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Cultura política amarga


No sé cuál es la razón para que una parte de la comunidad panameña se sobresalte ahora por efecto de una supuesta intromisión del Ejecutivo en el poder judicial. Hoy parecen sorprendidos de las acciones de este gobierno parte de la sociedad civil, como son algunos medios de comunicación cuyos periodistas parecen desconocer las bondades del pensamiento crítico, al igual que sociedades de comercio, cruzada civilista, partidos de oposición, etc., que se quedan estupefactos ante lo que verdaderamente, sin ánimo de contradecirlos o de estar del lado de los que gobiernan, es una práctica “sine qua nom” que hace parte de nuestra cultura política. ¡Qué verdad más amarga! Si mal no recuerdo, desde 1903 a la fecha todos los gobiernos de Panamá colocan sus fichas para gobernar libremente. No sé si para gobernar bien o mejor, pero la ignominia del ser humano político siempre será contradecir al opositor. De hecho, en estos últimos gobiernos recientes, después de la invasión, y antes de los dictadorcitos del PRD, todos han seguido el camino de la costumbre política de poner en los puestos claves a sus allegados. ¿Por qué?, porque si lo dejan a la libre postulación, los que llegan de esta forma democrática o virtual, si fueran del colectivo político opositor al gobierno, actuarían como tales, sin afecto a la ley; sus actitudes de seguro, serían tendenciosas, de lo contrario pecarían de mal partidarios.

Nuestro apego a la Constitución y a las normas morales no contempladas en leyes y decretos, es la obligación de todo buen político y ciudadano, pero por supuesto que debe ocurrir en un país de mucha educación con valores bien asentados, que permita la transparencia sin tener que supeditarse a un mandato político.

El problema nuestro es que actuamos por bancadas. Palabra esta repugnante que es utilizada sin miramientos y sin vergüenza, especialmente por los diputados de la Asamblea Nacional y aplicada de cierta forma por el gobierno central cuando decide continuar casi obligatoriamente con el concepto ese cultural que se torna un círculo vicioso aceptado casi por todos. Entonces, sigo sin saber cuál es la queja de unos, especialmente de los opositores de cada gobierno, que como curas, no se acuerdan cuando eran sacristanes.

Mientras no aceptemos que existen obstáculos, como la corrupción política, dentro de un subterráneo de aceptabilidad, que desafía a los valores democráticos, y mientras no aceptemos estar más interesados en encontrar la verdad que en tener la razón cuando se está en oposición política, jamás podremos subsanar la continuidad de las malas prácticas que apoyan los gobernantes de turno y critican los opositores del momento. Como dijo el otro, mientras no adecentemos la cosa pública a través de una Constituyente pura, aguantémonos el “huaqueo”.

101 años de Panamá América

 
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