Cultura ambiental y desarrollo en Panamá
En lo que va del 2004, he contado más de un centenar de noticias relacionadas con el deterioro de la calidad del medio ambiente natural en el que desenvolvemos nuestra vida colectiva. Lo que está ocurriendo en Darién es espantoso, ello es indicativo de una total falta de cultura ecológica o ambiental por parte de la gran mayoría de los panameños. Sin embargo, no hay que confundir cultura ecológica con ecologismo; esta última acepción es una versión politiquera e ideológica, anticapitalista que no lleva a nada que no sea atraso y radicalismo fatuo.
Cultura ambientalista o ecológica es una actitud positiva hacia el cuidado y consideración del medio natural (fauna, flora, agua, aire, etc.), con el fin específico de lograr un desarrollo adecuado de los espacios vitales humanos en consonancia con el progreso económico.
Panamá está a años luz de lograr una consciencia social sobre el problema de la contaminación ambiental, el deterioro de la calidad de vida y la salud de la población. Irrespetar la naturaleza y contaminar el medio ambiente es no tener consideración con la propia salud y vida, y eso ocurre en el país todos los días. Las urbanizaciones que se construyen sin planificación alguna junto a la desidia de los pobladores, propician las condiciones para inundaciones y desastres naturales.
La mayoría de las barriadas se hacen de puro cemento y no se ve un solo árbol a varios kilómetros a la redonda. Lo que importa es apiñar las casas y ganar espacio para lucrar con el permiso de las autoridades. El "juega vivo" cuesta caro al final.
En ríos, quebradas, bosques y llanuras se lanzan toneladas de basura y tóxicos que afectan cada vez a más panameños. Los casos de Pacora, Chepo, los bosques del Parque Metropolitano, en plena capital, llenos de desperdicios, es una cara de nuestra propia degradación social. Son reflejo de la ignorancia y el subdesarrollo que nos atora.
Desde los vehículos he visto día tras días como gente sin consciencia tira toda clase de basura. Los gobiernos tampoco respetan los entornos naturales, a pesar de ser esto un gran activo para la competitividad económica de Panamá a nivel mundial, al permitir la explotación sin escrúpulos de zonas de bosques y aledañas a fuentes de agua.
Las fuentes de energía solar y eólica deberían ser en un país con visión desarrollista, una alternativa al consumo de combustibles. Ello se lograría si se valorara más a los profesionales y estudiantes de las universidades y a la inversión privada internacional que han presentado múltiples estudios sobre mejoramiento de la calidad y costos de las alternativas de energía.
Lo que sucede en Panamá, es que las coimas de los funcionarios van primero, lo cual aleja cantidades enormes de capital a invertir en este tipo de proyectos. Es el derecho a ser pobres que tenemos aquí. Por eso creo que resulta mejor dejar las áreas de bosques donde están los explosivos que dejó el ejército de Estados Unidos como zonas vedadas al uso humano, y aprovecharlas como reservas naturales. La depredación que los propios panameños hacen del ambiente convertiría esas zonas, de estar limpias de detonantes, en otro escenario de lacra mental y deterioro social.
El aspaviento nacionalista sobre la limpieza de los polígonos es el preludio de un desastre ecológico. El orgullo y el ego político de cuatro "cabezas calientes" queda sin sentido bajo la perspectiva ambientalista y desarrollista.
Hay quienes tratan de ideologizar el asunto demonizando a Estados Unidos por haber dejado los explosivos haciendo un recuento de los muertos, que son poquísimos, en las áreas de marras. Por eso no nos respetan a nivel internacional. Que si murió zutano porque tenía hambre y fue a buscar comida precisamente en zonas donde nuestros gobiernos locales, que para eso deberían servir, tienen que avisar que son áreas de peligro. Es más, algunas víctimas lo sabían.
Es hora (y por lo menos algo se está haciendo en la juventud por parte del Ministerio de Educación) de crear consciencia ecológica y empezar a respetarnos como nación desde ese aspecto de cultura.
Cultura ambiental y desarrollo económico no son incompatibles, y ello toca a un proyecto de gran envergadura como es la ampliación del Canal de Panamá que, de ser necesaria, no debe causar estragos de tipo ambiental como inundar miles de hectáreas del territorio y desplazamientos excesivos de pobladores.
Cultura ambientalista o ecológica es una actitud positiva hacia el cuidado y consideración del medio natural (fauna, flora, agua, aire, etc.), con el fin específico de lograr un desarrollo adecuado de los espacios vitales humanos en consonancia con el progreso económico.
Panamá está a años luz de lograr una consciencia social sobre el problema de la contaminación ambiental, el deterioro de la calidad de vida y la salud de la población. Irrespetar la naturaleza y contaminar el medio ambiente es no tener consideración con la propia salud y vida, y eso ocurre en el país todos los días. Las urbanizaciones que se construyen sin planificación alguna junto a la desidia de los pobladores, propician las condiciones para inundaciones y desastres naturales.
La mayoría de las barriadas se hacen de puro cemento y no se ve un solo árbol a varios kilómetros a la redonda. Lo que importa es apiñar las casas y ganar espacio para lucrar con el permiso de las autoridades. El "juega vivo" cuesta caro al final.
En ríos, quebradas, bosques y llanuras se lanzan toneladas de basura y tóxicos que afectan cada vez a más panameños. Los casos de Pacora, Chepo, los bosques del Parque Metropolitano, en plena capital, llenos de desperdicios, es una cara de nuestra propia degradación social. Son reflejo de la ignorancia y el subdesarrollo que nos atora.
Desde los vehículos he visto día tras días como gente sin consciencia tira toda clase de basura. Los gobiernos tampoco respetan los entornos naturales, a pesar de ser esto un gran activo para la competitividad económica de Panamá a nivel mundial, al permitir la explotación sin escrúpulos de zonas de bosques y aledañas a fuentes de agua.
Las fuentes de energía solar y eólica deberían ser en un país con visión desarrollista, una alternativa al consumo de combustibles. Ello se lograría si se valorara más a los profesionales y estudiantes de las universidades y a la inversión privada internacional que han presentado múltiples estudios sobre mejoramiento de la calidad y costos de las alternativas de energía.
Lo que sucede en Panamá, es que las coimas de los funcionarios van primero, lo cual aleja cantidades enormes de capital a invertir en este tipo de proyectos. Es el derecho a ser pobres que tenemos aquí. Por eso creo que resulta mejor dejar las áreas de bosques donde están los explosivos que dejó el ejército de Estados Unidos como zonas vedadas al uso humano, y aprovecharlas como reservas naturales. La depredación que los propios panameños hacen del ambiente convertiría esas zonas, de estar limpias de detonantes, en otro escenario de lacra mental y deterioro social.
El aspaviento nacionalista sobre la limpieza de los polígonos es el preludio de un desastre ecológico. El orgullo y el ego político de cuatro "cabezas calientes" queda sin sentido bajo la perspectiva ambientalista y desarrollista.
Hay quienes tratan de ideologizar el asunto demonizando a Estados Unidos por haber dejado los explosivos haciendo un recuento de los muertos, que son poquísimos, en las áreas de marras. Por eso no nos respetan a nivel internacional. Que si murió zutano porque tenía hambre y fue a buscar comida precisamente en zonas donde nuestros gobiernos locales, que para eso deberían servir, tienen que avisar que son áreas de peligro. Es más, algunas víctimas lo sabían.
Es hora (y por lo menos algo se está haciendo en la juventud por parte del Ministerio de Educación) de crear consciencia ecológica y empezar a respetarnos como nación desde ese aspecto de cultura.
Cultura ambiental y desarrollo económico no son incompatibles, y ello toca a un proyecto de gran envergadura como es la ampliación del Canal de Panamá que, de ser necesaria, no debe causar estragos de tipo ambiental como inundar miles de hectáreas del territorio y desplazamientos excesivos de pobladores.