Cuando los políticos cumplen
MARIO Solórzano Martínez (1945-1999), guatemalteco que dejó una impronta en nuestra vida nacional. La mediación de Solórzano en conjunto con Ligia Elizondo por el PNUD y el ex presidente de Colombia, Belisario Betancur, permitieron el encuentro Panamá 2000. No sólo facilitaron un acto ritual de encuentro civilizado entre oposición, oficialismo y sociedad civil, sino que permitió dar un salto adelante al poner a prueba la fuerza moral que implica el respeto a lo suscrito.
"En el momento actual, si algún hecho clasifica a la llamada clase política, es el de desconfianza, el del incumplimiento de la palabra empeñada, la falsa promesa. La ciudadanía observa atónita el cambio y la transformación vertiginosa entre el hombre por quien votó y el que asume el poder. No obstante, si algún elemento es consustancial al concepto de gobernabilidad democrática es el de la confianza entre el ciudadano común y la clase dirigente. Por ello, honrar la palabra se convierte en un elemento clave para profundizar la democracia y rescatar la credibilidad de la clase política en su conjunto y de quienes se dedican al arte de gobernar". Aseveración buena hoy como lo fue ayer.
Cuando Omar Torrijos estampó su firma, faltaban veintidós años para la reversión del Canal de Panamá. Acostumbrados a postergar decisiones, no fue sino faltando solamente un lustro para el traspaso de administración, que los panameños nos pusimos de acuerdo respecto al Título Constitucional sobre el Canal. Gracias a la voluntad política y al cumplimiento de la palabra empeñada, hoy decimos con orgullo: el Canal es nuestro.
Han pasado veintiocho años desde la firma del Tratado. Paradójicamente, le corresponde al hijo del "General" asumir el reto político de tomar decisiones respecto al futuro de la Caja de Seguro Social. La diferencia estriba en el tipo de empresa: una rentable y con futuro, la otra quebrada e insegura. La situación política tampoco es la misma: ahora estamos en democracia, lo otro era una dictadura militar.
En 1996, al inicio del diálogo, estaban sentados en la mesa principal: Ernesto Pérez Balladares, Presidente de la República en representación del gobierno; Ramón Morales, por la oposición y Mariela Arce, en representación del conjunto de la sociedad civil; en el medio el ex presidente Betancur y a los lados los representantes del PNUD. El tema de la gobernabilidad y de la visión del Panamá de 2020 requería la presencia del Presidente de la República. Mariela Arce dijo aquel día: "El poder que corrompe es el poder excluyente, el que edifica es el poder incluyente que es un poder democrático.. Señor Presidente Constitucional de la República, la sociedad civil no quiere ser espectadora de los acontecimientos nacionales sino participar día a día, activamente en la solución de los desafíos que se nos presentan". Tan solo han cambiado las circunstancias
Ramón Morales fue aún más directo al recomendarle al Presidente: ".. el Gobierno y el Partido Revolucionario Democrático (PRD) tendrán que borrar, con su actuación aquí, el escepticismo que respecto a ellos existe en amplios sectores ciudadanos".
El Gobierno se hacía presente al más alto nivel. La presencia del Presidente no dejaba lugar a dudas en cuanto a la importancia y trascendencia que el oficialismo le asignaba al evento. Relata Solórzano Martínez que el presidente Pérez Balladares anunció con voz segura: "He instruido a la Comisión de Transición del Canal para que al finalizar el Encuentro Panamá 2000 les entregue a los partidos políticos y a los representantes de la sociedad civil el anteproyecto de ley que crea la Autoridad del Canal de Panamá.. No quiero dejar lugar a dudas: A la ley que va regir la operación del Canal debe dársele la mayor divulgación posible par que todos los que deseen aportar a su enriquecimiento puedan hacerlo sin cortapisas ni apremios".
Como resultado de un diálogo amplio, los panameños nos pusimos de acuerdo. La tensión dio paso a un sentimiento de emoción colectiva, en el que se mezclaba la satisfacción por el encuentro sostenido entre líderes contrastados ideológica y políticamente y el saber que había un sentido de Patria por encima de sus diferencias.
Mario Solórzano Martínez falleció en 1999 poco antes que iniciáramos el diálogo nacional para la creación de la ley que dio lugar al Patronato del Hospital Santo Tomás. Mario no estuvo presente, más sí sus enseñanzas en cómo conducir un diálogo para lograr un objetivo común. Y lo hicimos en noventa días. Bien decía Ligia Elizondo: "el proceso de diálogo nos ha demostrado como hacer gobernabilidad. Porque una cosa es lo teórico-académico y otra es emprender el camino hacia esa gobernabilidad".
Para actuar con sentido común, ejemplos sobran.. lo que falta es voluntad.
(teranjm@sinfo.net)
"En el momento actual, si algún hecho clasifica a la llamada clase política, es el de desconfianza, el del incumplimiento de la palabra empeñada, la falsa promesa. La ciudadanía observa atónita el cambio y la transformación vertiginosa entre el hombre por quien votó y el que asume el poder. No obstante, si algún elemento es consustancial al concepto de gobernabilidad democrática es el de la confianza entre el ciudadano común y la clase dirigente. Por ello, honrar la palabra se convierte en un elemento clave para profundizar la democracia y rescatar la credibilidad de la clase política en su conjunto y de quienes se dedican al arte de gobernar". Aseveración buena hoy como lo fue ayer.
Cuando Omar Torrijos estampó su firma, faltaban veintidós años para la reversión del Canal de Panamá. Acostumbrados a postergar decisiones, no fue sino faltando solamente un lustro para el traspaso de administración, que los panameños nos pusimos de acuerdo respecto al Título Constitucional sobre el Canal. Gracias a la voluntad política y al cumplimiento de la palabra empeñada, hoy decimos con orgullo: el Canal es nuestro.
Han pasado veintiocho años desde la firma del Tratado. Paradójicamente, le corresponde al hijo del "General" asumir el reto político de tomar decisiones respecto al futuro de la Caja de Seguro Social. La diferencia estriba en el tipo de empresa: una rentable y con futuro, la otra quebrada e insegura. La situación política tampoco es la misma: ahora estamos en democracia, lo otro era una dictadura militar.
En 1996, al inicio del diálogo, estaban sentados en la mesa principal: Ernesto Pérez Balladares, Presidente de la República en representación del gobierno; Ramón Morales, por la oposición y Mariela Arce, en representación del conjunto de la sociedad civil; en el medio el ex presidente Betancur y a los lados los representantes del PNUD. El tema de la gobernabilidad y de la visión del Panamá de 2020 requería la presencia del Presidente de la República. Mariela Arce dijo aquel día: "El poder que corrompe es el poder excluyente, el que edifica es el poder incluyente que es un poder democrático.. Señor Presidente Constitucional de la República, la sociedad civil no quiere ser espectadora de los acontecimientos nacionales sino participar día a día, activamente en la solución de los desafíos que se nos presentan". Tan solo han cambiado las circunstancias
Ramón Morales fue aún más directo al recomendarle al Presidente: ".. el Gobierno y el Partido Revolucionario Democrático (PRD) tendrán que borrar, con su actuación aquí, el escepticismo que respecto a ellos existe en amplios sectores ciudadanos".
El Gobierno se hacía presente al más alto nivel. La presencia del Presidente no dejaba lugar a dudas en cuanto a la importancia y trascendencia que el oficialismo le asignaba al evento. Relata Solórzano Martínez que el presidente Pérez Balladares anunció con voz segura: "He instruido a la Comisión de Transición del Canal para que al finalizar el Encuentro Panamá 2000 les entregue a los partidos políticos y a los representantes de la sociedad civil el anteproyecto de ley que crea la Autoridad del Canal de Panamá.. No quiero dejar lugar a dudas: A la ley que va regir la operación del Canal debe dársele la mayor divulgación posible par que todos los que deseen aportar a su enriquecimiento puedan hacerlo sin cortapisas ni apremios".
Como resultado de un diálogo amplio, los panameños nos pusimos de acuerdo. La tensión dio paso a un sentimiento de emoción colectiva, en el que se mezclaba la satisfacción por el encuentro sostenido entre líderes contrastados ideológica y políticamente y el saber que había un sentido de Patria por encima de sus diferencias.
Mario Solórzano Martínez falleció en 1999 poco antes que iniciáramos el diálogo nacional para la creación de la ley que dio lugar al Patronato del Hospital Santo Tomás. Mario no estuvo presente, más sí sus enseñanzas en cómo conducir un diálogo para lograr un objetivo común. Y lo hicimos en noventa días. Bien decía Ligia Elizondo: "el proceso de diálogo nos ha demostrado como hacer gobernabilidad. Porque una cosa es lo teórico-académico y otra es emprender el camino hacia esa gobernabilidad".
Para actuar con sentido común, ejemplos sobran.. lo que falta es voluntad.
(teranjm@sinfo.net)