Cuba y Libia, otra vez la doble moral
La semana pasada, al salir de un examen médico de rutina, el presidente cubano, Fidel Castro, hizo una jactanciosa sorna de su estado de salud, cuando expresó ante las cámaras, fingiendo cansancio: "¡No sé cuándo me moriré!" Pero no es el punto. Castro ha hecho de su longevidad, acaso, su principal arma. Tras más de 40 años de incansable forcejeo, ha visto desfilar a una docena de presidentes estadounidenses, mientras que él sigue inconmovible. Igual tiempo dura el bloqueo económico de la potencia norteña contra su país. Ha sobrevivido igual a decenas de atentados contra su vida, ha superado una invasión armada de exiliados y ha pasado por una horrible ola de atentados terroristas respaldados por Estados Unidos.
Precisamente, un grupo de esos terroristas, que tiene a su haber más de un centenar de asesinatos de civiles, acaba de ser condenado a seis años de cárcel en nuestro país, por magnicidio contra Castro, mientras participaba en un evento. Según el fiscal, Posada Carriles y los suyos planeaban volar con explosivos al dictador en pleno paraninfo universitario. Para un hombre tan sanguinario, matar al tirano, bien valía echarse a unos centenares de panameños, "preso por mil, preso por mil quinientos".
La doble moral da náuseas. El terrorismo es malo cuando nos afecta, pero bueno si afecta al enemigo. Bueno para dañar a Castro, pero malo cuando viene de Al Qaeda. En verdad, ambos son igual de despreciables y cobardes. Y, lo más irónico, es que fuera o dentro del llamado "eje del mal", no sabemos de un solo caso en que Cuba o su gobierno hayan estado implicados en atentado terrorista alguno. No es el caso de Libia.
En efecto, el dictador libio, Moammar Gadafi, tan pronto tomó el poder se dedicó a hacer terrorismo abierto contra las potencias occidentales, al extremo de llegar a derribar con explosivos un avión de pasajeros británico. Tras años de aislamiento internacional, llegó a un arreglo con Inglaterra. Se acaba de comprometer a entregar a los culpables, a indemnizar a las víctimas, a renunciar al terrorismo y a las armas de destrucción masiva, y a aceptar las inspecciones en su territorio. Todo a cambio del fin del aislamiento y bloqueo. Y, ¡caigámonos de espaldas! Se lo han concedido. Ya fluyen las inversiones petroleras hacia su país.
Igual con China. Las continuas alusiones a la falta de democracia, no ha impedido que haya un comercio a pleno vapor con Estados Unidos y el resto de Occidente. ¿Y Cuba? El infame bloqueo no hace más que fortalecer a la dictadura e impedir el cambio.
Ningún partido ha sufrido ataques y calumnias como el arnulfismo (entonces panameñismo). Se le atacaba de racista, y a su líder máximo, Dr. Arnulfo Arias se le acusaba de nazista, gallo gallina y otros. Esa sí era "campaña sucia".
Con esa actitud de no concurrir al debate, Martín Torrijos ha demostrado que no tiene "aguante" político para soportar críticas. Todo lo que tenía que hacer era, como lo han hecho hasta ahora todos los políticos, salir a contestar y esclarecer las cosas con argumentos veraces que no dejen duda.
Su decisión es una mala señal para un político que aspira a llegar al solio presidencial, desde el cual todo el que llega es criticado.
Acabo de acordarme de Noriega, cuando irritado por las críticas a través de las caricaturas, las prohibió y otro cerró los diarios "desde ya". ¿Vamos por el mismo camino?
Martín debe aprender de la presidenta Mireya Moscoso, quien a pesar de ser mujer, ha soportado por cinco años, con estoicismo, los virulentos, furiosos y denigrantes ataques personales que se le han hecho, sin respetar que se trata de una dama, inclusive su vida privada.
Esta decisión refuerza aún más mi decisión de votar por José Miguel Alemán, porque estoy seguro de que ni él ni sus consejeros se "rajarían", rehusándose salir a la palestra pública, para hacer aclaraciones y mucho menos prohibir artículos de periódico o caricaturas que los critiquen.
Votar por el candidato del PRD es asumir un riesgo. Yo voy por lo seguro con José Miguel Alemán y exhorto a todos los que lean este artículo y hayan seguido mi trayectoria política, a votar por José Miguel, porque él y su equipo son garantía de democracia y respeto a los derechos humanos.
Precisamente, un grupo de esos terroristas, que tiene a su haber más de un centenar de asesinatos de civiles, acaba de ser condenado a seis años de cárcel en nuestro país, por magnicidio contra Castro, mientras participaba en un evento. Según el fiscal, Posada Carriles y los suyos planeaban volar con explosivos al dictador en pleno paraninfo universitario. Para un hombre tan sanguinario, matar al tirano, bien valía echarse a unos centenares de panameños, "preso por mil, preso por mil quinientos".
La doble moral da náuseas. El terrorismo es malo cuando nos afecta, pero bueno si afecta al enemigo. Bueno para dañar a Castro, pero malo cuando viene de Al Qaeda. En verdad, ambos son igual de despreciables y cobardes. Y, lo más irónico, es que fuera o dentro del llamado "eje del mal", no sabemos de un solo caso en que Cuba o su gobierno hayan estado implicados en atentado terrorista alguno. No es el caso de Libia.
En efecto, el dictador libio, Moammar Gadafi, tan pronto tomó el poder se dedicó a hacer terrorismo abierto contra las potencias occidentales, al extremo de llegar a derribar con explosivos un avión de pasajeros británico. Tras años de aislamiento internacional, llegó a un arreglo con Inglaterra. Se acaba de comprometer a entregar a los culpables, a indemnizar a las víctimas, a renunciar al terrorismo y a las armas de destrucción masiva, y a aceptar las inspecciones en su territorio. Todo a cambio del fin del aislamiento y bloqueo. Y, ¡caigámonos de espaldas! Se lo han concedido. Ya fluyen las inversiones petroleras hacia su país.
Igual con China. Las continuas alusiones a la falta de democracia, no ha impedido que haya un comercio a pleno vapor con Estados Unidos y el resto de Occidente. ¿Y Cuba? El infame bloqueo no hace más que fortalecer a la dictadura e impedir el cambio.
Ningún partido ha sufrido ataques y calumnias como el arnulfismo (entonces panameñismo). Se le atacaba de racista, y a su líder máximo, Dr. Arnulfo Arias se le acusaba de nazista, gallo gallina y otros. Esa sí era "campaña sucia".
Con esa actitud de no concurrir al debate, Martín Torrijos ha demostrado que no tiene "aguante" político para soportar críticas. Todo lo que tenía que hacer era, como lo han hecho hasta ahora todos los políticos, salir a contestar y esclarecer las cosas con argumentos veraces que no dejen duda.
Su decisión es una mala señal para un político que aspira a llegar al solio presidencial, desde el cual todo el que llega es criticado.
Acabo de acordarme de Noriega, cuando irritado por las críticas a través de las caricaturas, las prohibió y otro cerró los diarios "desde ya". ¿Vamos por el mismo camino?
Martín debe aprender de la presidenta Mireya Moscoso, quien a pesar de ser mujer, ha soportado por cinco años, con estoicismo, los virulentos, furiosos y denigrantes ataques personales que se le han hecho, sin respetar que se trata de una dama, inclusive su vida privada.
Esta decisión refuerza aún más mi decisión de votar por José Miguel Alemán, porque estoy seguro de que ni él ni sus consejeros se "rajarían", rehusándose salir a la palestra pública, para hacer aclaraciones y mucho menos prohibir artículos de periódico o caricaturas que los critiquen.
Votar por el candidato del PRD es asumir un riesgo. Yo voy por lo seguro con José Miguel Alemán y exhorto a todos los que lean este artículo y hayan seguido mi trayectoria política, a votar por José Miguel, porque él y su equipo son garantía de democracia y respeto a los derechos humanos.