Cuando las conveniencias privan sobre los principios
Sumergidos como estamos constantemente en presiones sociales, económicas, morales, profesionales y de todo tipo, nos enfrentamos a diario a situaciones en donde tenemos la gran encrucijada de tener que decidir nuestras acciones sobre la base de nuestros principios o nuestra conveniencia.
Es así como vemos que desde hace mucho tiempo la historia ha sido modificada cuando una u otra situación ha sido tomada sobre la base de este esquema. Ya desde el tiempo en que vivió nuestro Señor Jesucristo, cuando fue sometido a juicio, fue dejada al libre albedrío su suerte, en base a la conveniencia de no enfrentar una situación sobrepasando sobre el principio de inocencia, llevando al desenlace por todos conocido. Nos preguntamos qué hubiese pasado si Poncio Pilatos siguiendo los principios y no la conveniencia del momento, lo hubiese declarado inocente y liberado inmediatamente. Tal vez para bien o mal no se hubiese cumplido la historia que conocemos.
Constantemente en la política nacional y mundial vemos cómo se dan vanas excusas para pisotear los más elementales principios, tratando de hacerlos más convenientes. Pero este camino de lograr que nuestros principios sean, además, el más conveniente para nosotros no siempre es fácil de alcanzar, y cuando nos encontramos en la encrucijada en que nuestros principios chocan con las conveniencias es donde surge todo tipo de malformaciones y vanas justificaciones, que a la postre resultan en una tergiversación completa de nuestra capacidad de juicio, que en algunas personas provoca que frente a cualquier decisión, antes de preguntarse si es correcta en principio, se preguntan si es conveniente.
Así surgen en el mundo todo tipo de asociaciones entre países y gobiernos, entre partidos y políticos, a veces alejados totalmente uno del otro por sus principios, pero férreamente unidos por la conveniencia del momento. Nos dan declaraciones que, francamente, nos hacen pensar que nos creen ignorantes y libremente las llaman declaraciones de índole política, como si este epíteto les otorgara la franquicia de certeza y validez absoluta justificándola en su totalidad.
La mente del ser humano es infinitamente compleja y sus pensamientos pueden ser, a veces, igualmente complejos, pero hay principios universalmente aceptados que nos deben marcar la pauta a seguir.
Sabemos que nuestros principios e ideales no siempre serán iguales para otras personas, y que podemos estar equivocados y así vivir e incluso, morir por defenderlos, pero siempre y cuando no sea por conveniencia que lo hagamos, nuestro comportamiento tendrá un mérito que podrán reconocer.
Ojalá que todos hagamos lo posible por encontrar los mejores ideales y principios por los cuales vivir, y que éstos, igualmente, nos sean los más convenientes en todo momento. Pidamos a Dios con todo fervor que en los momentos de la vida en que, en el mundo real, tengamos que ir en contra de los mismos, nos dé la serenidad para vivir con nuestros pensamientos, la humildad para reconocer nuestros errores y la fortaleza para saberlos enmendar a tiempo. Pidamos también que nuestros adversarios reconozcan la hidalguía de nuestro actuar y no lo confundan nunca con debilidad y flaqueza de carácter. Que no piensen nunca que al enmendar nuestros errores les damos pies a otros a hacer valer e incorporar los suyos, pues irremediablemente encontrarán nuestro carácter forjado y listo para afrontar todas y cada una de esas agresiones.
Tratemos todos juntos de vivir sobre la base de buenos principios y hagamos valer nuestra opinión con acciones concretas frente aquellos que convenientemente nos los quieren cambiar, haciéndonos ver que es lo "mejor", y seguramente contribuiremos a tener un mundo mejor.
Es así como vemos que desde hace mucho tiempo la historia ha sido modificada cuando una u otra situación ha sido tomada sobre la base de este esquema. Ya desde el tiempo en que vivió nuestro Señor Jesucristo, cuando fue sometido a juicio, fue dejada al libre albedrío su suerte, en base a la conveniencia de no enfrentar una situación sobrepasando sobre el principio de inocencia, llevando al desenlace por todos conocido. Nos preguntamos qué hubiese pasado si Poncio Pilatos siguiendo los principios y no la conveniencia del momento, lo hubiese declarado inocente y liberado inmediatamente. Tal vez para bien o mal no se hubiese cumplido la historia que conocemos.
Constantemente en la política nacional y mundial vemos cómo se dan vanas excusas para pisotear los más elementales principios, tratando de hacerlos más convenientes. Pero este camino de lograr que nuestros principios sean, además, el más conveniente para nosotros no siempre es fácil de alcanzar, y cuando nos encontramos en la encrucijada en que nuestros principios chocan con las conveniencias es donde surge todo tipo de malformaciones y vanas justificaciones, que a la postre resultan en una tergiversación completa de nuestra capacidad de juicio, que en algunas personas provoca que frente a cualquier decisión, antes de preguntarse si es correcta en principio, se preguntan si es conveniente.
Así surgen en el mundo todo tipo de asociaciones entre países y gobiernos, entre partidos y políticos, a veces alejados totalmente uno del otro por sus principios, pero férreamente unidos por la conveniencia del momento. Nos dan declaraciones que, francamente, nos hacen pensar que nos creen ignorantes y libremente las llaman declaraciones de índole política, como si este epíteto les otorgara la franquicia de certeza y validez absoluta justificándola en su totalidad.
La mente del ser humano es infinitamente compleja y sus pensamientos pueden ser, a veces, igualmente complejos, pero hay principios universalmente aceptados que nos deben marcar la pauta a seguir.
Sabemos que nuestros principios e ideales no siempre serán iguales para otras personas, y que podemos estar equivocados y así vivir e incluso, morir por defenderlos, pero siempre y cuando no sea por conveniencia que lo hagamos, nuestro comportamiento tendrá un mérito que podrán reconocer.
Ojalá que todos hagamos lo posible por encontrar los mejores ideales y principios por los cuales vivir, y que éstos, igualmente, nos sean los más convenientes en todo momento. Pidamos a Dios con todo fervor que en los momentos de la vida en que, en el mundo real, tengamos que ir en contra de los mismos, nos dé la serenidad para vivir con nuestros pensamientos, la humildad para reconocer nuestros errores y la fortaleza para saberlos enmendar a tiempo. Pidamos también que nuestros adversarios reconozcan la hidalguía de nuestro actuar y no lo confundan nunca con debilidad y flaqueza de carácter. Que no piensen nunca que al enmendar nuestros errores les damos pies a otros a hacer valer e incorporar los suyos, pues irremediablemente encontrarán nuestro carácter forjado y listo para afrontar todas y cada una de esas agresiones.
Tratemos todos juntos de vivir sobre la base de buenos principios y hagamos valer nuestra opinión con acciones concretas frente aquellos que convenientemente nos los quieren cambiar, haciéndonos ver que es lo "mejor", y seguramente contribuiremos a tener un mundo mejor.