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"Cuando rajes los tamangos..."


Siempre pensé que Enrique Santos Discépolo, genial como ninguno, captó el alma bonaerense con extraordinaria exactitud. Los versos que encabezan el presente artículo, extraídos del tango Yira Yira, son la viva imagen de la pobreza y la desesperación, pero de una pobreza individual, solitaria, que a fuerza de bronca y perseverancia pretende revertir, si se puede, la situación personal. Lo ocurrido en la Argentina en los últimos días no produjo, literalmente, la ruptura de los zapatos (los tamangos que dice el tango) sino de algo mucho más importante: el orden social. Pocas veces tenemos el privilegio de ver desplomarse, como castillo de naipes, un orden político por la fuerza de una rebelión popular, espontánea, liberadora, impulsada por el propio instinto de sobrevivencia. A de la Rúa no lo tira ni una conspiración, ni un golpe militar, ni un acuerdo ínter burgués. Son los centenares de miles de argentinos que, desafiando el poder, ganan las calles del país demostrando, sin saberlo quizás, su propio poderEs una acumulación de bronca social y desafío, de pérdida del miedo para jugarse la vida en las calles, lo que produce en un breve lapso, un fenómeno clásico como lo es una protesta social generalizada, simultánea, sin vuelta atrás.
Quizás la primera lección de los acontecimientos argentinos sea la comprobación de que, bajo ciertas circunstancias, las masas pierden el miedo a la represión policiaca y cuando ganan las calles, levantan barricadas e inmovilizan al poder. No sirven, llegado a este punto, ni las medidas sociales de última hora ni las maniobras políticas de cúpula. Los dueños del comercio en la Argentina intentaron salvar la crisis regalando bolsas de comida a los pobres, construyendo un plan de emergencia social, pidiendo el sacrificio del ministro Domingo Cavallo, para salvar al gobierno y al poder. La cúpula política de los dos partidos políticos mayoritarios, en otra maniobra, exigió la dimisión del Ministro de Economía y de todo el Gabinete, para salvar al presidente. Pero lo que sirve en momentos de normalidad no sirve en situaciones de crisis. Las masas en la calle son una molestia para el orden político.
La segunda lección posible es la constatación de la parálisis del poder. Se podría formular de la siguiente manera. A un determinado nivel de rebelión de las masas, el poder formal se paraliza, no acierta en su respuesta política y tiende a transformarse en un espectro de poder. Las imágenes de un Fernando de la Rúa en la soledad de su despacho, rodeado de sus íntimos y familiares con los que realmente gobernó, da una visión patética de sus últimos días en la Casa Rosada Quizás lo más gráfico de su soledad lo exprese las órdenes y contra órdenes de los últimos minutos, incluido la apelación a la fuerza del estado de excepción y la escapada desde el techo de la casa presidencial, como lo hizo, en otras circunstancias, el General Lanusse, María Estela de Perón y el propio Raúl Alfonsín.
La tercera lección se refiere a la duración y resultado, para las masas, de una situación explosiva como la ocurrida. Para las centrales obreras y los partidos de la izquierda, sorprendidos por la magnitud de los acontecimientos, lo ocurrido no deja de ser aleccionador. Su debilidad actual y aún su propia historia los ha puesto frente a acontecimientos que no puede dirigir y menos controlar. Puede aspirar, no parece haber dudas, a construirse durante el período y avanzar electoralmente en las próximas elecciones. Puede levantar alternativas unitarias y puede avanzar en la construcción de un proyecto alternativo. Pero sería suicida jugar al parlamentarismo dejando de lado las movilizaciones de masas y la lucha en las calles. Porque lo que ha demostrado la Argentina plebeya es que no habrá democracia sin movilización de los siempre excluidos y explotados.
Una cuarta lección, dramática y dolorosa por el costo en vidas, es que una nación movilizada puede derrotar los planes económicos impuestos desde las agencias financieras internacionales, planes que empobrecen a las mayorías, que enriquecen a los menos (lícita o ilícitamente) de afuera y de adentro y que son traducidos por verdaderos "chantas" que juegan a la economía sin importarles los entornos deshumanizados que producen la imposición de sus modelos. No hubo diferencia entre Menem y de la Rúa, como no hubo diferencia entre la Unión Cívica Radical y el Justicialismo, los dos partidos políticos mayoritarios de la Argentina. No se deben extrapolar los fenómenos más allá de lo posible, pero ¿qué diferencia la política económica del gobierno Pérez Balladares de la política económica del gobierno Moscoso Rodríguez?. ¿Dónde están, quienes son y que proponen nuestros criollos Domingo Cavallo". Este no es el primer derrumbe de un gobierno que privatiza, empobrece y juega con la vida de millones de latinoamericanos. Cayó Raúl Cubas en el Paraguay, Alberto Fujimori en el Perú, Jamil Mahuad en el Ecuador, de la Rúa ahora en la Argentina y por causas no tan diferentes, Collor de Melo en el Brasil y ese paradigma de demagogo a la vieja usanza que es Carlos Andrés Pérez en Venezuela. Alguien señaló que América Latina pareciera tierra propicia para presidentes transitorios.
Finalmente, pareciera existir el convencimiento que el continente está pariendo cleptocracias y no democracias. El tema da para mucho y sólo tendríamos que tener acceso a las declaraciones de Rentas de todos los políticos de los últimos 20 años y comparar sus ingresos con el boato de su forma de vida actual. Ello daría una aproximación de ingresos, algunos no declarados, que constituyen fórmulas para defraudar el fisco. En Argentina tenemos dos ejemplos de lo que estamos señalando. Los centros de investigación de la derecha y de la izquierda política norteamericana han reconocido que Argentina es un ejemplo de cleptocracia y aún sabiéndolo, el Fondo Monetario seguía prestando dinero. La deuda externa antes del inicio del gobierno de Menem era de 16 mil millones de dólares. Hoy es de cerca de 135 mil millones, ocho veces más. Alguien dirá que es imputable a la democracia y nosotros decimos que es imputable a la inveterada cleptocracia del continente. Tanto es así que la primera instrucción del Presidente Rodríguez Saá es, textualmente, "nadie está autorizado a robar". Con razón algunos han señalado que el problema argentino se resuelve si todos "dejan de robar por dos días". Tampoco debemos olvidar que el Vicepresidente Carlos Alvarez renunció cuando denunció la corrupción y el robo y nadie le hizo caso.
Para terminar con otro tango de Enrique Santos Discépolo, pareciera que la clase política argentina ha hecho suya los versos de Cambalache: "el que no afana es un gil" que, en lunfardo significa, el que no roba es un tonto. Como para decir con palabras de Marx: Panamá, "de te fábula narrartur".

101 años de Panamá América

 
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