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Cultura de la satisfacción


Satisfacer es la finalidad que buscamos en el ejercicio de algunos actos vitales. Es lo normal . Es como seguir los naturales impulsos legítimos. Satisfacer la vista contemplando un atardecer o un cielo estrellado. Satisfacer un deseo de descansar, retirándote al campo, al silencio, a la tranquilidad. Satisfacer anhelos espirituales rezando en un grupo de oración, o participando en una procesión famosa como es la peregrinación al Cristo de la Atalaya. O viendo por televisión un juego de la Champion League o el Campeonato de la UEFA, o el Campeonato Mundial de Base Ball, o ir a escuchar algún orador invitado impuesto en algún tema que te interesa por su actualidad o porque sientes un vacío histórico o cognosctivo que quieres llenar. Satisfacer escuchando buena música o un film instructivo. Satisfacer un interrogante sobre tu salud y vas a ver al médico especialista a fin que te ubique por donde andas en los aspectos más frágiles de tu salud.
Saciar un apetito, una pasión. Dar solución a una duda o a una dificultad. Cumplir, llenar ciertos requisitos o exigencias . Premiar enteramente y con equidad los méritos que se tienen hechos. Incluso , satisfacer es pagar enteramente lo que se debe. Hacer que una obra que merezca el perdón de la pena debida. Sosegar y inquietar las pasiones del animo. Y en nuestro catecismo, hablamos de una de las tres partes del sacramento de la reconciliación que consiste en pagar con obras de .penitencia la pena debida por las culpas cometidas. De todo lo dicho, aunque en nuestros países en donde existe inequidad social y hay pobreza y mala distribución de la riqueza, nuestros paisanos parecen instalados en lo que han llamado la "Cultura de la Satisfacción" que influye decididamente en el creciente desinterés por las cuestiones religiosas.. En la parábola de los invitados a las bodas (Lc. 14,15) fueron precisamente los ricos y poderosos los satisfechos, quienes no respondieron a la invitación, porque no creían tener la necesidad de salvación. Pensarían tengo mi salvación en mi bolsillo y qué?
Todos necesitamos de Dios, tanto ricos como pobres. Ahora es muy difícil que entre los pobres se desarrollen actitudes de autosuficiencia. Es más bien raro, aunque no faltan casos de cómo dice el libro de los proverbios: Pobre y soberbio.
El acaudalado está tan seguro de sí mismo que no necesita apoyarse en Dios. Lo sepa o no, está apoyado en sus riquezas. Quienes no tienen nada y tienen fe, se apoyan en Dios y que quien posee riquezas se apoya en ellas, que por cierto se acaban. Los pobres por el contrario, como no pueden apoyarse en el dinero, sienten espontáneamente la necesidad de poner su confianza en Dios. Afirmaba un filósofo, "He aquí que la miseria que enseña a orar esto nada tiene que ver con la religión como opio del pueblo. Es sencillamente, que la situación de la pobreza sociológica se convierte en un sacramento de la pobreza ontológica".
Es obvio que a partir del hiper-desarrollo técnico que se vive cada día, nos preocupe más la posiblidad de pasearse por la Luna, de sustituir en el cuerpo humano los órganos que se deterioren y de modificar nuestro patrimonio genético. Pronto seremos capaces, de arrebatar a la naturaleza el secreto más grande y profundo: la creación de la famosa oveja Dolly y como añadió alguien :"Hoy la oveja , mañana el pastor". El hombre jugando a "diosecillo" y la tentación más grande con sicología de diosecillo es prescindir de Dios.
Satisfacer estas ambiciones y otras similares per se no tienen en si nada de pecaminoso , lo que se observa es precisamente esa tendencia a jugar a Dios , y por tanto con tono displicente y arrogante referirse a lo religioso como algo en lo que no vale la pena gastar mucho tiempo. Sin embargo, tenemos que reconocer que no podemos generalizar ya que tenemos entre nosotros gente muy consagrada que dan de su tiempo y de su talento y sobre todo de sus bolsillos, como es Pro-Fe, para ayudar a las obras que en terreno de misión y de marginalidad lleva a cabo la comunidad creyente que llamamos Iglesia Católica, como otra expresión de esa cultura de la satisfacción bien entendida.

101 años de Panamá América

 
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