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Cultura musical, cómo nos afecta


El esencial núcleo de la cultura consiste en las ideas tradicionales y en los especiales agregados de sus valores. Pero los que observan la cultura, no ven las ideas o valores, sólo cómo la gente vive, cómo se viste, qué música escucha. Panamá, con distintas razas y nacionalidades, ha creado islas culturales separadas, sus aportes al compartimiento generan ideas dentro de sus culturas. Sus valores son los refuerzos que aparecen cono aporte a esa cultura.
Nuestra cultura estuvo por muchos años expuesta a lo que nos presentaban los "zonians" (norteamericanos parias en nuestro territorio), creando una comunidad comunista militarizada y dirigida por el gobierno de EU que nos llevó al caos, derrumbándose con una invasión de su propio gobierno.
El amante de la música necesariamente no posee suficiente erudición de la música. La mayoría es incapaz de analizar una sinfonía. Poseen un conocimiento de escuchar sólo la música que ellos disfrutan. Esto quiere decir que la han escuchado muchas veces, para que las principales melodías se les hagan familiares. ¡Entre más la escuchan, más les gusta, sea buena o mala! Esta costumbre la inculcan los programas de radio y televisión Si estos medios repiten mala música constantemente, la audiencia asume una cultural definitiva al escucharla. La cultura musical la inculcan los medios, más que el hogar o la escuela.
El esparcimiento con la música difiere con el cine. Al ver una película por primera vez, nos impacta; el espectador la entiende y la disfruta, pero al verla por segunda o tercera vez, va disminuyendo su interés. La música es total mente lo opuesto. Una composición musical no será percibida al escucharla por primera vez; sólo escuchándola repetidas beses es cuando asumen un definido sentido, y esto es parte de la educación cultural de la persona, quien en esencia es un participante de la música que escucha: ¡El es vulgar si la música que escucha lo es también¡
Es un crimen contra la cultura de nuestra juventud mantener en los medios la repetición de un escandaloso orden musical. Hay muchas razones para que nos guste o disguste la música que escuchamos. Pero cuando estás en un autobús ("Diablo Rojo"), el conductor te obliga a escuchar una música con sonidos desorbitados demostrando que la cultura de ese pobre conductor no está muy bien. A personas como éstas no les llega la música, no la han contactado y es necesario contactarla, y no en el ambiente de un bus donde estamos apiñados como sardinas en lata.
El ciudadano que se transporta a diario en un "Diablo Rojo" está expuesto a que su cultura sea degradada. Para escuchar música es necesario un buen ejecutor, esencial para el goce del oyente; y un lugar adecuado, como una sala de concierto. En una discoteca, la juventud moviliza la música con su brincos. Más o menos lo mismo sucede con el cambio del violín al acordeón en la música típica. ¡El acordeonista brinca más de lo que toca! Y las jóvenes, cuando interpretan el canto, ¡se menean más que lo que cantan! Si escuchamos la repetición de una pieza musical, una y otra vez, nos acostumbramos y nos convertimos parte de ella, afectando nuestra cultura.
Estuve presente en el primer Concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Panamá, bajo la dirección del Dr. Eduardo Charpentier De Castro. Para mi sorpresa, la audiencia que asistió al Paraninfo Universitario fue total. Estaba repleto de personas adultas de todos los niveles de nuestra sociedad. Conversé con el S.E. Shuji Shimokoji, embajador de Japón, cuyo gobierno donó B/. 300,000.00 en equipo instrumental, sin embargo noté la ausencia de la juventud en este concierto tan significante para la cultura universitaria y panameña. ¡En hora buena! Sr. Rector Gustavo García De Paredes, Dr. Eduardo Charpentier y a todos los ejecutantes en esa noche histórica para Panamá. ¡Así se mejora la cultura! Se tiene que orientar al ciudadano para que escuche una mejor calidad de música basada en ideas y valores.

101 años de Panamá América

 
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