Cuestión de gustos
"CUANDO LA LITERATURA no es más que literatura, es miseria". Alberdi. Razón no le faltaba a Napoleón cuando decía que su vida era una novela. Muchos otros, como Bolívar, Wallenstein, Churchill, Washington, Garibaldi y Gandhi, fueron personajes cuyas vidas hicieron surgir historia y literatura, no necesariamente separadas.
Para mi gusto, prefiero una historia bien narrada a una buena novela, aunque sea de índole histórica. Ahora bien, si la novela, en los hechos que describe, es fiel a lo acontecido, es decir, a la historia, y si además es contada con el toque mágico de la literatura, entonces su lectura se transforma en un gozo para el conocimiento y un placer para el espíritu.
Juan David Morgan es ya un veterano escritor- dejo constancia de que no he dicho escritor veterano- que ha incursionado con éxito en temas históricos. En "Cicatrices inútiles" expresa con dolor patriótico los hechos de una invasión que pudo haber sido evitada sin que por ello se hubiese imposibilitado el retorno a la democracia. "Entre el cielo y la tierra" describe la vida y pasiones de Monseñor Jované, mientras el trasfondo político de ese convulsionado siglo XIX es el que a mi juicio late con más fuerza en la novela, porque cada lector ve lo que mejor siente y lo que más le gusta en una obra.
Es sin embargo, en "Ardientes fulgores de gloria", donde a mi juicio se consolida la vocación historicista de este novelista. Todos los hechos históricos que se desgranan en cada uno de los capítulos, algunos inéditos para el público, fueron escritos luego de intensas investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos, en Colombia, en Francia y en Panamá. Su enfoque sobre la actuación de los próceres, ha sido objeto de sabrosas e interesantes discusiones, porque como todos sabemos, hay corrientes que reducen o escatiman méritos a los próceres, haciendo nacer a la república en Wall Street y en un despacho de abogados conocido como Sullivan & Cromwell y otras, entre las que me encuentro, que consideramos que había un sentimiento nacionalista previo a 1903 y que los padres fundadores hicieron lo que debían en el momento preciso y que nos dejaron en herencia una patria, con dificultades es cierto, pero la lucha que se emprendió para vencerlas no hizo sino fortalecer nuestra identidad como Nación.
La corona que Juan David ha venido tejiendo desde su primera novela, tiene ahora otra joya y me atrevería a decir que no será la última. Se trata de "El caballo de Oro" y no haré comentarios sobre la misma porque excelentes escritores se han encargado de su presentación, y además, porque estoy parcializado por la amistad que me une con el autor. Me conformaré con decir que el que quiera conocer los orígenes del primer ferrocarril que unió dos océanos, el financiamiento de la magna obra, las luchas para vencer los obstáculos de esta tierra cálida, lluviosa, insalubre, selvática y muy poco desarrollada a mediados del siglo XIX, debe leer esta novela y conocer a quienes la construyeron a riesgo de su salud y en muchos casos a costa de sus vidas. Es preciso decir que si bien el esqueleto de la novela es la historia, rigurosamente cierta y bien contada y para mi gusto lo más importante, lo que en inglés se denominaría "the emotional flesh", emana como un torrente de la fértil imaginación del autor, para quien la literatura no es una huída de la realidad, sino su correlato, tan importante y peligroso como ella misma. En otras palabras, a los que nos apasiona la historia, nos gusta y emociona el recuento de los hechos reales. A los que les gusta, y están en su derecho, las narraciones amorosas, se sentirán satisfechos con la obra, pues al fin y al cabo, los constructores, los ingenieros del ferrocarril fueron seres de carne y hueso que cumplieron con los preceptos bíblicos de conocerse, amarse y reproducirse. Por otra parte, no se le podría pedir a un escritor, por más historiador que fuese, que nos contase la historia de Francia sin mencionar a la Pompadour ni que al analizar la figura de Manuel Amador Guerrero omitiesen mencionar el valor que le inspiró su esposa Doña María. En fin, algunos lectores preferirán la lucha de la tecnología contra la naturaleza y otros se decantarán por el amor que en tiempos del oro en California iluminó dulcemente a quienes facilitaron el camino para llegar a ese destino.
Queremos invitar, aunque deberíamos decir retar, a Juan David Morgan, para que como hombre inteligente, se reponga pronto del éxito que tendrá "El caballo de Oro" y que comience una nueva tarea de tejedor de argumentos y nos cuente, en ese ritmo de novela histórica o de historia novelada que le es característico, las aventuras del pirata Henry Morgan que le llevaron desde Jamaica hasta el Castillo de San Lorenzo, el cual una vez capturado, le sirvió de punto de partida para remontar el Chagres hasta empalmar con el camino de Cruces y de allí descender suaves colinas hasta la ciudad de Panamá en aquel verano fatídico de 1671. Aunque mi gusto es lo histórico, le perdonaremos que nos cuele por las rendijas de la trama, alguna historia de amor, a lo mejor de un pirata inglés con una criolla. Ignoro si hay parentesco alguno entre Henry, --pirata para los españoles, Sir para los ingleses-y Juan David Morgan, pero sin subirme a las ramas de ambos árboles genealógicos, se me hace que vienen, en distintas épocas desde luego, de Aberyswith en la vieja Gales. Ojalá que la historia y la literatura los reúna, para bien de los lectores, con cuatro siglos de por medio.
La funcionaria explicó que en la región metropolitana hay tres corregimientos con rangos altos (Ancón, Juan Díaz y San Francisco) que se encuentran por arriba del 5.0% de infestación.
En el corregimiento de Ancón existen condiciones especiales como lo es el hecho de tener gran cantidad de bosques, lo que complica la situación.
En el corregimiento de Juan Díaz, la mayoría de las personas reconocen la importancia de la lucha contra el mosquito, pero todavía hay algo de incredulidad porque no se ha vivido una epidemia de dengue, como sucedió en Costa Rica, donde hay más de 30, 000 casos de dengue e incluso muchas personas hospitalizadas.
Recientemente la alcaldía, en conjunto con Salud, desarrolló el operativo de aseo "Muerte al dengue", el cual visitó, unos 23, 000 hogares, impuso multas por el orden de los B/. 379, 770 y retiró de las calles más de 1, 215 toneladas de basura.
Este esfuerzo conjunto entre la alcaldía y Salud logró disminuir los altos índices de proliferación del mosquito transmisor del dengue que amenazaba a la población panameña, aunque persisten los ciudadanos inconscientes que no cooperan.
Para mi gusto, prefiero una historia bien narrada a una buena novela, aunque sea de índole histórica. Ahora bien, si la novela, en los hechos que describe, es fiel a lo acontecido, es decir, a la historia, y si además es contada con el toque mágico de la literatura, entonces su lectura se transforma en un gozo para el conocimiento y un placer para el espíritu.
Juan David Morgan es ya un veterano escritor- dejo constancia de que no he dicho escritor veterano- que ha incursionado con éxito en temas históricos. En "Cicatrices inútiles" expresa con dolor patriótico los hechos de una invasión que pudo haber sido evitada sin que por ello se hubiese imposibilitado el retorno a la democracia. "Entre el cielo y la tierra" describe la vida y pasiones de Monseñor Jované, mientras el trasfondo político de ese convulsionado siglo XIX es el que a mi juicio late con más fuerza en la novela, porque cada lector ve lo que mejor siente y lo que más le gusta en una obra.
Es sin embargo, en "Ardientes fulgores de gloria", donde a mi juicio se consolida la vocación historicista de este novelista. Todos los hechos históricos que se desgranan en cada uno de los capítulos, algunos inéditos para el público, fueron escritos luego de intensas investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos, en Colombia, en Francia y en Panamá. Su enfoque sobre la actuación de los próceres, ha sido objeto de sabrosas e interesantes discusiones, porque como todos sabemos, hay corrientes que reducen o escatiman méritos a los próceres, haciendo nacer a la república en Wall Street y en un despacho de abogados conocido como Sullivan & Cromwell y otras, entre las que me encuentro, que consideramos que había un sentimiento nacionalista previo a 1903 y que los padres fundadores hicieron lo que debían en el momento preciso y que nos dejaron en herencia una patria, con dificultades es cierto, pero la lucha que se emprendió para vencerlas no hizo sino fortalecer nuestra identidad como Nación.
La corona que Juan David ha venido tejiendo desde su primera novela, tiene ahora otra joya y me atrevería a decir que no será la última. Se trata de "El caballo de Oro" y no haré comentarios sobre la misma porque excelentes escritores se han encargado de su presentación, y además, porque estoy parcializado por la amistad que me une con el autor. Me conformaré con decir que el que quiera conocer los orígenes del primer ferrocarril que unió dos océanos, el financiamiento de la magna obra, las luchas para vencer los obstáculos de esta tierra cálida, lluviosa, insalubre, selvática y muy poco desarrollada a mediados del siglo XIX, debe leer esta novela y conocer a quienes la construyeron a riesgo de su salud y en muchos casos a costa de sus vidas. Es preciso decir que si bien el esqueleto de la novela es la historia, rigurosamente cierta y bien contada y para mi gusto lo más importante, lo que en inglés se denominaría "the emotional flesh", emana como un torrente de la fértil imaginación del autor, para quien la literatura no es una huída de la realidad, sino su correlato, tan importante y peligroso como ella misma. En otras palabras, a los que nos apasiona la historia, nos gusta y emociona el recuento de los hechos reales. A los que les gusta, y están en su derecho, las narraciones amorosas, se sentirán satisfechos con la obra, pues al fin y al cabo, los constructores, los ingenieros del ferrocarril fueron seres de carne y hueso que cumplieron con los preceptos bíblicos de conocerse, amarse y reproducirse. Por otra parte, no se le podría pedir a un escritor, por más historiador que fuese, que nos contase la historia de Francia sin mencionar a la Pompadour ni que al analizar la figura de Manuel Amador Guerrero omitiesen mencionar el valor que le inspiró su esposa Doña María. En fin, algunos lectores preferirán la lucha de la tecnología contra la naturaleza y otros se decantarán por el amor que en tiempos del oro en California iluminó dulcemente a quienes facilitaron el camino para llegar a ese destino.
Queremos invitar, aunque deberíamos decir retar, a Juan David Morgan, para que como hombre inteligente, se reponga pronto del éxito que tendrá "El caballo de Oro" y que comience una nueva tarea de tejedor de argumentos y nos cuente, en ese ritmo de novela histórica o de historia novelada que le es característico, las aventuras del pirata Henry Morgan que le llevaron desde Jamaica hasta el Castillo de San Lorenzo, el cual una vez capturado, le sirvió de punto de partida para remontar el Chagres hasta empalmar con el camino de Cruces y de allí descender suaves colinas hasta la ciudad de Panamá en aquel verano fatídico de 1671. Aunque mi gusto es lo histórico, le perdonaremos que nos cuele por las rendijas de la trama, alguna historia de amor, a lo mejor de un pirata inglés con una criolla. Ignoro si hay parentesco alguno entre Henry, --pirata para los españoles, Sir para los ingleses-y Juan David Morgan, pero sin subirme a las ramas de ambos árboles genealógicos, se me hace que vienen, en distintas épocas desde luego, de Aberyswith en la vieja Gales. Ojalá que la historia y la literatura los reúna, para bien de los lectores, con cuatro siglos de por medio.
La funcionaria explicó que en la región metropolitana hay tres corregimientos con rangos altos (Ancón, Juan Díaz y San Francisco) que se encuentran por arriba del 5.0% de infestación.
En el corregimiento de Ancón existen condiciones especiales como lo es el hecho de tener gran cantidad de bosques, lo que complica la situación.
En el corregimiento de Juan Díaz, la mayoría de las personas reconocen la importancia de la lucha contra el mosquito, pero todavía hay algo de incredulidad porque no se ha vivido una epidemia de dengue, como sucedió en Costa Rica, donde hay más de 30, 000 casos de dengue e incluso muchas personas hospitalizadas.
Recientemente la alcaldía, en conjunto con Salud, desarrolló el operativo de aseo "Muerte al dengue", el cual visitó, unos 23, 000 hogares, impuso multas por el orden de los B/. 379, 770 y retiró de las calles más de 1, 215 toneladas de basura.
Este esfuerzo conjunto entre la alcaldía y Salud logró disminuir los altos índices de proliferación del mosquito transmisor del dengue que amenazaba a la población panameña, aunque persisten los ciudadanos inconscientes que no cooperan.
El corregimiento de Juan Díaz tiene un nivel de 7.9% de infestación; luego sigue Ancón, con un 7%; y San Francisco, con 6.8%.
El programa de Navidad sin dengue se realizará en los 21 corregimientos del distrito de Panamá.
Panameños reconocen el problema del dengue, sin embargo, no toman conciencia.