Cuando los gobernantes pierden la vergüenza
Por razones históricas, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), hoy Popular (PP), apoyó al Dr. Arnulfo Arias. Nacido a la vida política nacional en 1960, fue con candidato propio a su primera campaña en 1964. Las fuerzas predominantes eran los liberales, que querían mantenerse en el poder a como diera lugar, y el Dr. Arias Madrid, en su primera campaña después de haber sido inhabilitado en sus derechos políticos en 1951.
A pesar de recibir toda clase de ofrecimientos de parte del oficialismo, el PDC, a través de su representante en la Junta Nacional de Escrutinios, Dr. Rubén Arosemena Guardia, no firmó las credenciales del presidente electo, Marco Robles; existían graves indicios de fraude. Igual ocurrió en 1968, cuando los liberales trataron de robarle la presidencia al Dr. Arias y los demócratas cristianos, voto decisivo en la junta escrutadora, le concedió el triunfo a él; las actas hablaban por sí solas. Desde el 64 nació una relación con el Dr. Arias, que nos vincularía a él hasta su muerte, siendo el símbolo viviente de la lucha contra de la dictadura. Jamás participamos en sus gobiernos de 1940 y de 1949, y sólo por 11 días en el año 1968.
Con nuestros votos y sacrificios Guillermo Endara llegó en 1989 a la Presidencia, pero esa alianza sólo duró 15 meses. Siempre se dijo que los demócratas cristianos éramos una especie de piedra en el zapato de los poco ortodoxos arnulfistas. En el 99 se discutió apoyar a Mireya Moscoso para la Presidencia, y hasta ella pre candidatizó a Rubén Arosemena Valdés, como su candidato a segundo vicepresidente. Esa alianza no cristalizó y apoyamos a Alberto Vallarino. Algunos demócratas cristianos -los chocolates-, quizás por temor a quedarse cinco años más fuera del gobierno, la apoyaron.
Lo que hoy se aprecia, a escasos dos meses de haber concluido una gestión presidencial que parecía no tenía fin resulta indignante y vergonzoso. Cuando analizamos las partidas discrecionales y vemos que Mireya Moscoso hasta sus anteojos personales (B/326.25) adquirió de los fondos presidenciales, se aprecia la confusión mental que siempre se dijo existía de las cosas públicas y las privadas entre algunos políticos panameños; fue la tónica principal del gobierno arnulfista y por eso todavía esperamos a algún dirigente de ese partido a justificar los derroches y excentricidades descubiertos. Cuando vemos que se pagaron B/7.500.00 de tales fondos públicos a una clínica de cirugía plástica por apoyo a servicios médicos a la esposa de un importante legislador arnulfista (precio de un facelifting, según reputado dermatólogo) sólo nos refleja que muchos de sus copartidarios también resultaron beneficiados con los escandalosos manejos divulgados.
Para un lego en materia de contabilidad, los detalles de las partidas secretas -ahora públicas- del anterior gobierno, no fueron auditadas por nadie. Se nota que se hicieron a la carrera y a última hora. En una de esos cheques, B/. 69.500.00, a favor de Rigoberto Acosta, No. 6688 de 7 de julio/04, lo hicieron para pagar gastos a la "ciudad del Perú". Explicaciones repetitivas como "compra de artículos de Palacio y el Ministerio de la Presidencia. Apoyos Médicos y Atenciones del Despacho Superior", encontramos innumerables cheques efectuados a favor de diversos bancos oficiales y privados de la localidad, así como de American Express. Con auditores que si investiguen, sería interesante conocer las razones por las que tales cheques fueron emitidos, qué cuentas pagaron, qué tarjeta-habientes se beneficiaron, por supuesto que obligando a esos beneficiarios a devolver, previa cautelación de sus bienes, los dineros que recibieron por su amistad o relación partidaria que mantenían con quien directamente manejaba esa partida, al decir de su última ministra de la Presidencia, la mismísima señora Moscoso.
He pedido en cartas al Contralor Weeden la cautelación de los bienes de ella, por el manejo de los 26 millones de esa partida; de su hermana, por el manejo de los 6 millones de la Fundación Tucán y por haber cobrado 6 mil al mes por el inexistente cargo presupuestario de Primera Dama; y al ex Ministro de Salud, por la forma cómo se administraron los B/. 45 millones donados por el gobierno de Taiwan. También de la propiedad de Punta Mala, porque allí se usaron fondos públicos, según se desprende de todo lo que el país ha conocido en los últimos días.
En todos estos casos los gobernantes que tuvimos simplemente perdieron la vergüenza, porque todo lo hicieron violando la ley, como si llegar al gobierno equivalía a apoderarse para ellos de todo lo que manejaran como funcionarios. El país espera que las autoridades de investigación superen la etapa de los formulismos estériles y tengan la capacidad para profundizar en el gran daño que los arnulfistas que gobernaron le han hecho al país, porque si al final no se concluye en nada, el país se olvidará de los sinvergüenzas que nos gobernaron y condenará por igual a los cobardes que no tuvieron el coraje y la valentía de poder concretar ese clamor de todo un pueblo que dice: cero corrupción, pero también cero impunidad.
A pesar de recibir toda clase de ofrecimientos de parte del oficialismo, el PDC, a través de su representante en la Junta Nacional de Escrutinios, Dr. Rubén Arosemena Guardia, no firmó las credenciales del presidente electo, Marco Robles; existían graves indicios de fraude. Igual ocurrió en 1968, cuando los liberales trataron de robarle la presidencia al Dr. Arias y los demócratas cristianos, voto decisivo en la junta escrutadora, le concedió el triunfo a él; las actas hablaban por sí solas. Desde el 64 nació una relación con el Dr. Arias, que nos vincularía a él hasta su muerte, siendo el símbolo viviente de la lucha contra de la dictadura. Jamás participamos en sus gobiernos de 1940 y de 1949, y sólo por 11 días en el año 1968.
Con nuestros votos y sacrificios Guillermo Endara llegó en 1989 a la Presidencia, pero esa alianza sólo duró 15 meses. Siempre se dijo que los demócratas cristianos éramos una especie de piedra en el zapato de los poco ortodoxos arnulfistas. En el 99 se discutió apoyar a Mireya Moscoso para la Presidencia, y hasta ella pre candidatizó a Rubén Arosemena Valdés, como su candidato a segundo vicepresidente. Esa alianza no cristalizó y apoyamos a Alberto Vallarino. Algunos demócratas cristianos -los chocolates-, quizás por temor a quedarse cinco años más fuera del gobierno, la apoyaron.
Lo que hoy se aprecia, a escasos dos meses de haber concluido una gestión presidencial que parecía no tenía fin resulta indignante y vergonzoso. Cuando analizamos las partidas discrecionales y vemos que Mireya Moscoso hasta sus anteojos personales (B/326.25) adquirió de los fondos presidenciales, se aprecia la confusión mental que siempre se dijo existía de las cosas públicas y las privadas entre algunos políticos panameños; fue la tónica principal del gobierno arnulfista y por eso todavía esperamos a algún dirigente de ese partido a justificar los derroches y excentricidades descubiertos. Cuando vemos que se pagaron B/7.500.00 de tales fondos públicos a una clínica de cirugía plástica por apoyo a servicios médicos a la esposa de un importante legislador arnulfista (precio de un facelifting, según reputado dermatólogo) sólo nos refleja que muchos de sus copartidarios también resultaron beneficiados con los escandalosos manejos divulgados.
Para un lego en materia de contabilidad, los detalles de las partidas secretas -ahora públicas- del anterior gobierno, no fueron auditadas por nadie. Se nota que se hicieron a la carrera y a última hora. En una de esos cheques, B/. 69.500.00, a favor de Rigoberto Acosta, No. 6688 de 7 de julio/04, lo hicieron para pagar gastos a la "ciudad del Perú". Explicaciones repetitivas como "compra de artículos de Palacio y el Ministerio de la Presidencia. Apoyos Médicos y Atenciones del Despacho Superior", encontramos innumerables cheques efectuados a favor de diversos bancos oficiales y privados de la localidad, así como de American Express. Con auditores que si investiguen, sería interesante conocer las razones por las que tales cheques fueron emitidos, qué cuentas pagaron, qué tarjeta-habientes se beneficiaron, por supuesto que obligando a esos beneficiarios a devolver, previa cautelación de sus bienes, los dineros que recibieron por su amistad o relación partidaria que mantenían con quien directamente manejaba esa partida, al decir de su última ministra de la Presidencia, la mismísima señora Moscoso.
He pedido en cartas al Contralor Weeden la cautelación de los bienes de ella, por el manejo de los 26 millones de esa partida; de su hermana, por el manejo de los 6 millones de la Fundación Tucán y por haber cobrado 6 mil al mes por el inexistente cargo presupuestario de Primera Dama; y al ex Ministro de Salud, por la forma cómo se administraron los B/. 45 millones donados por el gobierno de Taiwan. También de la propiedad de Punta Mala, porque allí se usaron fondos públicos, según se desprende de todo lo que el país ha conocido en los últimos días.
En todos estos casos los gobernantes que tuvimos simplemente perdieron la vergüenza, porque todo lo hicieron violando la ley, como si llegar al gobierno equivalía a apoderarse para ellos de todo lo que manejaran como funcionarios. El país espera que las autoridades de investigación superen la etapa de los formulismos estériles y tengan la capacidad para profundizar en el gran daño que los arnulfistas que gobernaron le han hecho al país, porque si al final no se concluye en nada, el país se olvidará de los sinvergüenzas que nos gobernaron y condenará por igual a los cobardes que no tuvieron el coraje y la valentía de poder concretar ese clamor de todo un pueblo que dice: cero corrupción, pero también cero impunidad.