Cuatro millones y 400 mil balboas, después
ESAS SON LAS sumas gastadas en las dos farsas: El carnaval del sancochódromo y de las contrataciones de favoritos a precios desorbitados, y el circo parlamentario de las sesiones extraordinarias convocadas para zamparnos, en otro madrugonazo con la marca de fábrica de "la patria nueva", las reformas penales.
El sainete de las sesiones extraordinarias fue un montaje conjunto del Organo Ejecutivo y de su obsecuente bancada (aplanadora) legislativa, en el que, nuevamente, un sinnúmero de bien intencionados panameños, con la mayor buena fe, fueron a la "augusta cámara" para "tratar de ilustrar" con sus aportes a mentes a las que de antemano les habían cerrado la cremallera de acceso al entendimiento. Como ha ocurrido, una y otra vez, les permitieron exponer, hicieron ver que les escucharon y, después, hicieron lo que les vino en ganas. Espero que de esa hayan salido escarmentados. Si el adefesio no fue alumbrado, fue debido a que la presión pública, especialmente la montada por los medios de comunicación, abortó el engendro.
Las sesiones extraordinarias convocadas irresponsablemente por el Organo Ejecutivo nos costaron, por lo bajo, más de 400 mil balboas, pues a las dietas pagadas a "los señores diputados" hay que agregar todos los otros que causa el funcionamiento del engranaje legislativo.
Al final de su desenfrenada carrera, cuando "los honorables oficialistas" se vieron forzados a recular, el fracaso fue patente; el proyecto, para todos los efectos prácticos, volverá al punto cero; pero todas dietas fueron pagadas y todos los costos cubiertos. Por decoro, los diputados debieran devolver hasta el último centésimo de los emolumentos que cobraron por las sesiones extraordinarias. Los primeros moralmente obligados a devolver las dietas indebidamente cobradas, son los diputados de "la patria nueva", por su condición de cómplices perpetradores de la conspiración. Pero como éstos no lo harán, sugiero que la iniciativa la encabecen los diputados de la oposición. Eso les serviría para recobrar un poco de respeto de la opinión pública y contribuirían a seguir desnudando la calaña de la bancada oficialista.
El carnaval capitalino, como en los años anteriores, fue un sonoro fracaso; con la notable diferencia, con respecto a los precedentes, de que esta vez costaron una burrada de plata. Como esta nueva farsa costó muchísimo más, también fue mayor el derroche de incompetencia desplegado por sus organizadores que, por cuatro millones de razones, siguen aferrándose a la ubre que ordeñan y reparten a su antojo. Y lo más grave es que todavía pretenden perpetuarse en sus cargos. Por los predios de la famosa Junta hay de todo, menos vergüenza. Si la tuvieran, hace mucho rato que debieron haber renunciado.
El error garrafal que rodea el tema de los carnavales comienza por la absurda y contumaz decisión de las autoridades de seguirlos organizando "de arriba hacia abajo"; cuando debe ser precisamente lo contrario. La Junta, como está concebida, en nada contribuye al mejoramiento de los carnavales capitalinos; en lugar de promoverlos, los atrofia con su afán de centralizarlo todo. El espíritu del carnaval lo debe aportar el pueblo y no los cuatro gatos de la dichosa junta.
En años anteriores me he ocupado de este tema. Para mejorar los carnavales de la capital, que podrían ser una magnífica atracción turística para captar visitantes extranjeros; y, además, una importante fuente de ingresos para muchas panameñas y panameños emprendedores, lo primero que hay que hacer es eliminar la actual Junta del Carnaval. En lugar de entregarle a un grupito de demostrados incapaces cuatro millones de dineros públicos, para que los repartan en la manera en que lo hicieron este año, bastaría con conceder premios, cuyo monto no superaría la mitad de los dineros derrochados este año, a las mejores comparsas, a los mejores carros, a los mejores disfraces; escoger a la reina del Carnaval como resultado de una competencia entre los distintos barrios del distrito capital.
Los premios deberían anunciarse ahora, pues de esa manera, al igual que ocurre en Brasil, y para no ir tan lejos, en varios lugares de nuestro interior, especialmente en Las Tablas, se estimularía a los futuros participantes para que se sientan motivados y comiencen a prepararse. Para que se entienda mejor la bondad de esa vía que proponemos, nada más imagínese cuál sería el resultado de anunciar que en los carnavales del 2008 se repartirá medio millón de balboas, divididos en 10 premios para las mejores comparsas: 100,000 para el primer lugar; 80,000 para el segundo lugar; 70,000 para el tercero; 60,000 para el cuarto; 50,000 para el quinto; 40,000 para el sexto; 35,000 para el séptimo; 30,000 para el octavo, 20,000 para el noveno, y 15,000 para el décimo. Pueden ustedes estar seguros que el efecto sería extraordinario.
Para los carros, disfraces, murgas, etc., también deben otorgarse premios por montos significativos. Las reinas de los diferentes barrios competirían durante los desfiles de los días sábado y domingo y, de entre ellas, se debe escoger a la reina absoluta, que sería coronada en la noche del domingo, para que como tal presida las festividades de los días lunes y martes.
Ojalá, repito por enésima vez, que a alguien con poder para cambiar el rumbo actual se le encienda la bombilla. Si así fuera, habría esperanza de que los carnavales capitalinos recobren el esplendor que algún día tuvieron. Pero si sigue imperando la estulticia y la rapacidad por controlar y repartir los fondos públicos, el otro año habrá más sancochódromos de incompetencia; pero no el carnaval que el pueblo espera y se merece.
Según José Antonio Brenes, gerente de servicios jurídicos de Unión Fenosa, el fraude para la legislación panameña es considerado como el delito del hurto.
A partir de ese criterio, la empresa está llamando a todos los clientes que se han detectado robando luz se les está citando para que respondan penalmente.
El ministerio Público, en base a las pruebas que la empresa presenta, y el perjuicio económico que están haciendo a las partes involucradas, haga las evaluacions pertinentes para que los procese.
Brenes indicó que a las personas se les explica que en el Código Penal no se hablan de las conductas específicas, pero sí está establecido que el que robo de bienes ajenos es castigado por la ley.
"El hecho de que tu cometas un robo de electricidad, de por sí está enmarcado en la conducta general del hurto", expresó el asesor jurídico.
El sainete de las sesiones extraordinarias fue un montaje conjunto del Organo Ejecutivo y de su obsecuente bancada (aplanadora) legislativa, en el que, nuevamente, un sinnúmero de bien intencionados panameños, con la mayor buena fe, fueron a la "augusta cámara" para "tratar de ilustrar" con sus aportes a mentes a las que de antemano les habían cerrado la cremallera de acceso al entendimiento. Como ha ocurrido, una y otra vez, les permitieron exponer, hicieron ver que les escucharon y, después, hicieron lo que les vino en ganas. Espero que de esa hayan salido escarmentados. Si el adefesio no fue alumbrado, fue debido a que la presión pública, especialmente la montada por los medios de comunicación, abortó el engendro.
Las sesiones extraordinarias convocadas irresponsablemente por el Organo Ejecutivo nos costaron, por lo bajo, más de 400 mil balboas, pues a las dietas pagadas a "los señores diputados" hay que agregar todos los otros que causa el funcionamiento del engranaje legislativo.
Al final de su desenfrenada carrera, cuando "los honorables oficialistas" se vieron forzados a recular, el fracaso fue patente; el proyecto, para todos los efectos prácticos, volverá al punto cero; pero todas dietas fueron pagadas y todos los costos cubiertos. Por decoro, los diputados debieran devolver hasta el último centésimo de los emolumentos que cobraron por las sesiones extraordinarias. Los primeros moralmente obligados a devolver las dietas indebidamente cobradas, son los diputados de "la patria nueva", por su condición de cómplices perpetradores de la conspiración. Pero como éstos no lo harán, sugiero que la iniciativa la encabecen los diputados de la oposición. Eso les serviría para recobrar un poco de respeto de la opinión pública y contribuirían a seguir desnudando la calaña de la bancada oficialista.
El carnaval capitalino, como en los años anteriores, fue un sonoro fracaso; con la notable diferencia, con respecto a los precedentes, de que esta vez costaron una burrada de plata. Como esta nueva farsa costó muchísimo más, también fue mayor el derroche de incompetencia desplegado por sus organizadores que, por cuatro millones de razones, siguen aferrándose a la ubre que ordeñan y reparten a su antojo. Y lo más grave es que todavía pretenden perpetuarse en sus cargos. Por los predios de la famosa Junta hay de todo, menos vergüenza. Si la tuvieran, hace mucho rato que debieron haber renunciado.
El error garrafal que rodea el tema de los carnavales comienza por la absurda y contumaz decisión de las autoridades de seguirlos organizando "de arriba hacia abajo"; cuando debe ser precisamente lo contrario. La Junta, como está concebida, en nada contribuye al mejoramiento de los carnavales capitalinos; en lugar de promoverlos, los atrofia con su afán de centralizarlo todo. El espíritu del carnaval lo debe aportar el pueblo y no los cuatro gatos de la dichosa junta.
En años anteriores me he ocupado de este tema. Para mejorar los carnavales de la capital, que podrían ser una magnífica atracción turística para captar visitantes extranjeros; y, además, una importante fuente de ingresos para muchas panameñas y panameños emprendedores, lo primero que hay que hacer es eliminar la actual Junta del Carnaval. En lugar de entregarle a un grupito de demostrados incapaces cuatro millones de dineros públicos, para que los repartan en la manera en que lo hicieron este año, bastaría con conceder premios, cuyo monto no superaría la mitad de los dineros derrochados este año, a las mejores comparsas, a los mejores carros, a los mejores disfraces; escoger a la reina del Carnaval como resultado de una competencia entre los distintos barrios del distrito capital.
Los premios deberían anunciarse ahora, pues de esa manera, al igual que ocurre en Brasil, y para no ir tan lejos, en varios lugares de nuestro interior, especialmente en Las Tablas, se estimularía a los futuros participantes para que se sientan motivados y comiencen a prepararse. Para que se entienda mejor la bondad de esa vía que proponemos, nada más imagínese cuál sería el resultado de anunciar que en los carnavales del 2008 se repartirá medio millón de balboas, divididos en 10 premios para las mejores comparsas: 100,000 para el primer lugar; 80,000 para el segundo lugar; 70,000 para el tercero; 60,000 para el cuarto; 50,000 para el quinto; 40,000 para el sexto; 35,000 para el séptimo; 30,000 para el octavo, 20,000 para el noveno, y 15,000 para el décimo. Pueden ustedes estar seguros que el efecto sería extraordinario.
Para los carros, disfraces, murgas, etc., también deben otorgarse premios por montos significativos. Las reinas de los diferentes barrios competirían durante los desfiles de los días sábado y domingo y, de entre ellas, se debe escoger a la reina absoluta, que sería coronada en la noche del domingo, para que como tal presida las festividades de los días lunes y martes.
Ojalá, repito por enésima vez, que a alguien con poder para cambiar el rumbo actual se le encienda la bombilla. Si así fuera, habría esperanza de que los carnavales capitalinos recobren el esplendor que algún día tuvieron. Pero si sigue imperando la estulticia y la rapacidad por controlar y repartir los fondos públicos, el otro año habrá más sancochódromos de incompetencia; pero no el carnaval que el pueblo espera y se merece.
Según José Antonio Brenes, gerente de servicios jurídicos de Unión Fenosa, el fraude para la legislación panameña es considerado como el delito del hurto.
A partir de ese criterio, la empresa está llamando a todos los clientes que se han detectado robando luz se les está citando para que respondan penalmente.
El ministerio Público, en base a las pruebas que la empresa presenta, y el perjuicio económico que están haciendo a las partes involucradas, haga las evaluacions pertinentes para que los procese.
Brenes indicó que a las personas se les explica que en el Código Penal no se hablan de las conductas específicas, pero sí está establecido que el que robo de bienes ajenos es castigado por la ley.
"El hecho de que tu cometas un robo de electricidad, de por sí está enmarcado en la conducta general del hurto", expresó el asesor jurídico.