Cuaresma (2)
La estructura litúrgica de la Cuaresma ha adquirido a lo largo de la tradición las preceptivas bautismales, penitenciales que le han ido configurando. La tradición bautismal de la cuaresma: durante este período, los catecúmenos, que ya se encontraban maduros para recibir el bautismo, se preparaban para acercarse al sacramento de la regeneración.
Es el tiempo en el que la comunidad cristiana da los últimos toques a los que han creído en el Evangelio. Para ello los creyentes han de desplegar ante los bautizados todo lo que la Iglesia es como sacramento de la salvación ofrecida por Dios al mundo.
De esta manera la comunidad se ve obligada a depurar su santidad, a fin de que los bautizados perciban con más claridad la vocación a la que son llamados y la regeneración que se les ofrece.
Durante este tiempo cuaresmal la comunidad hace revisión de sus opciones bautismales, a la vez que va anunciando a los catecúmenos la vida que les ofrece la fe, como un agua que nunca se agota (JN6), como una iluminación (Jn.11).
Temas como el amor, la alianza, la fe, la nueva ley, van transcurriendo profusamente a lo largo de los formularios de la tercera, cuarta y quinta semanas.
Este tiempo es ocasión para la revisión de una Iglesia que se debe también reconocer pecadora.
Es un momento oportuno para que la comunidad caiga en la cuenta de que no debe cejar nunca en el esfuerzo de la penitencia, esa penitencia común que debe realizar todo hombre, pues el pecado no desaparece del todo en nuestra vida.
La superación total del pecado es un don de los últimos tiempos. La comunidad tiene que tomar conciencia de su pecado y reemprender una actitud penitencial que nunca debió interrumpir.
Es el tiempo en el que la comunidad cristiana da los últimos toques a los que han creído en el Evangelio. Para ello los creyentes han de desplegar ante los bautizados todo lo que la Iglesia es como sacramento de la salvación ofrecida por Dios al mundo.
De esta manera la comunidad se ve obligada a depurar su santidad, a fin de que los bautizados perciban con más claridad la vocación a la que son llamados y la regeneración que se les ofrece.
Durante este tiempo cuaresmal la comunidad hace revisión de sus opciones bautismales, a la vez que va anunciando a los catecúmenos la vida que les ofrece la fe, como un agua que nunca se agota (JN6), como una iluminación (Jn.11).
Temas como el amor, la alianza, la fe, la nueva ley, van transcurriendo profusamente a lo largo de los formularios de la tercera, cuarta y quinta semanas.
Este tiempo es ocasión para la revisión de una Iglesia que se debe también reconocer pecadora.
Es un momento oportuno para que la comunidad caiga en la cuenta de que no debe cejar nunca en el esfuerzo de la penitencia, esa penitencia común que debe realizar todo hombre, pues el pecado no desaparece del todo en nuestra vida.
La superación total del pecado es un don de los últimos tiempos. La comunidad tiene que tomar conciencia de su pecado y reemprender una actitud penitencial que nunca debió interrumpir.