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Cuba y el doble discurso de derechos humanos (III)


Veamos, en cambio, cómo trata el régimen de Bush a los terroristas, sean o no culpables de atentar contra EE.UU. A raíz del 11 de septiembre, el régimen de Bush condenó a la muerte y la destrucción a los terroristas que atentaron contra las Torres Gemelas y a todos los terroristas en general. ¿Conocía Bush a los responsables? No. No habían siquiera iniciado las investigaciones. ¿Existían tratados que contemplaran el ilícito de apoderamiento de aeronaves? Sí, aproximadamente 10. ¿Los invocó Bush como remedio judicial a los atentados? No. Bush invocó al Senado de EE.UU. y a los poderes presidenciales extraordinarios en casos de guerra. Bush amenazó con la destrucción a países que albergaran terroristas. ¿Sabía Bush de qué país o países provenían los terroristas? No, pero sí sabía que bajo las arenas de esos países yacía el petróleo perteneciente a EE.UU.
¿Podría responsabilizarse a dichos Estados por actividades no realizadas en su nombre por parte de sus residentes? No, pero Bush, con su infinita sabiduría, creó el acto vinculante y llenó el vacío legal. ¿Tenían alguna relación todos los terroristas del mundo con aquéllos culpables de los atentados? No, pero de igual modo se convirtieron en objetivos de la ira norteamericana. ¿Tenía derecho EE.UU. de invocar la legítima defensa según la Carta de la ONU? No, porque EE.UU. no fue objeto de agresión o ataque armado, que es la condición sine qua non para invocar el Artículo 51. Los atentados a las torres se realizaron exclusivamente dentro de territorio de EE.UU. y sólo constituyeron un incidente internacional por el escándalo colosal formado por el régimen de Bush.
¿Tenía derecho el régimen de Bush de atacar a Afganistán y de asesinar tanto a gente de Al Qaeda y a los talibanes, como a las miles de personas inocentes que ninguna responsabilidad tenían por los atentados? No, porque la agresión no es un derecho sino un crimen contra la humanidad, contra la paz y el derecho internacional. Bush afirmó tener pruebas que vinculaban a Osama bin Laden con los atentados. ¿Las llevó a un tribunal nacional o internacional? No. Bush erigió un tribunal en su mente enfermiza porque, como manifestó el jefe de la OTAN, "los documentos constituyen pruebas si así lo dice el presidente de EE.UU.", que "hablaba con Dios todos los días." ¿Y qué dijeron gobiernos aliados de la Unión Europea y Paquistán ante las "pruebas" de Bush? Dijeron que no constituían pruebas, y los propios ingleses expresaron que los documentos mostrados por Bush jamás serían admitidos en un tribunal de Inglaterra. ¿Tenía pruebas el régimen de Bush de los nexos entre Sadam Hussein y el terrorismo? No, de la misma manera que tampoco tenían pruebas de que Irak poseyese armas de destrucción masiva, biológicas y químicas, o de que Hussein fuese amenaza a EE.UU. El problema es que estamos ante una superpotencia que no solamente miente sino que practica el terrorismo indiscriminado a gran escala.
¿Cómo, entonces, establecer algún punto de comparación entre el tratamiento que EE.UU. le dispensa a los presuntos "terroristas" y el tratamiento que Cuba le reserva a quienes, guiados por EE.UU., cometen actos terroristas contra su propia patria? Se ha confirmado que fuerzas armadas de EE.UU. asesinaron a 700 prisioneros afganos, talibanes o no, dentro de una cárcel; que encerraron a otros cientos o miles en contenedores que fueron abandonados en el desierto, donde murieron prácticamente asados; que practican torturas y tratos degradantes en cientos de supuestos miembros de Al Qaeda en la propia base de Guantánamo, arguyendo que las Convenciones de Ginebra no les ofrecen protección alguna.
Nada ilustra mejor la conducta contrastante en este rubro entre EE.UU. y Cuba que el calvario a que se ha sometido a cinco jóvenes cubanos cuyo único "delito" fue luchar contra el terrorismo que se incuba en las minorías cubanas de Miami desde hace décadas. No sólo no cometieron delito alguno ni violaron leyes de EE.UU., sino que hasta puede decirse que coadyuvaron en la guerra contra el terrorismo proclamada por EE.UU. Su fin era impedir que continuaran los actos terroristas en Cuba desde EE.UU. porque, aparte de dañar a su país, estos implicaban una más peligrosa confrontación militar entre ambos países. Por luchar contra el terrorismo, del cual son cómplices autoridades de EE.UU., los sometieron a varias cadenas perpetuas y a torturas y tratos crueles y degradantes violatorios de los derechos humanos, en procesos totalmente ilegales, amañados y anulables ante un tribunal mínimamente honesto. Los Cinco Héroes prisioneros del imperio son en verdad rehenes de la política hegemónica de EE.UU., pero algún día la verdad y la solidaridad internacional los pondrá en libertad.
La insalvable distancia moral entre EE.UU. y Cuba, en lo tocante a sus políticas sobre terrorismo, hace imposible una comparación entre sus procedimientos legales, por lo mismo que es imposible comparar un gobierno de facto (de hecho) con un gobierno de jure (de derecho). Para que haya un gobierno de derecho, dentro de un estado de derecho, no es suficiente que el Estado posea normas y leyes: es necesario que el propio gobierno se someta a ellas. Pero la verdad es que actualmente el régimen de Washington no se somete a ninguna ley o autoridad, nacional o internacional, sino al poder arbitrario de una pandilla, que tiene sometido al Congreso, a la prensa y a la Corte Suprema de Justicia, como lo denunció el senador George McGovern, y por eso tan sólo es un régimen de facto. En cambio, cualquiera que no sea ciego o imbécil moral se da perfecta cuenta de que Cuba es un país que, no obstante padecer tan severas restricciones y asechanzas, siempre intenta ajustar sus actuaciones a las leyes internacionales con responsabilidad y firmeza. Es así como se explica el rechazo reciente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, de la resolución propuesta y promovida por EE.UU. contra Cuba para acusarla de violar los derechos humanos en el caso de los mercenarios -que no disidentes- al servicio de la subversión y la intervención. Y es que, para el régimen de Bush, el derecho de los demás países a la defensa nacional constituye delito.
Al parecer muchos medios alrededor del mundo no se han percatado aún de estos hechos, y es precisamente por éste y otros motivos que los mismos suelen sucumbir, sin proponérselo, al doble rasero de los derechos humanos que EE.UU., dentro de su guerra psicológica y mediática, aplica a los pueblos que encierran dentro de sus fronteras los recursos y riquezas que, según ellos, le pertenecen al pueblo norteamericano. Por eso, porque el mundo está en peligro, es necesario profundizar en los hechos antes de caer seducidos por la propaganda. Como decía Goethe, a la hora de su muerte, cuando ya no veía: "Abrid las ventanas, luz, más luz, más luz."
(julioyao@pa.inter.net)

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