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Cuba y EU, contraste y acercamiento


Para cuando concluía la segunda guerra de Irak, expresamos temores de que Cuba fuera incluida en la lista del próximo a ser invadido. Un gruñido inicial dirigido a Irán, nos hizo pensar que no, al menos todavía. Poco después, sin embargo, la CIA hizo que el dictador de la isla cometiera su peor error, encarcelar a más de 70 disidentes y fusilar, tras juicio sumario, a tres frustrados secuestradores de una barcaza. A este disparate siguió que Europa tomara en represalia medidas de aislamiento. Entonces, nuevamente, temimos lo peor y, en esta columna, hicimos votos por una salida pacífica en la inevitable senda que tendrá que recorrer Cuba hacia la democracia.
Recientemente, sin embargo, hemos observado algunas señales de optimismo en un ambiente de horribles nubarrones. Primero, las tribulaciones del gobierno del presidente George Bush hijo, cuando su país se despierta con lo que todo el resto del mundo sabía, que las armas de destrucción masiva en manos del sátrapa iraquí, Sadam Hussein, era una patraña inventada para justificar ante el pueblo estadounidense la invasión y el secuestro de su producción petrolera.
Es evidente que, tras el actual escándalo, los halcones de Bush y, en especial, los extremistas de Miami, carecerán de la menor credibilidad para hacer ahora un cargo similar a Cuba como para justificar una invasión o medidas extremas contra la isla. La CIA intenta ahora lavar la cara del mandatario norteamericano, echándose la culpa por los informes falsos, pero ya inútil. Desde el mes pasado circuló la especie, en el Congreso, de que la CIA elaboraba hasta tres versiones de cada informe, para que el Ejecutivo escogiera el que quisiera de entre extremos que oscilaban entre conciliación y guerra.
La semana pasada, arribó a La Habana un barco norteamericano, manejado enteramente por estadounidenses, que enarboló junto a su bandera, la enseña cubana. El mismo venía procedente de New Orleans, cargado de toneladas de papel. Era el primer intercambio directo de comercio marítimo entre las dos naciones en más de 40 años de embargo. Bush ha permitido suavizarlo en lo referente al intercambio agrícola y de alimentos, pero es un paso al menos de aproximación. El malecón de la Habana estalló de hurras. Entre los pueblos cubano y norteamericano hay un idilio de vieja data, separado forzadamente por dos gobiernos tontos, ciegos y sordos.
También el 8 de julio pasado, un joven piloto de un Antonov cubano viajó brevemente a Cayo Hueso, donde testificó contra un compatriota, Adelmis Wilson González, quien resultó condenado por secuestro de un avión con 50 pasajeros, que fuera forzado a aterrizar en esa ciudad el pasado 2 de abril. Castro dijo entonces que el secuestro era una conspiración de la CIA. Se equivocó otra vez. La justicia y la democracia norteamericana trabajan y, mientras el dictador cubano fusiló y encarceló sumariamente a supuestos delincuentes, un tribunal norteamericano juzgó con plenas garantías a un secuestrador.

101 años de Panamá América

 
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