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Cuando los perseguidos tuvieron oportunidad


No sé si la anécdota es fidedigna, pero es bastante representativa. Quien me la contó una vez le preguntó al general Torrijos cómo se explicaba eso de que algunos compañeros, a quienes hacía poco la Guardia Nacional todavía correteaba, ahora figuraban entre sus cercanos colaboradores. "Fulano estaba preso, Mengano exiliado, Perencejo escondido y ahora son tus asesores, sin que antes ni los hubieras conocido". El General señaló vagamente los archivadores alineados al fondo del despacho y contestó: "Muy fácil, ¿tú ves todo eso? Son los expedientes que los anteriores comandantes nos dejaron, de toda la gente que había que perseguir en Panamá. Cuando necesito un agrónomo, un economista, alguien que sepa hacer una cosa, yo busco ahí y pregunto: ¿dónde está Fulano?, porque tiene las condiciones para nombrarlo en ese puesto".
Lo cierto es que al inicio de los años "70 entre los panameños había por lo menos dos diásporas, acumuladas durante varios lustros: una más chica, de los que se habían ido al extranjero y otra mayor, de los que aquí sobrevivían como disidentes internos. Eso incluyó numerosos profesionales, intelectuales y dirigentes populares, a quienes los gobiernos anteriores a 1968, como también la Junta que los golpistas instauraron en octubre de aquel año, siempre tuvieron a raya. Aunque algunos eran gente muy capacitada, estaban excluidos de ingresar a los círculos gobernantes: cuando más, podían ser empleados públicos, pero sin acceso a la toma de decisiones, no importa quiénes gobernaran. Y cada uno tenía su expediente, que cada comandante actualizaba antes de dejárselo al siguiente.
Cualquiera sabe que la represión política no fue inventada en octubre del "68. Policías y guardias la practicaron infatigablemente desde los tiempos de la Guerra Fría y aún antes, por encargo de diversos gobiernos civiles y hasta de motu propio. Y puesto que las causas de malestar público seguían creciendo y con ellas las protestas sociales, cuando los uniformados no se daban abasto o se quería guardar las apariencias, también había recursos menos formales como los "pie de fuerza" y los "boinas negras". Si algo sabían hacer los guardias panameños antes del "68 era eso, una habilidad permanentemente reactualizada en la Zona del Canal y otras latitudes. En consecuencia, el Golpe de ese año nada bueno le trajo a los excluidos de siempre: la flamante Junta de Gobierno se nutrió de los mismos encopetados a quienes los guardias siempre servido, mientras los excluidos una vez más rechazaron la intromisión de los uniformados en la vida política y cargaron con la dosis represiva mayor.
Cuando el Golpe ocurrió, sus autores carecían de cualquier consenso sobre qué ofrecerle al país. Por ende, hicieron lo que sabían hacer: poner oligarcas en el gobierno y aporrear a los demás panameños, a la vez que librar disputas intestinas por cuotas de poder.
Las cosas no cambiarían sino un par de años más tarde. A medida que el coronel Torrijos sobrevivió a sus colegas más retrógrados y ensanchó sus relaciones con los dirigentes populares y gremiales, se fue perfilando un proyecto nuevo, con un sentido patriótico y social que pronto se esclarecería. De hecho, mientras los demás coroneles generaban un constante rechazo ciudadano, esas relaciones y proyecto dieron lugar a que Omar captase la aceptación de grandes grupos sociales, fuera de los cuarteles, lo que a su vez lo llevó a fortalecerse dentro de los mismos.
Y junto a los nuevos contactos e ideas, vinieron otras novedades: ese peculiar estilo de encontrar colaboradores entre quienes poco antes eran los perseguidos -ya sea apelando a sus respectivos expedientes o no-, y el rápido cese de las actividades represivas. Si 1969 marcó el pináculo de una vieja historia de persecución política, en los 70 se paralizó el uso de ese antiguo medio del poder. En realidad, los años en que Torrijos ejerció el liderazgo real no fueron cuando se entronizó la represión de los disidentes sino, precisamente, cuando ésta se suprimió. Ella no reaparecería sino después de la muerte de Omar.
En vez de eso, lo que caracterizó a esa década fue un generalizado esfuerzo de desarrollo social y de virtuosismo diplomático, que redimió a muchos panameños y logró eliminar la Zona del Canal.

101 años de Panamá América

 
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