Cuando las comunidades se cansan de los abusos
Luego de cinco meses de abusos e irrespetos, moradores de La Florida, Villa Lorena y Villa Gabriela, lograron por fin que la Dirección Nacional de Tránsito reubicara la piquera de autobuses de la ruta Panamá Viejo, que de manera inconsulta y arbitraria improvisaron dichos transportistas en la vía Matías Hernández.
En un haz de voluntades los residentes de La Florida decidieron el pasado viernes 28 de mayo salir a las calles a defender el derecho a la tranquilidad, al libre tránsito y sobre todo a su dignidad, pues habían sido víctimas de atropellos, insultos, amenazas y hasta de presenciar actos inmorales en la propia entrada de su comunidad.
La medida que tomamos fue drástica, pero eficaz, no nos quedaba ya otra alternativa. Desde principio del año le habíamos enviado nota a la Ministra Sagel para que se reubicara a dichos transportistas del lugar, también lo hizo el representante de corregimiento, Armando Salazar, pero tampoco le dieron explicación alguna.
En virtud de todo lo anterior, decidimos cerrar la vía José Agustín Arango. Estábamos plenamente conscientes que esta medida era ilegal y que incurríamos en un delito. Así se lo hicimos saber al Comisionado Luis Gordón y al subcomisionado Alvis Santana, presentes en el área cuando nos preguntaron en forma persuasiva si estábamos conscientes de lo que estábamos haciendo.
Nuestra respuesta fue inmediata, le manifestamos "sí estamos conscientes de esta medida, sabemos que es desagradable y afecta a terceras personas"; pero la respuesta del resto de los manifestantes (respetables residentes de La Florida, Villa Lorena y Villa Gabriela) fue aún más categórica: "ya nos cansamos de ser los terceros afectados".
Seguidamente, los moradores indignados le explicaron a los representantes de la Fuerza Pública con fotografías en mano, la gran cantidad de abusos, irrespetos y vejámenes que habían padecido a raíz del traslado de esa piquera al sector de sus comunidades.
La respuesta de los afectados fue contundente y sincera; los miembros de la Fuerza Pública comprendieron que nos asistía la razón y nosotros también entendimos cuál era la misión de ellos y que no podíamos prolongar por más tiempo la medida, que aunque reconocemos afectó a terceras personas fue la más efectiva para que se nos escuchara y resolviera de manera definitiva nuestro problema.
El balance positivo que puedo hacer de esta lucha -en la que por primera vez me vi inmerso y obligado a encabezar con el apoyo de los residentes de mi comunidad de La Florida y la solidaridad de buenos vecinos como los de Villa Lorena y Villa Gabriela- es que cuando se perturba la paz, tranquilidad y se violan derechos sociales, surge la chispa de la unión que muy pronto se convierte en una poderosa llama.
Otro elemento que considero importante lo constituye la organización, toda comunidad por muy pequeña que sea, debe contar al menos con un comité que vele por los mejores intereses de su barriada, calle o comunidad.
El espíritu de solidaridad es también uno de los factores primordiales con los que cuentan los pueblos, hoy día, para hacerle frente a las injusticias y violaciones a nuestros más preciados derechos.
En un haz de voluntades los residentes de La Florida decidieron el pasado viernes 28 de mayo salir a las calles a defender el derecho a la tranquilidad, al libre tránsito y sobre todo a su dignidad, pues habían sido víctimas de atropellos, insultos, amenazas y hasta de presenciar actos inmorales en la propia entrada de su comunidad.
La medida que tomamos fue drástica, pero eficaz, no nos quedaba ya otra alternativa. Desde principio del año le habíamos enviado nota a la Ministra Sagel para que se reubicara a dichos transportistas del lugar, también lo hizo el representante de corregimiento, Armando Salazar, pero tampoco le dieron explicación alguna.
En virtud de todo lo anterior, decidimos cerrar la vía José Agustín Arango. Estábamos plenamente conscientes que esta medida era ilegal y que incurríamos en un delito. Así se lo hicimos saber al Comisionado Luis Gordón y al subcomisionado Alvis Santana, presentes en el área cuando nos preguntaron en forma persuasiva si estábamos conscientes de lo que estábamos haciendo.
Nuestra respuesta fue inmediata, le manifestamos "sí estamos conscientes de esta medida, sabemos que es desagradable y afecta a terceras personas"; pero la respuesta del resto de los manifestantes (respetables residentes de La Florida, Villa Lorena y Villa Gabriela) fue aún más categórica: "ya nos cansamos de ser los terceros afectados".
Seguidamente, los moradores indignados le explicaron a los representantes de la Fuerza Pública con fotografías en mano, la gran cantidad de abusos, irrespetos y vejámenes que habían padecido a raíz del traslado de esa piquera al sector de sus comunidades.
La respuesta de los afectados fue contundente y sincera; los miembros de la Fuerza Pública comprendieron que nos asistía la razón y nosotros también entendimos cuál era la misión de ellos y que no podíamos prolongar por más tiempo la medida, que aunque reconocemos afectó a terceras personas fue la más efectiva para que se nos escuchara y resolviera de manera definitiva nuestro problema.
El balance positivo que puedo hacer de esta lucha -en la que por primera vez me vi inmerso y obligado a encabezar con el apoyo de los residentes de mi comunidad de La Florida y la solidaridad de buenos vecinos como los de Villa Lorena y Villa Gabriela- es que cuando se perturba la paz, tranquilidad y se violan derechos sociales, surge la chispa de la unión que muy pronto se convierte en una poderosa llama.
Otro elemento que considero importante lo constituye la organización, toda comunidad por muy pequeña que sea, debe contar al menos con un comité que vele por los mejores intereses de su barriada, calle o comunidad.
El espíritu de solidaridad es también uno de los factores primordiales con los que cuentan los pueblos, hoy día, para hacerle frente a las injusticias y violaciones a nuestros más preciados derechos.