Cuando no pudimos ir a Cuba…
DESDE 1995 Teresita y yo hemos ido por los menos unas cinco veces a Cuba. Nuestra objetivo principal ha sido preocuparnos por una tía de Tere que ronda los 90 años e insiste en vivir sola, aunque está ciega. Evidentemente depende de gente de buena voluntad para su alimentación y otras necesidades vitales. Por ser los parientes con más facilidad para ir a verla, asumimos la responsabilidad de hacerlo cada cierto tiempo y de supervisar los arreglos de toda especie que ha sido necesario hacer para atenderla.
En el curso de estos viajes reanudamos la amistad con viejos conocidos de Teresita, y establecimos círculos de nuevos conocidos y amigos entre el clero y dirigentes laicos de la Iglesia católica, varios funcionarios del gobierno y diplomáticos, algunos disidentes cubanos, pintores, artistas y gente de muy diversa índole. Visitamos Camagüey, Santiago de Cuba, el Santuario de la Caridad del Cobre, Cienfuegos, Trinidad, Pinar del Río y los mogotes del maravilloso valle de Viñales.
Apreciamos a más no poder tanto la belleza de Cuba como el talante vivaz y creativo de su gente, aunque las condiciones políticas y económica de sus circunstancias de vida, en parte debido a las rigideces de su propio régimen y en parte debido a la confrontación entre los gobiernos de los Estados Unidos y el de Cuba, son harto difíciles.
Durante estos años en varias oportunidades al retornar a Panamá escribí artículos de periódico sobre lo que había observado y mis opiniones al respecto. Traté de ser objetivo y ecuánime en el mutuo respeto. Pero nunca me hice pasar por un partidario del régimen y así como reconocí sus valores, también destaqué sus limitaciones y fallas.
Creo que por el esfuerzo de ser claros en nuestra posición y al mismo tiempo por buscar la equidad en el juicio, varios obispos nos invitaron a encuentros y me pidieron dictar conferencias sobre diversos temas, talescomo "La Globalización y la Ética Cristiana!", "La Fe Cristiana y su Proyección Social" y "Democracia: Formación cívica y Participación ciudadana".
Los tres textos fueron publicados en revistas eclesiales dentro de Cuba, y fueron publicados en periódicos y revistas laicos fuera de Cuba. Además, todo lo que publiqué sobre Cuba en Panamá se lo envié a las autoridades de la Embajada y a funcionarios del gobierno de Cuba y del Partido Comunista de Cuba. Actuamos con transparencia, a la luz del día y conversamos francamente con ellos sobre nuestras actividades y nuestras opiniones diferentes.
Solo tuvimos en este tiempo una seria dificultad. Cada vez que íbamos a Cuba insistían en que Teresita fuera con un documento cubano, pues argumentaban que habiendo nacido en Cuba ella seguía siendo cubana. Para Teresita ello era inadmisible y cuando fue Legisladora logró que con resistencias aceptaran su punto de vista. Ella era Legisladora panameña y bajo ningún pretexto aceptaba viajar con documento extranjero. Pero aparte de esa dificultad nos trataron con cortesía y pudimos movernos en Cuba sin obstáculo.
Por ello es tanto más sorprendente lo que acaba de pasar. Hace unos días cuando Teresita llamó al consulado para cerciorarse que ellos sabían que ella viajaría sólo con documento panameño, le dijeron que necesitaba una autorización especial cubana, usando el mismo argumento de antaño. Con toda razón consideró que se le faltaba el respeto a ella, al gobierno panameño del que forma parte y a Panamá, como si la nacionalización panameña no valiera. Entonces le preguntaron a que iba yo, y contestó: "asiste a presentar un libro". En efecto, la revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río recogió casi todo lo que había escrito sobre Cuba en estos últimos años, sobre todo las tres conferencias que dicté" y lo publicó en forma de libro de ensayos bajo el título Cuba: hoy y mañana.
Me invitaron a que lo presentara en un acto dentro de un edificio que pertenece a la Iglesia. También le dijeron que con visa de turista yo no podía asistir a la presentación.
Cuando Teresita me relató lo ocurrido. Me fui enseguida al consulado cubano, esperé media hora y el Cónsul me recibió. En tono cortés me repitió lo que había dicho a Teresita, que ella necesita una autorización especial por haber nacido cubana y ser considerada cubana, y que yo con visa de turista no podía presentar un libro. Todo lo que le dije para hacerlo recapacitar, fue inútil. Pero al día siguiente empeoró las cosas cuando me llamó para avisarme que en esta oportunidad no me darían una visa de turista. Las presuntas razones eran, según le entendí, que la Iglesia no había pedido permiso para celebrar el acto dentro del cual se presentaba el libro y que habían empapelado la ciudad con anuncios de dicha presentación.
Sin embargo, pude confirmar con el Obispado de Pinar del Río, y se lo comuniqué al consulado , que la Iglesia no pide permiso para los actos que celebra dentro de sus edificios y que los anuncios se habían colocado sólo en los muros de dentro y de fuera de los edificios de la Iglesia como era la costumbre para anunciar actos similares.
Como le dije al Cónsul, todo este comportamiento me deja un sabor muy amargo porque no han mantenido el mutuo respeto que habíamos establecido en nuestra relación a pesar de nuestras diferencias políticas. Además, considero que no es un comportamiento amical para con Panamá.
Por nuestra parte sólo podemos establecer relaciones de civilidad o amistad con personas u organizaciones en la adhesión estricta al respeto que ambas partes se merecen como seres o entes humanos.
(ariyan@sinfo.net)
En el curso de estos viajes reanudamos la amistad con viejos conocidos de Teresita, y establecimos círculos de nuevos conocidos y amigos entre el clero y dirigentes laicos de la Iglesia católica, varios funcionarios del gobierno y diplomáticos, algunos disidentes cubanos, pintores, artistas y gente de muy diversa índole. Visitamos Camagüey, Santiago de Cuba, el Santuario de la Caridad del Cobre, Cienfuegos, Trinidad, Pinar del Río y los mogotes del maravilloso valle de Viñales.
Apreciamos a más no poder tanto la belleza de Cuba como el talante vivaz y creativo de su gente, aunque las condiciones políticas y económica de sus circunstancias de vida, en parte debido a las rigideces de su propio régimen y en parte debido a la confrontación entre los gobiernos de los Estados Unidos y el de Cuba, son harto difíciles.
Durante estos años en varias oportunidades al retornar a Panamá escribí artículos de periódico sobre lo que había observado y mis opiniones al respecto. Traté de ser objetivo y ecuánime en el mutuo respeto. Pero nunca me hice pasar por un partidario del régimen y así como reconocí sus valores, también destaqué sus limitaciones y fallas.
Creo que por el esfuerzo de ser claros en nuestra posición y al mismo tiempo por buscar la equidad en el juicio, varios obispos nos invitaron a encuentros y me pidieron dictar conferencias sobre diversos temas, talescomo "La Globalización y la Ética Cristiana!", "La Fe Cristiana y su Proyección Social" y "Democracia: Formación cívica y Participación ciudadana".
Los tres textos fueron publicados en revistas eclesiales dentro de Cuba, y fueron publicados en periódicos y revistas laicos fuera de Cuba. Además, todo lo que publiqué sobre Cuba en Panamá se lo envié a las autoridades de la Embajada y a funcionarios del gobierno de Cuba y del Partido Comunista de Cuba. Actuamos con transparencia, a la luz del día y conversamos francamente con ellos sobre nuestras actividades y nuestras opiniones diferentes.
Solo tuvimos en este tiempo una seria dificultad. Cada vez que íbamos a Cuba insistían en que Teresita fuera con un documento cubano, pues argumentaban que habiendo nacido en Cuba ella seguía siendo cubana. Para Teresita ello era inadmisible y cuando fue Legisladora logró que con resistencias aceptaran su punto de vista. Ella era Legisladora panameña y bajo ningún pretexto aceptaba viajar con documento extranjero. Pero aparte de esa dificultad nos trataron con cortesía y pudimos movernos en Cuba sin obstáculo.
Por ello es tanto más sorprendente lo que acaba de pasar. Hace unos días cuando Teresita llamó al consulado para cerciorarse que ellos sabían que ella viajaría sólo con documento panameño, le dijeron que necesitaba una autorización especial cubana, usando el mismo argumento de antaño. Con toda razón consideró que se le faltaba el respeto a ella, al gobierno panameño del que forma parte y a Panamá, como si la nacionalización panameña no valiera. Entonces le preguntaron a que iba yo, y contestó: "asiste a presentar un libro". En efecto, la revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río recogió casi todo lo que había escrito sobre Cuba en estos últimos años, sobre todo las tres conferencias que dicté" y lo publicó en forma de libro de ensayos bajo el título Cuba: hoy y mañana.
Me invitaron a que lo presentara en un acto dentro de un edificio que pertenece a la Iglesia. También le dijeron que con visa de turista yo no podía asistir a la presentación.
Cuando Teresita me relató lo ocurrido. Me fui enseguida al consulado cubano, esperé media hora y el Cónsul me recibió. En tono cortés me repitió lo que había dicho a Teresita, que ella necesita una autorización especial por haber nacido cubana y ser considerada cubana, y que yo con visa de turista no podía presentar un libro. Todo lo que le dije para hacerlo recapacitar, fue inútil. Pero al día siguiente empeoró las cosas cuando me llamó para avisarme que en esta oportunidad no me darían una visa de turista. Las presuntas razones eran, según le entendí, que la Iglesia no había pedido permiso para celebrar el acto dentro del cual se presentaba el libro y que habían empapelado la ciudad con anuncios de dicha presentación.
Sin embargo, pude confirmar con el Obispado de Pinar del Río, y se lo comuniqué al consulado , que la Iglesia no pide permiso para los actos que celebra dentro de sus edificios y que los anuncios se habían colocado sólo en los muros de dentro y de fuera de los edificios de la Iglesia como era la costumbre para anunciar actos similares.
Como le dije al Cónsul, todo este comportamiento me deja un sabor muy amargo porque no han mantenido el mutuo respeto que habíamos establecido en nuestra relación a pesar de nuestras diferencias políticas. Además, considero que no es un comportamiento amical para con Panamá.
Por nuestra parte sólo podemos establecer relaciones de civilidad o amistad con personas u organizaciones en la adhesión estricta al respeto que ambas partes se merecen como seres o entes humanos.
(ariyan@sinfo.net)