de la sociedad civil. ¿¡Qué más podemos decir!? Que los arnulfistas, aunque no sean estadistas de primera, son una excelente oposición.
Este modo de actuar tiene profundas raíces históricas. Veamos al partido fundado por Arnulfo Arias, un hombre que fue presidente tres veces, pero siempre caía derrocado porque nunca se supo que ánima autodestructiva lo poseía cada vez que subía a la palestra presidencial. Lo curioso es que fue un hombre sumamente insistente, un personaje en extremo egocentrista que atraía la atención de todos y que no se dio por vencido. El máximo legado de este señor no fue un ideario político ultra derechista, su regalo para los herederos panameñistas fue su obstinada persistencia.
Entre las denuncias de corrupción y el problema con los paisas, se están dando las situaciones para hacer alharacas a diestra y siniestra. Empero, ese no es el caso. Martín Torrijos, quien se supone es el dirigente de esta mal lograda oposición, ha encontrado feliz morada en la tumba de los apáticos. Si no fuera por esos esporádicos arranques para sumar acólitos, no se le vería la cara y uno supondría que la gente del partido con más adherentes se cansó de serlo y se fue al retiro.
El PRD es culpable de que se le haya dado carta blanca al gobierno para hacer y deshacer. Uno, como ciudadano, sólo puede tirar una letrilla satírica al viento y esperar que tres gatos la escuchen y reflexionen sobre su contenido; el individuo está limitado (valga la redundancia) por su individualidad, pero ese nos el caso cuando uno es parte de un partido político. Un colectivo aspira a subir y gobernar; sin embargo, para ser regente de un país, uno debe trabajar para serlo. La presidenta Moscoso, junto a sus simpatizantes, caminó por todo Panamá y su grupo fustigó dura y diariamente al gobierno del presidente Balladares. Su campaña (aunque no haya sido la más constructiva) la hizo acreedora del escaño presidencial y aunque me cueste reconocerlo (¡y vaya que me cuesta!), fue una victoria merecida. Pero, Sr. Torrijos, ¿usted qué ha hecho por la Patria, por la oposición y por los panameños?

101 años de Panamá América

 
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