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Cuestión de ética y moral


Ver involucrado al Pastor Ruiz en el fragor de una campaña política, luchando por ganar el voto de los electores para el cargo de legislador, no es nada edificante, como tampoco lo es respecto a ningún otro aspirante a puesto de elección popular que tenga la proclividad de alternar religión con política. La reprochable práctica representa un retroceso frente a siglos de historia y mucha sangre, con la Revolución Francesa a la cabeza, que hicieron posible la deseable separación entre Iglesia y Estado.
La Biblia lo ilustra esplendorosamente con el pasaje en que Jesús, tentado por falsos seguidores, se ve ante la disyuntiva de limitar su tarea a la prédica del Evangelio o, en su lugar, extenderla a la toma del poder sobre los hombros de sus seguidores. En concreto, se le sugiere desafiar a Roma, empezando con la negativa al pago de impuestos. Y en ese momento vuelve a hacer gala de su infinita sabiduría cuando, dirigiéndose a las masas ordena: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
Jesús, pues, deja claro, desde un inicio, que su papel está en el rescate de las almas, y no en la lucha por el poder o por lograr un puesto en el Senado. Seguramente, si hubiera querido, habría hecho una estupenda carrera política. ¿Por qué no lo hizo? Porque sabía que salvando las almas, haría mejores ciudadanos y mejores gobernantes, apelando a la formación ética y moral. Y es eso precisamente lo que falla en la política partidista actual en que la corrupción toma cuerpo. No prevalece el interés de servir a los semejantes, sino en servirse de ellos.
El Libro Sagrado está repleto de pasajes similares. Ese es también el caso del rescate de María Magdalena de su inminente ejecución, cuando la multitud le insta a impedirlo por la fuerza o con ayuda de un milagro. En vez de desafiar otra vez al Gobierno, opta por exigir con ingenio: " Que quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra". Y la multitud morbosa se disolvió con la carga de sus propios pecados a cuestas.
Los abogados del Pastor Ruiz han elaborado un argumento irrebatible. Dicen que la prohibición del artículo 42 de la Constitución lo único que prohíbe a los ministros de cultos religiosos es "ejercer los cargos públicos", salvo los "que se relacionen con la asistencia social, la educación o la investigación científica". Ello significa, concluyen, que él puede ser candidato pero, en caso de ganar, no podría ocupar su curul, pero sí - por ejemplo - ser ministro de educación, o de la familia o de salud o director del Seguro Social. Definitivamente, cuando gane, tendrá la fuerza de un voto legislativo a través de sus suplentes y podrá sacar provecho de esa fuerza política, usualmente revaluada en caso de mayorías parlamentarias estrechas.
Claro que el Pastor Ruiz puede hacer una buena labor, dentro del estrecho margen que le permite la Constitución. Pero para nosotros es inmoral y falto de ética aprovechar su imagen de religioso para sacar ventaja a adversarios que como él, no tienen la ventaja de un púlpito cautivo, ni la fuerza del respaldo divino, ni crucifijos, ni bendiciones tremebundas, ni milagros, ni desmayos, ni invocaciones dramáticas para asegurar el éxito de sus aspiraciones políticas. En fin, se pierde un buen pastor y se gana un mal político.
Panamá es el segundo país de América Latina que más invierte y gasta en Salud, por lo que estoy seguro que reeducando y orientando a la población, como en este caso específico, los recurso nos darán mayores rendimientos.
"Cuando los hombres decentes no participan en política los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
(cdaa@sinfo.net)

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