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Cuando nuestro senedrín se viste de blanco


Con 71 sacos blancos, en curules de lujo, ya se nos ha hecho costumbre ver cada 1 de septiembre en nuestra Asamblea Legislativa. El país se detiene momentáneamente para escuchar lo que por un año será la programación de un "rgano de Estado, que como dirían en Monagrillo, con su vieja iglesia "ya estorba", pues la misma Asamblea no ayuda a resolver los problemas del país, muy por el contrario, forma parte de ellos.
Sin esperanza, ciento de miles de panameños observan como un grupo selecto goza y vive cuales monarcas, dentro de una nación sumida en la mas cruel de la pobreza. Con salarios jugosísimo y muchas prebendas individuales y familiares, el discurso siempre es el mismo; donde la demagogia es abundante y lo dicho debe ser entendido al revez por todos los panameños.
Es obvio, que en ellos ya todos hemos perdido la esperanza, pues muy por encima del pueblo que los eligió valoran a sus colectivos políticos para los cuales su deber es supremo. Los partidos políticos son su único compromiso y la Asamblea se ha vuelto una agencia de apuestas por lucrar a diario. No hay valores ni éticos ni morales.
Elaborar leyes que benefician al país se ha convertido en el último de sus compromisos, cuando debe ser el principal. Las necesidades del país aquí no cuentan. El clamor popular no se escucha. Solo prevalece el fortalecerse ellos mismos económicamente, siempre pendientes de ver a qué se le puede sacar ventaja o practicar el conocido "juega vivo".
Cuanto nos cuesta a todos sus honorarios, una fortuna y lo peor, es que el producto de esta inversión es escaso o mejor dicho nulo para el país.
Allí se ven reclinaditos en su curul cómoda, blanquísimos cuales querubines bajados del cielo, listos para recibir del Altísimo la aureola sobre su cabeza, pero los panameños ya hemos aprendido que los lobos mudan de piel, pero no cambian de costumbres y ya los 1 de septiembre no nos engañan.

101 años de Panamá América

 
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