Cuentos para la historia
Había una vez una nave muy grande. Era del tamaño del cuarto planeta de la constelación del Sistema Solar. La nave era tan grande como el planeta Tierra, que se movía cómodamente dentro de su sistema, con límites infinitos dentro de la Galaxia. Solamente contaba con siete Naves Continentes que la acompañaban en su libre recorrido. Eran dueños de su historia. No existían enemigos, pensaban en vivir y habitar para existir.
Pasaron miles de años, sucedieron cataclismos y la evolución se sumergió en la historia. Desastres pasaron para lograr el desarrollo tecnológico privilegiado que gozaron después de tantas catástrofes de millones de años.
Sin importar el pasado, la flota decidió que cada comandante de nave podría formar su propio planeta dentro de la nave y confundirse en el hacer uso desmesurado de los recursos que por ley natural existían cuando la Nave Madre se agrupo en pequeñas flotas dentro del Sistema denominándose Continentes. Estos nuevos planetas se dividieron y cada Nave Continente asumió su destino. Unos con más ventajas que los otros inmersos en la división por un espacio de agua, líquido vital para el desarrollo de cada Nave Continente.
Los ocupantes de estas naves, vieron que no solamente el preciado líquido podía alimentar su Nave Continente. Entonces, se lanzaron en búsqueda de los otros continentes, usurpando la masa agua en grandes máquinas aladas por los vientos. Es así como la Nave Viejo Continente se lanza a la aventura y logra atravesar miles y miles de kilómetros, explorando la Nave América. Esta Nave vivía en armonía, respetaba la enseñanza que yacía en una cultura milenaria que había descubierto su fortaleza en la sostenibilidad de vida en el ambiente.
La vida natural estaba allí. El equilibrio era virgen. El objetivo era convivir con la Madre Naturaleza, el Potente Sol y la Diosa Luna. El conflicto no existía, porque era la trilogía de una divinidad eterna.
Los invasores, deslumbrados con su aparente hospitalidad, abordaron la Nave América el 12 de octubre de 1492. Los viajeros se sintieron asombrados del verdor y las riquezas que se guardaban en cada rincón de la nueva Nave. No podían creer que existiera una Nave más civilizadada que el Viejo Continente. Esta tenía cosas que los viajeros nunca habían imaginado ni en sospecha existían.
La ambición que corría por la sangre de aquellos viajeros se convirtió en hambre. Sus antepasados les habían enseñado que el poder es sinónimo de conquista. Se lanzaron sin pena alguna destruyendo el equilibrio natural con la vida misma. La conquista fue cruel y la destrucción ecológica peor, porque la misma en su lecho de muerte es lenta y progresiva hasta ya no existir.
Ahora 507 años más tarde aparece la idea de agrupar la Nave Tierra para que todas las Naves Continentes se salven de los cambios climáticos de la Madre Tierra, quien sufre la dolorosa agonía de la muerte.
Nuestros pueblos sufren la ambición del invasor. Involuntariamente conocimos tecnologías no deseadas e innecesarias, de igual forma el consumismo deshumanizador proveniente de las naves que desde antes eran desertoras del Pacto de Equilibrio Ecológico. El desastre ya existe y cobra cada día más vidas inocentes, por eso creemos que la reversión de la catástrofe de los "gases invernaderos" debe ser compensada por las naves convertidas en grandes potencias y que actualmente son 7 ó G7.
No somos poderosos, ni mucho menos amenazamos a la humanidad, pero con voz profética podemos denunciar y señalar culpables; es inmoral entonces que sin recursos económicos tengamos que asumir la carga de resolver el problema creado por los otros.
Somos los más afectados y objeto a la vez de esta desmesurada ansia de poder y hegemonía mundial. En 1998, la tragedia de nuestros muertos de Centroamérica agobia nuestra conciencia y es posible que en 2000 se acreciente el sacrificio de cientos de vidas más.
Esta reflexión sólo busca que entendamos que el furor de la naturaleza se enlaza con la agonía de la muerte y sufrimiento que le invade. Los daños ecológicos ya son muchos y las alternativas pocas, porque antecede la supervivencia material de quienes abogan por el desarrollo con el sacrificio de otros, sin estimar que la destrucción de los más débiles acrecienta la destrucción inmediata de todos, incluyéndolos a ellos.
La solidaridad de los pueblos debe ser grande. Pero esta sólo se desarrollará cuando se depongan intereses de aquellos que cree que con la hegemonía del mundo se resuelve el malestar de la Madre Tierra. Ella desconoce el desarrollo y el subdesarrollo, ataca involuntariamente porque sufre un dolor desatado por el hombre. No cree en los inventos. Para ella los experimentos de la Bomba Atómica y otros más jamás debieron existir. El adelanto de los hombres para ella es muerte. Su esencia de vivir está en el Ser Natural y en la Evolución que se guarda en el interior de una sabiduría innata. "Sólo se cuida lo que se quiere y se quiere lo que se conoce"
Pasaron miles de años, sucedieron cataclismos y la evolución se sumergió en la historia. Desastres pasaron para lograr el desarrollo tecnológico privilegiado que gozaron después de tantas catástrofes de millones de años.
Sin importar el pasado, la flota decidió que cada comandante de nave podría formar su propio planeta dentro de la nave y confundirse en el hacer uso desmesurado de los recursos que por ley natural existían cuando la Nave Madre se agrupo en pequeñas flotas dentro del Sistema denominándose Continentes. Estos nuevos planetas se dividieron y cada Nave Continente asumió su destino. Unos con más ventajas que los otros inmersos en la división por un espacio de agua, líquido vital para el desarrollo de cada Nave Continente.
Los ocupantes de estas naves, vieron que no solamente el preciado líquido podía alimentar su Nave Continente. Entonces, se lanzaron en búsqueda de los otros continentes, usurpando la masa agua en grandes máquinas aladas por los vientos. Es así como la Nave Viejo Continente se lanza a la aventura y logra atravesar miles y miles de kilómetros, explorando la Nave América. Esta Nave vivía en armonía, respetaba la enseñanza que yacía en una cultura milenaria que había descubierto su fortaleza en la sostenibilidad de vida en el ambiente.
La vida natural estaba allí. El equilibrio era virgen. El objetivo era convivir con la Madre Naturaleza, el Potente Sol y la Diosa Luna. El conflicto no existía, porque era la trilogía de una divinidad eterna.
Los invasores, deslumbrados con su aparente hospitalidad, abordaron la Nave América el 12 de octubre de 1492. Los viajeros se sintieron asombrados del verdor y las riquezas que se guardaban en cada rincón de la nueva Nave. No podían creer que existiera una Nave más civilizadada que el Viejo Continente. Esta tenía cosas que los viajeros nunca habían imaginado ni en sospecha existían.
La ambición que corría por la sangre de aquellos viajeros se convirtió en hambre. Sus antepasados les habían enseñado que el poder es sinónimo de conquista. Se lanzaron sin pena alguna destruyendo el equilibrio natural con la vida misma. La conquista fue cruel y la destrucción ecológica peor, porque la misma en su lecho de muerte es lenta y progresiva hasta ya no existir.
Ahora 507 años más tarde aparece la idea de agrupar la Nave Tierra para que todas las Naves Continentes se salven de los cambios climáticos de la Madre Tierra, quien sufre la dolorosa agonía de la muerte.
Nuestros pueblos sufren la ambición del invasor. Involuntariamente conocimos tecnologías no deseadas e innecesarias, de igual forma el consumismo deshumanizador proveniente de las naves que desde antes eran desertoras del Pacto de Equilibrio Ecológico. El desastre ya existe y cobra cada día más vidas inocentes, por eso creemos que la reversión de la catástrofe de los "gases invernaderos" debe ser compensada por las naves convertidas en grandes potencias y que actualmente son 7 ó G7.
No somos poderosos, ni mucho menos amenazamos a la humanidad, pero con voz profética podemos denunciar y señalar culpables; es inmoral entonces que sin recursos económicos tengamos que asumir la carga de resolver el problema creado por los otros.
Somos los más afectados y objeto a la vez de esta desmesurada ansia de poder y hegemonía mundial. En 1998, la tragedia de nuestros muertos de Centroamérica agobia nuestra conciencia y es posible que en 2000 se acreciente el sacrificio de cientos de vidas más.
Esta reflexión sólo busca que entendamos que el furor de la naturaleza se enlaza con la agonía de la muerte y sufrimiento que le invade. Los daños ecológicos ya son muchos y las alternativas pocas, porque antecede la supervivencia material de quienes abogan por el desarrollo con el sacrificio de otros, sin estimar que la destrucción de los más débiles acrecienta la destrucción inmediata de todos, incluyéndolos a ellos.
La solidaridad de los pueblos debe ser grande. Pero esta sólo se desarrollará cuando se depongan intereses de aquellos que cree que con la hegemonía del mundo se resuelve el malestar de la Madre Tierra. Ella desconoce el desarrollo y el subdesarrollo, ataca involuntariamente porque sufre un dolor desatado por el hombre. No cree en los inventos. Para ella los experimentos de la Bomba Atómica y otros más jamás debieron existir. El adelanto de los hombres para ella es muerte. Su esencia de vivir está en el Ser Natural y en la Evolución que se guarda en el interior de una sabiduría innata. "Sólo se cuida lo que se quiere y se quiere lo que se conoce"