Cuando a la gente no le importa la libertad
Los Angeles (AIPE) - No sorprende lo que la gente de Estados Unidos piensa sobre el caso Elián y, específicamente, del uso de fuerza armada para sacar al niño de la casa de Miami. Según las encuestas, 61% de los norteamericanos piensan que lo que hizo Janet Reno tenía justificación.
La mayoría de los americanos de hoy aprueban que el gobierno utilice la fuerza para quitarle a Pedro lo que le pertenece y dárselo a Pablo. La redistribución de la riqueza a punta de pistola es bien visto por la mayoría de nosotros hoy en día.
Gran parte de la ciudadanía también aprueba las masivas regulaciones federales y estatales que rigen las actividades empresariales y hasta nuestras vidas personales. En muchos estados, la gente apoya las acciones tomadas contra los fumadores y las confiscaciones por parte del presidente Clinton de miles de hectáreas de terrenos y demás medidas ambientales, con las que se despojan arbitrariamente las propiedades de la gente.
Entonces, si los americanos están acostumbrados a que el gobierno haga uso de la fuerza para alcanzar sus propósitos, ¿por qué se van a sorprender que Janet Reno mande a las tropas para sacar a Elián de la casa de familiares cuya única preocupación es la libertad del niño, la cual perderá si lo devuelven a Cuba? La libertad para la mayoría de los americanos hoy en día no es una cuestión vital. Se trata de una vieja historia, momentáneamente recordada quizá el 4 de julio.
La razón por la cual tantos medios de comunicación trataron tan mal y con tanto desprecio a los habitantes de la Pequeña Habana -en su mayoría exiliados de su patria comunista- es que los americanos han dejado de percibir la libertad humana como algo importante y de interés universal. Es más, ahora tenemos algunos especialistas en ciencias políticas, como John Rawls de la Universidad de Harvard, quienes piensan que valores como la libertad individual no son universales sino peculiaridades de ciertas culturas. Mientras que otras sociedades como Cuba y Corea del Norte requieren de otros valores culturales. Tal relativismo en la actualidad se enseña rutinariamente en cursos de filosofía política, indicando que a veces la libertad es vital, pero que no es así en otros casos.
Entonces, ¿por qué nos vamos a sorprender del apoyo mayoritario a las acciones y estrategias de Janet Reno en el caso de Elián González? En una época, la mayoría de los norteamericanos apoyaban calurosamente los principios de la libertad individual porque muchos recordaban haber sido víctimas de gobiernos opresores en Europa y en otras regiones del mundo. Algunos, como Jefferson y Madison, comprendían la libertad como parte de un arraigado sentimiento personal. Otros la apreciaban por experiencias personales y de sus familias.
Hoy, para muchos estadounidenses, las opresiones y dictaduras son nociones del pasado, mientras que las promesas del gobierno de darles algo a través del uso de la fuerza están a la vuelta de la esquina. La realidad es que adoran a los políticos que les prometen quitarle algo a algún tercero para dárselo a ellos.
Vale la pena tener presente que la razón por la que los judíos insisten en recordarnos los horrores del holocausto nazi es que existe el peligro de olvidar lo que aprendimos: los seres humanos son capaces de oprimir, a través de la fuerza bruta y controlando nuestra manera de pensar, supuestamente por una buena causa.
Los que escapamos del comunismo debemos considerar hacer el mismo esfuerzo que hacen los judíos para mantener presente las imágenes de los horrores de las sociedades socialistas. Así, el futuro de niños como Elián González produciría, en lugar de bostezos, temor y disgusto entre los americanos por la actuación del gobierno.
La mayoría de los americanos de hoy aprueban que el gobierno utilice la fuerza para quitarle a Pedro lo que le pertenece y dárselo a Pablo. La redistribución de la riqueza a punta de pistola es bien visto por la mayoría de nosotros hoy en día.
Gran parte de la ciudadanía también aprueba las masivas regulaciones federales y estatales que rigen las actividades empresariales y hasta nuestras vidas personales. En muchos estados, la gente apoya las acciones tomadas contra los fumadores y las confiscaciones por parte del presidente Clinton de miles de hectáreas de terrenos y demás medidas ambientales, con las que se despojan arbitrariamente las propiedades de la gente.
Entonces, si los americanos están acostumbrados a que el gobierno haga uso de la fuerza para alcanzar sus propósitos, ¿por qué se van a sorprender que Janet Reno mande a las tropas para sacar a Elián de la casa de familiares cuya única preocupación es la libertad del niño, la cual perderá si lo devuelven a Cuba? La libertad para la mayoría de los americanos hoy en día no es una cuestión vital. Se trata de una vieja historia, momentáneamente recordada quizá el 4 de julio.
La razón por la cual tantos medios de comunicación trataron tan mal y con tanto desprecio a los habitantes de la Pequeña Habana -en su mayoría exiliados de su patria comunista- es que los americanos han dejado de percibir la libertad humana como algo importante y de interés universal. Es más, ahora tenemos algunos especialistas en ciencias políticas, como John Rawls de la Universidad de Harvard, quienes piensan que valores como la libertad individual no son universales sino peculiaridades de ciertas culturas. Mientras que otras sociedades como Cuba y Corea del Norte requieren de otros valores culturales. Tal relativismo en la actualidad se enseña rutinariamente en cursos de filosofía política, indicando que a veces la libertad es vital, pero que no es así en otros casos.
Entonces, ¿por qué nos vamos a sorprender del apoyo mayoritario a las acciones y estrategias de Janet Reno en el caso de Elián González? En una época, la mayoría de los norteamericanos apoyaban calurosamente los principios de la libertad individual porque muchos recordaban haber sido víctimas de gobiernos opresores en Europa y en otras regiones del mundo. Algunos, como Jefferson y Madison, comprendían la libertad como parte de un arraigado sentimiento personal. Otros la apreciaban por experiencias personales y de sus familias.
Hoy, para muchos estadounidenses, las opresiones y dictaduras son nociones del pasado, mientras que las promesas del gobierno de darles algo a través del uso de la fuerza están a la vuelta de la esquina. La realidad es que adoran a los políticos que les prometen quitarle algo a algún tercero para dárselo a ellos.
Vale la pena tener presente que la razón por la que los judíos insisten en recordarnos los horrores del holocausto nazi es que existe el peligro de olvidar lo que aprendimos: los seres humanos son capaces de oprimir, a través de la fuerza bruta y controlando nuestra manera de pensar, supuestamente por una buena causa.
Los que escapamos del comunismo debemos considerar hacer el mismo esfuerzo que hacen los judíos para mantener presente las imágenes de los horrores de las sociedades socialistas. Así, el futuro de niños como Elián González produciría, en lugar de bostezos, temor y disgusto entre los americanos por la actuación del gobierno.