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¡Cuando los montes comenzaron a parir!


LA HISTORIA es conocida. Se cuenta que un buen día, los pobladores de una apacible aldea, vecinos de un inmenso bosque, se despertaron muy asustados, pues de las entrañas del boscaje salían ruidos aterradores y la tierra temblaba. El estruendo, cada vez se acercaba más al lindero del bosque y los aldeanos sobrecogidos esperaban que en cualquier momento apareciera una criatura monstruosa; pero de pronto, el ruido cesó, la tierra dejó de sacudirse y del monte surgió un pequeño y mísero ratón.
Desde entonces ese famoso pasaje se conoce como "el parto de los montes" y se ha convertido en un clásico para ilustrar aquellos casos en que los resultados, por minúsculos e insignificantes, son infinitamente más pequeños que los grandes despliegues y la fanfarria que con frecuencia acompañan sus promesas los gobernantes.
Desde mucho antes de su presentación oficial, el tema de la
ampliación
estuvo vendiéndose como el remedio para todos nuestros males: Habrían tantas plazas de trabajo, que hasta se llegó a hablar de que seríamos inundados por una ola humana de extranjeros, especialmente de nuestro entorno más cercano, que, como en los tiempos de la construcción del Canal, llegarían por miles a nuestro país. Algún osado aventurero hasta llegó a afirmar que en nuestro bienaventurado país el desempleo sólo sería un recuerdo.
También se dijo que como se requeriría de miles de obreros y artesanos especializados, era imprescindible crear una nueva institución para formarlos profesionalmente, para que "pudieran alcanzar los estándares de capacitación técnica que demandarían de ellos las empresas que se ganaran los contratos para la construcción de las diferentes partes de la gigantesca obra. Y para ser consecuente, se anunció y se dotó a la institución de formación profesional, antes llamada INAFORP, actual INADEH, que ahora, siguiendo con la costumbre de "la patria nueva" tiene el rumboso nombre de cuantiosos fondos para talleres, instructores y todo lo que fuera necesario.
Ahora, después de mucho insistir para que se dijera la verdad sobre los miles de empleos prometidos, y de haber soportado las respuestas airadas de los promotores del proyecto y sus acólitos oficiosos, ha comenzado a aclararse el entuerto: La ampliación no producirá 250 mil, ni 100 mil, ni 50 mil, ni siquiera 10 mil nuevos empleos directos. Y de esos, nadie ha explicado a cuántos podrán aspirar los más de 300,000 panameños y panameñas que se debaten en el desempleo y la desesperanza.
A la par que se prometían empleos sin cuenta, también se abanicaban las ilusiones de miles de pequeños y micro empresarios, a quienes se les ha estado haciendo creer que para ellos habrá un sinnúmero de oportunidades en la forma de subcontratos derivados de los contratos mayores. Al igual que en el caso de las promesas sobre los empleos directos, nadie ha visto ni sabe, porque nunca se ha hecho público, como es que nuestros pequeños y micro empresarios tendrán cabida en la "portentosa obra".
Recientemente, un diario de gran circulación en una columna editorial aconsejaba que no debíamos mirar al proyecto de ampliación como la única vía para avanzar en nuestro desarrollo como nación, y añadía que debemos consolidar otras actividades como el turismo, los centros tecnológicos, el sistema bancario, nuestra producción exportable y otras áreas conexas que, aunque están vinculadas o pueden aprovechar las ventajas de nuestra posición geográfica, no son parte de la operación canalera.
Encuentro sensato el llamado a no mirar al proyecto de la ampliación como si fuera nuestra única tabla de salvación y a la que debemos aferrarnos, porque de lo contrario pereceremos. La disyuntiva: ampliación o miseria, es un chantaje perverso y una mentira insostenible. Lo bueno, es que las multimillonarias campañas de propaganda saturadas de mensajes majaderos e insustanciales, los exabruptos de los defensores oficiales y oficiosos de la ampliación, ante los legítimos cuestionamientos que todavía no reciben una respuesta precisa y creíble, ni la consabida treta, en la que son duchos los herederos de la dictadura, léase "la patria nueva", de inventar conspiraciones antipatrióticas y fabricar chivos expiatorios, no han logrado convencer, como lo demuestran las últimas encuestas. En este momento, sólo un poco más del 50% de los panameños favorece la ampliación. Mientras que el Sí desciende, el No y los indecisos aumentan.
Como en las esferas oficiales y en el círculo de sus oficiosos incondicionales la preocupación aumenta, nuevamente, sin que para nadie sea una sorpresa, decidieron volver a las andadas y ahora recurren a otra consabida jugarreta: Un llamado a la concertación nacional para elaborar un "Plan de Desarrollo", "que nos guíe e ilumine por el resto de nuestra existencia".
En 1998, cuando "la patria nueva" comenzó su campaña electoral para alcanzar el poder, por el que compitió en las elecciones de mayo de 1999, alardeaba de estar preparada, con todas las soluciones en cartera, para conducir al país "por senderos de dicha y bienestar inimaginables". Desde entonces, han transcurrido 96 meses, y desde que "la patria nueva" ganó las elecciones de mayo de 2004, otros 28, de los cuales llevan gobernando 24.
Pero si no fuera porque están confrontados con el peligro real de que se esfumen los grandes negocios que generaría la ampliación, hubieran seguido navegando con la conocida vela.
Las grandes promesas de más empleo, de cero corrupción, y de más seguridad, terminaron en "partos de los montes"; y como pareciera que las prometidas bonanzas de la ampliación comienzan a tomar esa forma, ahora pretenden revertir el aumento del rechazo a la ampliación, comprando tiempo y conciencias con más grandes promesas.
Por lo visto y oído, mientras "la patria nueva" siga en el poder "los montes no dejarán de parir".

101 años de Panamá América

 
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