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¿Cuándo se nos complicó el país?


Por una feliz iniciativa de mi amigo Carlos Valencia, el martes por la noche nos reunimos unos 30 dirigentes de la Cruzada Civilista para dar inicio a varios proyectos, entre ellos la publicación de un libro que recoja testimonios e historias de ese histórico movimiento nacional por rescatar la democracia, la justicia y la libertad para Panamá.

Igualmente, nos rindieron a Sandra Escorsia y a mi persona un testimonio de amistad y apoyo en nuestras gestiones en este gobierno, ambos en cargos complejos. Aproveché mi intervención ante los amigos Cruzados para referirme un poco a la situación del país en materia de criminalidad, corrupción y delito, habida cuenta el cúmulo de información que he podido asimilar en estos veintitantos días de gestión. Inicié preguntando, ¿dónde se nos perdió el país?

Aunque el título de hoy es otro, viene de esa pregunta. Pude reflexionar con ellos los objetivos e ideales de aquella gran lucha y cuánto ha pasado desde entonces que nos tiene a un país, por un lado con un inmenso futuro promisorio y lleno de grandes retos, y por el otro uno lleno de problemas, delincuencia, corrupción generalizada y penetrado grandemente por el crimen internacional. Duele mucho decirlo, como dije esa noche, pero el problema es muy grave y profundo y no es sólo del gobierno sino de una sociedad que, salvo las excepciones de toda regla, es altamente corrupta. Independientemente de la clase social, hay corrupción en todas las capas sociales y una cultura de juega vivo que ha hecho colapsar esperanzas y sistemas y que ahora que los tiros -literalmente hablando- nos pegan cerca, como que nos preocupamos algo.

Reflexioné y dejé sembrada una pregunta: ¿cuánto le ha costado al país la abstención de muchos panameños decentes y capaces de participar e interesarse por el rumbo de la Nación? Pasada la era militar, iniciamos un proceso de olvido del país como tal. La clase política hizo, y para nada bien, su trabajo y el resto del país se dedicó, el que pudo, a hacer dinero y el resto a ver cómo sobrevivía o lograba un empleo digno. Pero el rumbo de la Nación, como me ha tocado oírlo y con tristeza, era, y aún sigue siendo para muchos, de los “pendejos” que por años venimos haciendo algo por éste o que nos hemos comprometido en la vida pública a brindar tiempo a cargos gubernamentales, en esta nueva etapa, para luchar por ese impostergable cambio. Para la gran mayoría el problema aún es ajeno.

Al final, les dije, o nos incorporamos todos en otra cruzada para reforzar la institucionalidad, sanear de corrupción al país y mirar más de cerca su rumbo, o pronto tendremos situaciones de mayor ingobernabilidad. Sencillo, pero preocupante. Entendamos bien, no sólo es tarea del gobierno. Este sólo lidera la lucha, pero la sociedad debe responder y comprometerse. Rescatemos el tiempo perdido y la indolencia ciudadana.

101 años de Panamá América

 
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