Cuando las cátedras sobran
El disfrute de una comida caliente, de la ropa limpia, una habitación aliñada, conjugado con la paciencia, el amor incondicional, el sacrificio y la comprensión, son sólo detalles de lo que el término madre realmente encierra.
Un oficio sin remuneraciones, para el que no se estudia y que debe ejercerse con suma cautela. ¿Cuántas de las que hoy son madres se prepararon en universidades y recibieron cátedras al respecto...? He allí la verdadera esencia de este ser supremo comparable sólo con la Santísima Virgen. Conviene, pues, conocer un poco la historia de este día dedicado para honrar a las madres, sus orígenes y comienzos.
Los puertorriqueños dedican desde 1915, el segundo domingo de mayo para rendirle tributo a ese magnífico ser, gracias a la iniciativa de doña Amina Tió de Malaret y al establecimiento de la Ley 25 de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, eran los griegos los que dedicaban un día de la primavera para honrar a Rhea, la madre de todos los dioses. Durante el siglo XV, los cristianos ingleses celebraban el cuarto domingo de Adviento el "Domingo de la Maternidad".
En Estados Unidos fue en 1872 cuando Julia Ward y Anna Jarvis sugirieron que se designara una fecha especial para la celebración, que se concretó en 1907. Jarvis regalaba a las madres claveles rosados, y a las que ya habían muerto les llevaba a la tumba claveles blancos. Fue el 9 de mayo de 1914 cuando en Estados Unidos el presidente Woodrow Wilson oficializó las festividades como fiesta nacional.
Al igual que en Estados Unidos, en Dinamarca, Finlandia, Italia, Turquía, Australia, Bélgica y Africa del Sur, se celebra el Día de las Madres el segundo domingo de mayo; en Inglaterra se continúa celebrando el cuarto domingo de Adviento y en Francia se celebra el último domingo de mayo. En algunos países se han escogido otras fechas como, por ejemplo, en España que se celebra el 8 de diciembre como una fiesta religiosa para honrar no sólo a todas las madres en las familias, sino también a María, la madre de Jesús.
Todos hemos leído, escuchado o visto los múltiples reconocimientos de los que son objeto las madres en un día como hoy, 8 de diciembre, pero cuántos se han detenido a meditar acerca de la apretada agenda de una madre, la que se repite día tras día hasta que ya nos abandona físicamente.
Como dicen, en ocasiones las palabras sobran, pero en este caso agregaré, cuando lo que se quiere decir se expresa con sentimiento. Hoy bastará con que lo lean y sé que muchas se identificarán con el caso de esta abnegada madre.
El reloj apenas marca las 5:30 de la mañana, a esa hora las sábanas son tan cálidas que ni una fuerte tormenta movería a cualquier otro que no sea madre, de su cama. Pero, para ella, el tiempo apremia, es hora de levantarse de hacer el café y en caso que su esposo esté de turno, la faena inicia aún más temprano.
Nuestro personaje es tan singular que hasta las mascotas del hogar reconocen que es a ella a quien deben dirigirse para que atienda sus necesidades, es junto a ella donde deciden dormirse, tal vez porque su dulzura es tan incomparable que los animales la perciben como un magnífico don de Dios.
Son apenas las 6:30 y decide iniciar la limpieza del hogar. Toma una escoba y luego un trapeador, y en menos de media hora los pisos quedan tan relucientes que el reflejo de su figura comienza a traslucirse. Para la 7:00 a.m., los rayos del sol la ayudarán en sus labores, va en busca de todas las piezas de ropa que los miembros de la familia hayan utilizado y se dispone a lavar. La tecnología no le parece buen recurso y para ella la lavadora es sólo de uso ocasional.
El patio atestado en ropa húmeda, pero la madre de nuestra historia añade a la carga las sábanas sucias y tal vez las toallas, pues está convencida de que no es bueno dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Definitivamente desconoce la pereza. Para entonces, ya debe haber pensado en un suculento menú que difiera del que preparó el día anterior.
Las primeras horas de la tarde empiezan a llegar, y con ellas el indicativo de que la ropa que secaba al sol ya está lista, por lo que procede a doblarla y acomodarla. Mientras ello ocurre, las hojas del verano se amontonan bajo los árboles y para ella esa es otra misión que hay cumplir. Si la tarde y los quehaceres han sido benévolos con ella, quizás pueda terminar la tarde con una siesta, eso sí, que no se extiende por más de 30 minutos.
El esposo que partió temprano a cumplir también con su difícil papel, de la que sin embargo no hablaremos por no ser el agasajado en este día, ha vuelto ya y es hora de prepararle la cena. Pero en su apretada agenda nuestra protagonista aparta unos minutos durante y después de la cena para compartir con su pareja sus vivencias del día.
Una vez terminada la cena, se dispone a dejar preparada la cocina hasta tanto regrese su retoño que salió a trabajar muy temprano. Un trapo con desinfectante es ahora su herramienta, sin guantes, pues para ella son sólo un estorbo, es hora de limpiar.
Cuando llega el otro miembro de la familia, al que esperaba deseosa, se repite el proceso de calentar la comida, pero con lo que no cuenta es que tal vez este pariente (del que aún no revelaremos identidad) decidió cenar fuera, sin importar lo que su madre había preparado. Pero aún no se le es permitido ir a dormir, ahora es momento de escuchar otras vivencias. Con los oídos muy abiertos atiende las quejas de una discusión de trabajo o lo ameno de una anécdota.
El reloj marca ya las 9:00 de la noche y sus horas de trabajo han doblado las ocho. Se prepara ahora para dormir, pues su día empezará nuevamente muy temprano y no hay cabida para el cansancio. Mientras ello sucede, su hija sólo recibe el beneficio de una cena caliente o tal vez de unas sábanas limpias y una pijama con olor a rosas.
Sin embargo, el corazón de esa hija a la que a veces el trabajo absorbe y le impide decir te quiero, es templo del más sincero amor y la más decidida gratitud, porque sabe bien que ¡como ella, ninguna!
Un oficio sin remuneraciones, para el que no se estudia y que debe ejercerse con suma cautela. ¿Cuántas de las que hoy son madres se prepararon en universidades y recibieron cátedras al respecto...? He allí la verdadera esencia de este ser supremo comparable sólo con la Santísima Virgen. Conviene, pues, conocer un poco la historia de este día dedicado para honrar a las madres, sus orígenes y comienzos.
Los puertorriqueños dedican desde 1915, el segundo domingo de mayo para rendirle tributo a ese magnífico ser, gracias a la iniciativa de doña Amina Tió de Malaret y al establecimiento de la Ley 25 de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, eran los griegos los que dedicaban un día de la primavera para honrar a Rhea, la madre de todos los dioses. Durante el siglo XV, los cristianos ingleses celebraban el cuarto domingo de Adviento el "Domingo de la Maternidad".
En Estados Unidos fue en 1872 cuando Julia Ward y Anna Jarvis sugirieron que se designara una fecha especial para la celebración, que se concretó en 1907. Jarvis regalaba a las madres claveles rosados, y a las que ya habían muerto les llevaba a la tumba claveles blancos. Fue el 9 de mayo de 1914 cuando en Estados Unidos el presidente Woodrow Wilson oficializó las festividades como fiesta nacional.
Al igual que en Estados Unidos, en Dinamarca, Finlandia, Italia, Turquía, Australia, Bélgica y Africa del Sur, se celebra el Día de las Madres el segundo domingo de mayo; en Inglaterra se continúa celebrando el cuarto domingo de Adviento y en Francia se celebra el último domingo de mayo. En algunos países se han escogido otras fechas como, por ejemplo, en España que se celebra el 8 de diciembre como una fiesta religiosa para honrar no sólo a todas las madres en las familias, sino también a María, la madre de Jesús.
Todos hemos leído, escuchado o visto los múltiples reconocimientos de los que son objeto las madres en un día como hoy, 8 de diciembre, pero cuántos se han detenido a meditar acerca de la apretada agenda de una madre, la que se repite día tras día hasta que ya nos abandona físicamente.
Como dicen, en ocasiones las palabras sobran, pero en este caso agregaré, cuando lo que se quiere decir se expresa con sentimiento. Hoy bastará con que lo lean y sé que muchas se identificarán con el caso de esta abnegada madre.
El reloj apenas marca las 5:30 de la mañana, a esa hora las sábanas son tan cálidas que ni una fuerte tormenta movería a cualquier otro que no sea madre, de su cama. Pero, para ella, el tiempo apremia, es hora de levantarse de hacer el café y en caso que su esposo esté de turno, la faena inicia aún más temprano.
Nuestro personaje es tan singular que hasta las mascotas del hogar reconocen que es a ella a quien deben dirigirse para que atienda sus necesidades, es junto a ella donde deciden dormirse, tal vez porque su dulzura es tan incomparable que los animales la perciben como un magnífico don de Dios.
Son apenas las 6:30 y decide iniciar la limpieza del hogar. Toma una escoba y luego un trapeador, y en menos de media hora los pisos quedan tan relucientes que el reflejo de su figura comienza a traslucirse. Para la 7:00 a.m., los rayos del sol la ayudarán en sus labores, va en busca de todas las piezas de ropa que los miembros de la familia hayan utilizado y se dispone a lavar. La tecnología no le parece buen recurso y para ella la lavadora es sólo de uso ocasional.
El patio atestado en ropa húmeda, pero la madre de nuestra historia añade a la carga las sábanas sucias y tal vez las toallas, pues está convencida de que no es bueno dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Definitivamente desconoce la pereza. Para entonces, ya debe haber pensado en un suculento menú que difiera del que preparó el día anterior.
Las primeras horas de la tarde empiezan a llegar, y con ellas el indicativo de que la ropa que secaba al sol ya está lista, por lo que procede a doblarla y acomodarla. Mientras ello ocurre, las hojas del verano se amontonan bajo los árboles y para ella esa es otra misión que hay cumplir. Si la tarde y los quehaceres han sido benévolos con ella, quizás pueda terminar la tarde con una siesta, eso sí, que no se extiende por más de 30 minutos.
El esposo que partió temprano a cumplir también con su difícil papel, de la que sin embargo no hablaremos por no ser el agasajado en este día, ha vuelto ya y es hora de prepararle la cena. Pero en su apretada agenda nuestra protagonista aparta unos minutos durante y después de la cena para compartir con su pareja sus vivencias del día.
Una vez terminada la cena, se dispone a dejar preparada la cocina hasta tanto regrese su retoño que salió a trabajar muy temprano. Un trapo con desinfectante es ahora su herramienta, sin guantes, pues para ella son sólo un estorbo, es hora de limpiar.
Cuando llega el otro miembro de la familia, al que esperaba deseosa, se repite el proceso de calentar la comida, pero con lo que no cuenta es que tal vez este pariente (del que aún no revelaremos identidad) decidió cenar fuera, sin importar lo que su madre había preparado. Pero aún no se le es permitido ir a dormir, ahora es momento de escuchar otras vivencias. Con los oídos muy abiertos atiende las quejas de una discusión de trabajo o lo ameno de una anécdota.
El reloj marca ya las 9:00 de la noche y sus horas de trabajo han doblado las ocho. Se prepara ahora para dormir, pues su día empezará nuevamente muy temprano y no hay cabida para el cansancio. Mientras ello sucede, su hija sólo recibe el beneficio de una cena caliente o tal vez de unas sábanas limpias y una pijama con olor a rosas.
Sin embargo, el corazón de esa hija a la que a veces el trabajo absorbe y le impide decir te quiero, es templo del más sincero amor y la más decidida gratitud, porque sabe bien que ¡como ella, ninguna!