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Cuando los hombres tiemblan


En La Otra Historia de los Estados Unidos, Howard Zinn -historiador estadounidense fallecido- hace un somero viaje a lomo de textos de autores socialistas. Cita a Upton Sinclair en The Jungle, donde narra la vida de un inmigrante obrero en una empresa empaquetadora de carne de Chicago. Jack London publica The Iron Heel, una novela también política que analiza el problema de la mecanización del trabajo y la extensión de la brecha entre producción y bienestar social. Dirigiéndose a los integrantes de un sindicato que protestaba por la mecanización. London les explica: “No destruyamos esas maravillosas máquinas que producen de manera eficiente y barata. Beneficiémonos de su eficiencia y economía. Manejémoslas en interés propio. Que sean ellas las esclavas”. Cuando Henry James llega en 1904 a USA, comenta: “Es un jardín de Rappacini en el que se encuentran toda clase de plantas venenosas debido a su pasión por el dinero”.

Es interesantísima la cita de Emma Goldman sobre el sufragio femenino, temida feminista: “Nuestro fetiche moderno es el sufragio universal. No hay ninguna razón para creer que el voto ha ayudado o ayudará a la mujer en su ascenso a la emancipación. El desarrollo de la mujer, su libertad y su independencia deben surgir de sí misma. Primero reafirmando su personalidad. Segundo negando a cualquiera el derecho sobre su cuerpo; negándose a tener hijos, a menos que lo desee; negándose a ser una sirvienta de Dios, del Estado, de la sociedad, de su marido, de su familia, etc.; haciendo su vida más sencilla pero más rica y fecunda. Sólo eso y no el voto liberará a la mujer”.

Hellen Keller, célebre discapacitada, ciega y sorda, aprendió a hablar, leer y escribir de la mano de su institutriz. Fue la primera discapacitada en obtener un título universitario. Convertida en destacada oradora y escritora, pasó a las filas del socialismo y a partir de allí su fama se convirtió en misericordia “Ahora que me he declarado socialista, los que antes me aplaudían, me recuerdan que soy ciega y sorda”. “Si el director del Eagle de Brooklyn leyese algunos libros socialistas sería un hombre más sabio y haría un periódico mejor. Si algún día contribuyó al movimiento socialista… lo titularé: Ceguera Industrial y Sordera Social”.

La protectora de niños conocida como Madre Jones, organizó en 1903 una marcha hacia Washington en contra del trabajo infantil: ”Portábamos pancartas que decían: Queremos tiempo para jugar”. En esa época había 284 mil niños trabajando a destajo.

Una enfermera negra escribió en 1912: “Las mujeres negras estamos librando una batalla terrible. Para empezar, lo negros -que deberían ser nuestros defensores naturales- nos atacan”.

La sociedad estadounidense ha cambiado. La cultura occidental es distinta. El mundo es diferente. Gracias a lo que estas mujeres denunciaron con valentía y tesón. Porque es archisabido que cuando las mujeres hablan, los hombres tiemblan.

101 años de Panamá América

 
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