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Cultura de mercado


Para que el mercado funcione adecuadamente es necesario tener las reglas establecidas y una institución con credibilidad que las haga cumplir. En Panamá, se puede decir que las reglas están claras en la Ley 29 de 1996 y que la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) ha desarrollado una extensa labor resolviendo denuncias, controversias e infracciones a las reglas de competencia y protección al consumidor.
No obstante, una condición determinante para que los mercados funcionen bien es que el comportamiento de los agentes económicos no debe depender exclusivamente de las reglas existentes, sino que obviamente ellos necesitan conocerlas primero, pero también entenderlas y aún aceptarlas.
Douglas North, Premio Nobel de Economía, ha escrito extensamente sobre la relación entre las reglas que delimitan el comportamiento de los agentes económicos y los resultados que la economía puede obtener del funcionamiento de los mercados. Lo importante a resaltar en este caso es que las llamadas reglas informales (códigos de conducta, normas sociales, prácticas comerciales, etc.) que en gran medida dependen de aspectos como los valores o las ideologías, son tan o más importantes que las reglas (básicamente la Constitución y las leyes).
La gente no se contiene de robar sólo debido a la acción policial y judicial. Hay muchas ocasiones en que probablemente existe la casi certeza de no ser descubierto o por lo menos de no ser sancionado por los mecanismos legales correspondientes. Sin embargo, muchas personas aún en esta circunstancia decidirían no robar. La existencia de las reglas informales explica este comportamiento. No sería difícil argumentar que las evidentes limitaciones que tiene un Estado para monitorear todo lo que hace cada uno de los agentes determinan que el cumplimiento de las reglas informales sea clave para controlar este tipo de comportamiento.
Es más, una regla formal puede quedar en el papel si no hay una regla informal que la respalde. Si es generalizada la creencia de que cuando es seguro se puede pasar una luz roja, aún cuando exista una norma que expresamente lo prohíba, ésta será incumplida continuamente.
Para clarificar aún más la idea, una frase que se usa comúnmente es que las primeras impresiones son importantes. Cuando conocemos a una persona por primera vez, inevitablemente nos formamos una impresión de ella, probablemente errada e injusta pues en base a una relación de unos minutos concluimos qué tipo de persona es. Si efectivamente estamos errados, nos tomará mucho tiempo, muchas experiencias para borrar esa primera impresión. Esta es la misma idea que se quiere transmitir cuando se habla de la supervisión de las reglas informales.
De esta reflexión se desprende que cuando cambia el sistema económico y comienzan a regir nuevas reglas, aún si el sistema ha sido exitoso en otras economías, aún si estas reglas no son algo nuevo no probado sino que ya rigen en otros países por mucho tiempo, no se puede esperar que los agentes lo hagan, pero no se puede esperar lo mismo de la generalidad de los agentes.
En Panamá es razonable que un gran número de empresarios no hayan "internalizado" las nuevas reglas. Muchos pueden creer que es perfectamente válido la colusión para enfrentar la competencia extranjera o, dado el caso, evitar quiebras.
Miembros del gobierno y políticos no necesariamente entienden los límites del nuevo papel del Estado. Probablemente pueden pensar que las regulaciones efectivamente generan un beneficio deseado, cuando en la realidad lo que alteran es la libre competencia. En este caso la regulación sería más bien perjudicial.
El modelo de libre competencia tiende a generar como resultado el uso eficiente de los recursos, logrando un mayor bienestar para los consumidores. Las empresas de éxito son las que son capaces de satisfacer mejor a los consumidores o, en otras palabras, la decisión de compra de éstos determina el destino de las empresas. Este importante papel de los consumidores, sin embargo, es todavía asumido de manera limitada en Panamá. Existe un caso que, si bien es una simple anécdota, es muy revelador de la situación extrema que existió. Una persona se acerca a la CLICAC a reclamar que la misma tienda le había estado vendiendo a precios altos y ella ni siquiera se le ocurrió ir a comprar a una distinta.
Obviamente, un elemento importante que explica todo esto es el marco institucional que prevaleció en Panamá por décadas. El gobierno intervenía profusamente en la economía; los precios estaban controlados; acuerdos entre productores eran algo natural, aún con el mismo gobierno; y en consecuencia, la competencia era reducida y los consumidores no estaban acostumbrados a escoger y hacer valer sus derechos.
Para los agentes económicos el cambio de sistema genera inevitablemente costos, ya que el cambio implica una reorientación de los recursos y de las inversiones. Esto añade ciertamente mayor dificultad a la aceptación de las nuevas reglas. Lo que resulta claro es que ninguna agencia de competencia puede estar en capacidad de detectar y corregir cada una de las posibles infracciones. Uno no puede exclusivamente con la sanción desincentivar cierto comportamiento. Como ya se dijo, las personas no dejan de robar simplemente por las acciones de la policía y el aparato judicial. ¿Qué hacer entonces?
Resulta ineludible que hay una cultura a ser cambiada; que las reglas y su aplicación no bastan; y que los agentes necesitan de una capacitación intensiva para cambiar los parámetros de análisis que utilizan. El tema de la cultura de mercado tiene incluso implicaciones para otros temas nacionales; es un factor a considerar en otras regulaciones del Estado y en la aplicación de una política arancelaria coherente.
Definitivamente, la necesidad de inducir al desarrollo generalizado de una cultura de mercado y de competencia entre los agentes no puede ser ignorado. Pensar que basta contar con una buena legislación y una buena agencia de competencia puede constituir un grave error. Lo que impera es que los agentes cumplan con las reglas, no sólo porque saben que lo pueden sancionar, sino porque les nace cumplirlas, porque las reglas tienen contenido valorativo y una cultura de la competitividad.

101 años de Panamá América

 
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