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Cuba-EE.UU., después del 11 de septiembre


Poco después de ocurrir los crueles atentados en Nueva York y Washington, Fidel Castro, máximo líder de la Cuba Socialista, cuestionó con tono conciliador el brutal ataque a Estados Unidos (EE.UU.), a pesar de la tensa situación político ideológica entre ambas naciones. Un comunicado de la Cancillería Cubana hasta condenó la agresión al pueblo norteamericano. Empero, los internacionalistas cubanos decidieron realizar "un balance" de los hechos terroristas y cómo afectarían las relaciones con el Tío Sam.
Para la política exterior de Cuba, los atentados benefician irónicamente a la administración republicana, dándole la legitimidad de que carecía a raíz de las dudas creadas en los comicios.
El actual estado de guerra provocó un "re-aglutinamiento" de todas las fuerzas políticas de los EE.UU. en torno a la figura del presidente, que es además el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Ejemplos los hay muchos: aprobación del presupuesto para "la guerra de las galaxias", la promulgación de leyes restrictivas de los derechos civiles y la ratificación de todos los cargos nombrados por el presidente.
El análisis prevé un fortalecimiento del papel hegemónico de los EE.UU. con un "reajuste de las concepciones sobre terrorismo, interés nacional y seguridad" con implicaciones mundiales.
Los cubanos creen que se espera "un nuevo nivel de intervencionismo, más totalizador y universal, que no sólo incluye al terrorismo, sino a toda acción nacionalista o revolucionaria".
Respecto a las relaciones Cuba-EEUU, se plantea dos posibles escenarios. Teoría "A": Bailar con la más fea. En el peor de los casos se mantendría el tema cubano dentro de la política doméstica con el fin de ganar votos en La Florida y provocando una hostilidad que se reflejaría en la política exterior. En este sentido, se intentaría vincular a Cuba con el terrorismo utilizando las relaciones de La Habana con las FARC, ELN, ETA y con fugitivos norteamericanos. En tal caso se mantendría a Cuba dentro de la lista de países terroristas con lo que podría aplicársele en un futuro "la misma fórmula que se diseñara para enfrentar el terrorismo en sentido general". Apoyan esta opción política estarían los tres congresistas cubano-americanos y los jefes de los comités de Inteligencia del Congreso, Peter Goss y Bob Graham, ambos de La Florida.
La Teoría "B" es la más benigna: El Cambio de pareja. En el mejor de los casos, considerado "positivo", la prioridad del enfrentamiento al terrorismo llevaría al gobierno norteamericano a "procurar la estabilidad y la seguridad en el Caribe", incluyendo a Cuba. De triunfar este diseño, el documento sostiene que EEUU -aún sin cambiar su retórica pública- "evitaría acciones orientadas a crear conflictos con Cuba" llegando incluso a una posible cooperación en el tema del terrorismo. Dentro de esta opción, los expertos cubanos afirman que si Washington aplica una política antiterrorista consecuente se verá obligado a aplicarla también a los "grupos terroristas de la emigración cubana". En este escenario "positivo" parece reforzarse con las declaraciones de Vicky Huddleston, jefa de la misión diplomática norteamericana en La Habana, quien en Miami y públicamente matizó el papel de Cuba como estado terrorista.
Así mismo el secretario de Estado, Colin Powell, declaró en el congreso que Cuba no tiene ninguna vinculación con los atentados del 11 de septiembre ni con el terrorismo biológico actual. Por supuesto, la prioridad norteamericana ha cambiado mucho, como para dejarse llevar en los viejos resabios anticastristas de los exiliados en Miami. Además, Cuba no es el problema a seguir tras la guerra en Afganistán. Colombia, con sus grupos guerrilleros tanto de izquierda como de derecha, son una amenaza más seria que los cubanos.

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