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¡Cuándo viene lo bueno!


Estuve fuera del país quince días. Al regresar me ha tomado unos seis días disponerme a reanudar mis escritos. Me sentí entumecido después del viaje, ´jet lag´ y cansancio, me imagino, pero al llegar el entumecimiento físico se tornó en espiritual.
Es increíble el ambiente de escepticismo, pesimismo y negativismo que vivimos en Panamá. No sin razón, por supuesto.
Antes de viajar me sentía frustrado porque el CEMIS, el afuzazo y el nombramiento medio raro de dos nuevos magistrados, parecen destinados a flotar en el aire, sin que a nadie le importe su esclarecimiento. El contrato del CEMIS, supremamente leonino, fue enviado por el Ejecutivo al Legislativo. Ninguno de estos órganos es visto como ejemplar. No obstante, el Legislativo modificó y mejoró significativamente la versión original. Pero luego, la denuncia de Afú llevó a la percepción de que hubo coimas. Hay poca esperanza de que las investigaciones del caso avancen.
Ahora se ventila el caso de Panama Ports que, indefectiblemente, llevará a la percepción de otro tipo de ´cemizazo´. Por otra parte, las investigaciones referentes a la ratificación de los dos nuevos magistrados, que también parece que dormirán el sueño de los justos, son reavivadas por un viaje presidencial a España en el que se criticó lo faraónico de la comitiva. Los dos nuevos magistrados ratificados viajaron con la presidenta. Uno afirmó ser compadre de ella. Lo que parece llevar a la percepción de que el compadrazgo es cuasinepotismo.
El mentado viaje presidencial ha llevado a un clamor porque se publique la lista de los miembros del séquito faraónico. Todo indica que este clamor recibirá la misma respuesta que las añejas, pero inolvidadas exigencias porque se divulguen detalles de los fondos secretos, perdón, las partidas discrecionales presidenciales.
También durante mi ausencia surgieron problemas con un arroz no-potable que fue rápidamente mezclado y vendido para asombro de los que denunciaron su impotabilidad. Ni hablar de la descontaminación de la bahía. Mucho menos de los langostinos que allí se pescan y luego venden en la mejor forma capitalista. Ahí lo dejo.
Para señalar algo diferente, me refiero al horrible asesinato de Monseñor Altafulla. Mi sincero pésame a sus deudos, particularmente a sus dos hermanos, Julio y Marciacq, a quienes aprendí a apreciar desde nuestros días lasallistas. No voy a participar en la deleznable ventilación del caso en los medios de información. Deseo enfatizar que las noticias de este caso deberían llevarnos a aceptar y lamentar que los panameños discriminamos entre razas y entre religiones. Suma vergüenza deberíamos sentir. Yo por lo menos fui muy activo en la lucha nacional contra la discriminación de los panameños, cualquiera que fuera su ascendencia, en la antigua Zona del Canal. Y ahora nosotros estamos peor.
En fin, al regresar de mi viaje no me he sentido muy dispuesto a reanudar mis escritos porque todo parece ser tan negativo. Reitero, se respira un aire de escepticismo, de pesimismo y de negativismo. Siempre es sumamente incómodo escribir sobre tantas cosas malas. He enumerado sólo unos pocos males que se están sucediendo. La única esperanza que uno puede espetar es que "no hay mal que por bien no venga". A pesar de nuestro entumecimiento espiritual rogamos al Dios de los panameños que nos ilumine para que ocurran los cosas buenas que deberán venir después de tantos males.
Me ha resultado muy difícil sobreponerme al entumecimiento físico y espiritual que siento. Mas no pienso claudicar. Cierro repitiendo lo que ya he señalado: ni con los perredistas, ni con los arnulfistas, ni con nuestros políticos en general -harto conocidos- con Panamá, que es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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