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Cuento es lo que no se quiere


Las cosas en la política criolla se han presentado, en este período electoral, bastantes extrañas. Suele acontecer que, como reza cierto adagio: "En política no hay sorpresas sino sorprendidos".

Durante semanas enteras los panameños y panameñas fuimos testigos directos de los furibundos ataques que se lanzaban, de modo recíproco, los alentadores varelistas -no sabemos si decir arnulfistas- y los promotores del cambio. Lo cierto de todo es que terminaron ambas facciones políticas en un intenso amorío en el que, según dicen, es por "cuestiones de salvar a la Patria". En realidad esto no ha debido sorprender a nadie. Dicen por allí que: "Todo está permitido".

A nuestro entender la cuestión se enrumba por otro lado y tiene otro sentido. Hay de por medio una cuestión ética. Median los llamados Principios de Moral Política que refería D. Justo Arosemena. Lo que no es correcto es que se le esté cambiando el discurso, de modo casi constante, al pueblo panameño. Esto no debe darse ni por parte de la oposición ni del oficialismo.

En ese orden, la propuesta del cambio ha querido emular sus erráticas decisiones políticas comparando el hecho de que Balbina le prometió a Navarro que él correría como candidato a Presidente y que ella lo apoyaría. Bueno, la comparación es burda. Navarro fue candidato a Presidente en las primarias, ganó Balbina. Nadie puede obligar a una persona a abdicar de un derecho constitucional: elegir y ser elegido. La decisión de Balbina estaba anexa a cuestiones circunstanciales; es decir, podía variar atendiendo al movimiento de las corrientes políticas, cosa que efectivamente sucedió.

Con la alianza de los varelistas, el esquema del cambio se ha caído: el discurso les resultó falaz, devino en una tautología. Como también dice el adagio popular: "Cuento es lo que no se quiere" y cuentos son los que siguen contando.

"Nos engañaron", fue la expresión de no pocos que estaban creyendo en el cambio. "Todo es una mentira", pensaron otros. Entonces, ha empezado a fortalecerse una nueva forma de pensamiento en el vaivén político nacional: hay que darle el voto a quien realmente representa los intereses del pueblo panameño: a una mujer de entrañas humildes, hija de nuestro pueblo, que sabe qué es luchar y sufrir, que sabe sobre pueblo, vive con el pueblo, ama a su pueblo y huele a puro pueblo.

Por ello no necesita inventarse pautas publicitarias de humildad ni de pobreza. Ella es en realidad el retrato de nuestra gente. Esto será, en definitiva, tomado en cuenta por el pueblo panameño, en mayo de este año, para elegirla como Presidenta de todos en este país.

101 años de Panamá América

 
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