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Cuando la solución empeora el problema


Las incomodidades y los perjuicios materiales que se iniciaron el lunes, o sea un día antes de la fecha anunciada por las autoridades para las interrupciones del suministro de energía eléctrica, nos han servido para compartir con nuestros lectores una perspectiva analítica de esta privación repentina que sufre la comunidad.
Se nos ha dicho que el corte de electricidad y su consecuente interrupción del suministro de agua, se deben al llamado "fenómeno del Niño" y que por ello es necesario que nos resignemos. Pero vayamos más allá de los comunicados y preguntemos si la corriente del Niño es o no un fenómeno de carácter cíclico, si es la primera vez que algo semejante ocurre, si en los registros de precipitación lluviosa de la Compañía del Canal de Panamá no hay precedentes de una sequía como la actual, o para ser más exactos, si es extraño en nuestro medio que deje de llover en marzo y abril.
Desgraciadamente en nuestro país, en los últimos treinta años ha habido muy poca planificación coherente y muy pocas proyecciones se trazaron hacia el futuro tomando en cuenta todos los factores que entran en juego en cualquier problema. Los empréstitos para hacer las hidroeléctricas se hicieron sin pensar en lo que costaría pagarlos y en la repercusión que ello tiene en el precio de la energía.
La elección de los lugares de las represas se hizo sin estudiar a fondo los cambios en la precipitación lluviosa, ni las consecuencias y prevención de la desertificación. Las instalaciones de generación termoeléctrica se echaron de lado sin contemplar ni los imponderables de la naturaleza ni el crecimiento explosivo de la población de la capital, agravados por la indolencia oficial frente a la migración del campo a la ciudad.
Es preciso reconocer hasta qué punto nuestros gobernantes nunca prevén los problemas con miras a evitar que se produzcan, sino que reaccionan únicamente cuando el problema se nos ha venido encima, y entonces, la solución que se busca es la más fácil, que muchas veces trae consigo problemas peores.
En efecto, para el Panamá del sector de servicios ¿qué efecto devastador tiene que las comunicaciones internas e internacionales se vean paralizadas o sujetas a incertidumbre durante las horas de mayor movimiento? Y en cuanto al Panamá por globalizar y los inversionistas que se necesitan, pensemos por un momento ¿qué impresión causará un país sin luz y sin agua en las mentes de quienes deciden el movimiento de los capitales en el mundo?
Cualquier texto de ciencia política nos enseña que la función de un gobierno es proteger a los gobernados y procurar que sus necesidades fundamentales sean satisfechas. Tal vez el próximo paso que debe dar la democracia en nuestro país es el de tomar conciencia de que la capacidad de ver todas las aristas y soluciones de los problemas sólo la tienen los verdaderos estadistas.

101 años de Panamá América

 
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