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Cuba, Estados Unidos y la OEA


La reciente Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago pareció una puerta al futuro, dada la presencia en ella del presidente Barack Obama y las declaraciones de Hillary Clinton con respecto a cruciales problemas de la región. Cuba fue uno de ellos, Venezuela y Bolivia, otro. Carismático y confiado, el estadounidense Obama tendió manos y puentes, y observó de manera directa el escenario: Cuba y las izquierdas heredadas de la época Bush.

Cuba ya ha fijado su posición. Aun cuando Obama expresó su disposición de acercamiento a cambio de la democratización de ese país, La Habana se ha apresurado a dejar en claro, en la voz del octogenario Fidel Castro, que los acercamientos serán sin condiciones, y como para que nadie “malinterprete” a su hermano Raúl, él ha vuelto sobre la retórica anti-OEA de inicios de los años sesenta del siglo pasado. Hillary Clinton ha dicho luego algo importante: “El gobierno de La Habana se está acabando”, y la historia demuestra que en Washington no se habla por hablar. Venezuela y Bolivia parecen tener otro tratamiento.

Un desaforado Chávez confesó que quiere ser amigo de Obama, y el aimara Evo Morales quedó impactado con la receptividad del primer presidente negro de Estados Unidos. Como quiera que la Cumbre fue más un acto de presentación, donde la buena voluntad fue el eje, nada de extraño tenía que la zanahoria fuera el plato fuerte. No sería de extrañar tampoco, que después otro sea el menú.

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