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Cuidado con la soberbia y la violencia (I)


Queridos muchachos y muchachas, la violencia está haciendo estragos en nuestra sociedad y la sangre derramada de Abel por culpa de su hermano Caín clama al cielo. El primer crimen de la humanidad se dio entre dos hermanos por culpa de la envidia, provocada por la soberbia. Les quiero decir hoy que la soberbia ha hecho tanto daño a la humanidad, quizá más que cualquier otro pecado.

El creerme Dios y actuar despreciando a los demás porque los considero inferiores a mí, ha causado y sigue causando graves problemas. El soberbio, el orgulloso de lo que es, considerándose por encima de otros, busca que le rindan adoración. Siempre cree que tiene la razón y que es el único ser pensante en su grupo. Siempre genera conflictos y divisiones y busca echar abajo al que se atreva a enfrentársele o ponerse en el lugar que él ocupa. La soberbia puede extenderse como una plaga y contaminar a todo un país, como en el caso de los imperios o en el de dictadores que oprimen a sus pueblos, o de jefes de empresas que explotan a sus trabajadores, o líderes religiosos que tienen mucho poder y manipulan con el miedo o maridos en las casas que tienen a sus esposas como simples esclavas.

Nuestro Señor Jesucristo se despojó de todo privilegio y poder divino para hacerse como nosotros, y vivió y murió como todo ser humano para traernos la salvación. Jesús es la humildad en grado sumo. No hay en él rasgo de orgullo o soberbia. Jesucristo es nuestra paz, vino a traer paz y reconciliación donde hay conflicto y rivalidad; a derribar los muros del odio que por la soberbia nos separan de nuestros hermanos. En Cristo no existen diferencias ni divisiones entre esclavos y libres, judíos y griegos, hombres o mujeres, por un lugar en la sociedad. Todos somos uno en Cristo Jesús y El es nuestra paz. Dios nos creó para vivir en paz y armonía, para la comunicación y la comunión como hermanos. Desde el principio, el ser humano fue creado por Dios para vivir en armonía. Pero Adán y Eva quisieron ser como dioses, cayeron en el pecado de la soberbia y nos apartaron del corazón de Dios.

(Sigue el próximo sábado)

101 años de Panamá América

 
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