default

Cuenca del Canal: ¿Diálogo o imposición?


Desde hace algún tiempo, los medios de comunicación han estado publicando información sobre la construcción de la nueva cuenca del Canal, simultáneamente, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), mantiene una costosa campaña publicitaria para hacernos creer que la nueva cuenca es una necesidad ineludible, casi de vida o muerte. Obviamente se trata de una situación delicada, en donde, nuevamente está en juego nuestra fidelidad al Evangelio. La ACP y el PNUD han estado insistiendo para que miembros de la Iglesia avalen su propuesta, evidenciando ignorancia del ser de la Iglesia y de su dinámica de funcionamiento, lo que se traduce en conductas irrespetuosas de su parte, por varias razones:
1. Antes de comunicar la más mínima información a la gente que pretende afectar de manera directa, la ACP presentó su propuesta a los obispos, creyendo, que éstos a su vez, inmediatamente iban a respaldar el proyecto en las comunidades. Este procedimiento implica un desprecio total por las comunidades campesinas empobrecidas y una sucia estrategia para tratar de ganar simpatía frente al proyecto, dentro de la jerarquía y así potenciar la credibilidad en el mismo.
2. Los organizadores que están animando la realización de un supuesto "diálogo nacional" insisten en ignorar a las organizaciones que hemos estado presentando argumentos en contra de la propuesta de la nueva "Sub Cuenca Occidental del Canal" que anima a tambor batiente la ACP.
3. La actuación de la ACP en este tema, nos indica, que no tienen el más mínimo interés en buscar la verdad, sino de reafirmar su verdad. Cualquier profesional, con un mínimo de criterio científico, sería incapaz de ignorar a quien piensa diferente a él. La situación de exclusión también ha sido evidente, con respecto al Centro de Estudios Latino Americano (CELA) que cuenta con estudios y abundante material publicado sobre el tema.
En el tema de la construcción de la cuenca hidrográfica existen aspectos que sencillamente no podemos marginar a la hora de analizar, con mentalidad crítica y constructiva, la propuesta de la ACP. No podemos caer en el juego que están planteando los representantes del PNUD, que ven en la Iglesia una institución confiable que pueden utilizar para convencer a las comunidades campesinas de las "bondades" del proyecto. No podemos aceptar que se utilice la Iglesia en la desorientación al campesinado para que éste ceda y acepte el proyecto.
¡DIALOGO SI, MONOLOGO NO!
Los campesinos han dicho que la ACP no les ha dado ninguna respuesta a las preguntas que ellos le han formulado sobre su futuro y otros aspectos vitales del proyecto de la cuenca. Esta situación continúa, sin embargo, la ACP, conjuntamente con representantes del PNUD, están impulsando la realización de un "diálogo" nacional sobre el tema. Debido a la magnitud del proyecto, es evidente la necesidad de que todo el país conozca plenamente la información básica y general del proyecto de la cuenca. Es mucho lo que está en juego, comenzando con el futuro de miles de campesinos del área, la enorme afectación de recursos no renovables y el endeudamiento que asumiríamos, o las riquezas del Canal que dejaríamos de percibir, para determinar el proyecto de la cuenca y el tercer juego de esclusas sin conocer toda la verdad. ¿Cuál es el apuro de realizar el "diálogo" nacional, sin contar con información necesaria? ¿No sería mejor retrasar el "diálogo", para que en verdad sea diálogo y no monólogo, hasta que toda la información esté disponible? En cualquier circunstancia, es el conocimiento pleno de la verdad, en donde se fundamenta la credibilidad, la justicia y la tolerancia de lo que se pretende realizar. La ACP tiene la responsabilidad de dar a conocer los detalles de los estudios realizados, sin esta información, hablar de diálogo no es más que otro engaño.
De realizarse el diálogo, éste debería hacerse en el área afectada. ¿Por qué la manía de poner siempre en desventaja a la gente sencilla, obligándolas a defender sus derechos en ambientes cargados de lujo y ostentación? El ritmo de la ciudad no es el ritmo del campo. Una realidad es la urbe, y otra la que se vive en el campo y la montaña. Hasta el mismo concepto que se tienen del tiempo es muy diferente en la ciudad, que en la montaña. ¿Por qué no actuar, por una vez en la vida, desde la perspectiva de las personas menos favorecidas, de las aparentemente "débiles", en los que Jesús concentra su atención? ¿No son acaso los empobrecidos campesinos de las montañas y campos de Coclé, Colón y Panamá los que serán primeramente afectados de llegarse a realizar este proyecto faraónico de la nueva cuenca? Si como sabemos, así es, ¿por qué negarnos a escuchar sus argumentos en los lugares en donde ellos viven actualmente, dándole a la vez la posibilidad de comprender en su justa dimensión el problema?.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América