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Cultura popular


Unas décadas atrás, decir cultura popular era un contrasentido. El concepto cultura popular irrumpe debido en gran parte al desarrollo de la Antropología Cultural, que es una disciplina joven y por ello carente de la madurez que la precisión de conceptos exige. Es preferible esclarecer su contenido contraponiéndolo al de otros tipos de cultura que se dan en una colectividad como son las culturas elitistas, académica y oficial. Quienes tienen posiciones hegemónicas provenientes del control de los poderes político y económico y que en consecuencia controlan y manejan el orden establecido deciden lo que es y debe ser cultura y lo que no es cultura, a la vez que conforman las estrategias de los poderes para llevar adelante acciones culturales. Por ende, cultura popular es la no elitista, la no académica y en muchísimos casos no oficial que se da en un país o región.
La distinción entre cultura popular y elitista es insuficiente, de manera especial en países como el nuestro y la mayor parte de los latinoamericanos que se han conformado luego de un proceso de dominación con la concurrencia de grupos humanos y culturas provenientes de la propia América, Europa y Africa. El ámbito cultural es eminentemente mestizo y a lo indígena que se ha conservado con mayor pureza lo calificamos de vernáculo que no necesariamente se identifica con lo popular. La aceptación de la existencia de una cultura popular en los estamentos estatales y privados con ingerencia en las políticas culturales es cuestión de pocas décadas y se da concomitantemente con la democratización del término cultura, consecuencia de la exposición de la Antropología Cultural. Es así que ganan terreno los términos folklore y folklóricos que tienden a convertirse en rasgos de buen gusto entre algunos excéntricos caballeros y damas de alta sociedad.
La cultura popular tiene sus protagonistas: el pueblo en el sentido amplio de la palabra y estos protagonistas merecen apoyo moral y económico. Es imprescindible que los individuos o comunidades se autovaloren y se sientan orgullosos de sus realizaciones a la vez que dispongan de medios económicos para mantenerse en su mundo de valores. También es fundamental que las actitudes frente a la cultura popular cambien en el gran público. Si el gran público aprende a gozar de la cultura popular, a deleitarse con sus manifestaciones, su peso en la sociedad global crecerá permanentemente.
En los diferentes niveles de articulación social y de las diferentes temporalidades en sus respectivos procesos, ubicamos a la cultura popular en términos sociológicos como la que atraviesa los distintos niveles identificando como un particular modo de producción de cultura, lo que supone particulares condiciones, medios y relaciones sociales de producción cultural. De allí que la cultura popular releva de un modo de producción más colectivo que individual y su principal función sociológica es precisamente reproducir las cohesiones e identidades de un grupo humano. Es por ello importante la fiesta y la celebración como espacio-tiempo de inmersiones colectivas y de intensas socializaciones. Exponente más inmediato del entorno natural y del medio o condiciones de existencia de una sociedad o grupo, la cultura popular representa esa ecología del espíritu imprescindible para la reproducción de un socio-cultura. Ello hace -por ejemplo- que un pueblo no pueda vivir sin el recurso a sus ritos o a la expresión de sus valores y creencias.
La cultura popular privilegia las prácticas sobre los productos, es decir que es más productora de objetos de uso que de objetos de cambio; en este sentido, la cultura popular adopta un carácter sacrificial en su preferencia por lo efímero en detrimento de lo duradero. Lo perenne de la cultura popular se sitúa en los códigos y forma de sus productos y prácticas. La cultura popular, en fin es la combinación artesanal, es decir, combina elementos materiales y significantes heteróclitos, el mestizaje de las formas y el exotismo o barroquismo no sólo representan un patrón estético sino que obedecen también a un principio ético; ya que lo popular se piensa a sí mismo como matriz y crisol de las metabolizaciones sociales de todas las clases, sectores y grupos de un mismo pueblo; o lo que algunas corrientes antropológicas han denominado "personalidad de base" de una sociedad. La cultura popular es un campo que debe pensarse y construirse al margen de una determinada fijación sociológica y no necesariamente identificado con un determinado sector o grupo social.
La cultura popular no puede ser intepretada sino históricamente, en función de los cambios sociales y como parte de ellos. Es por ello que a las desapariciones culturales le suceden nuevas generaciones de cultura; la actitud conservacionista y sus programas de crear reservas culturales, tendientes a inmovilizar no ya las culturas, sino algunos de sus rasgos o componentes en el tiempo y aislarlos en el espacio, al margen de los intensos intercambios de todas las culturas humanas, es a todas luces anti-histórico y anti-sociológico, pues en el nuevo horizonte de lo contemporáneo, hasta lo popular busca cada vez más sus referencias e indicadores de identidad en el futuro y no tanto en el pasado.

101 años de Panamá América

 
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