Cuatro años de gobierno
Voceros gubernamentales han reconocido que el gran déficit de la actual administración se concentra en educación, salud, transporte público y seguridad. Dicho así, lo anterior no es más que una conveniente lista de supermercado que es más audaz por lo que esconde que por lo que revela, pues las verdaderas deficiencias del actual periodo de gobierno quedan así a resguardo de toda exposición pública. Al indagar lo que estos temas tienen en común, descubrimos que ni la educación, ni la salud, ni el transporte público, ni la seguridad, pueden mejorarse sin participación de la sociedad.
La participación de los ciudadanos, a su vez, supone una rendición de cuentas metódica y un alto grado de transparencia en la gestión. De lo contrario, estos servicios se prestarán a fraude o corrupción, que es quizás la palabra que mejor resume los fracasos visibles que se le pueden reprochar al actual gobierno. Parece que ha prevalecido el criterio de que la lucha contra la corrupción crea un mal ambiente para las inversiones, con lo que desaparece la distinción entre negocio -actividad legítima- y negociado -actividad criminal-. La generalizada percepción de corrupción que registran las encuestas no es por hechos aislados, sino por la reiterada incapacidad del gobierno de convocar a los distintos sectores sociales para dialogar con franqueza sobre los problemas que nos ocupan a todos. Después vienen, como si nada hubiera pasado, a pedirnos el voto.