Cultura y nacionalidad
Las fiestas patrias, en noviembre, siempre han sido propicias para hablar de nacionalidad y tributo a los símbolos de nuestra nación. Pero es un hábito que nos reduce a tan poco y por tan poco tiempo, que vale la pena que meditemos sobre estas costumbres que, lejos de acrecentar el conocimiento sobre nuestra historia, nos opaca sobre las realidades de nuestro pasado y, especialmente, nuestro porvenir.
Es muy grave que las autoridades educativas, los padres de familia, los funcionarios de alta jerarquía e, inclusive, la sociedad panameña en su conjunto, hayan ido poco a poco enmudeciendo a otros sectores culturales que, aunque no representan necesariamente a las mayorías nacionales, ni aspiran a puestos electorales, velan discretamente por el bienestar nacional. Estos actores han sido deliberadamente silenciados de todos los escenarios. De allí el escaso espacio concedido a los intelectuales e historiadores que la sociedad posee. Mucho menos son consultados para conocer y debatir sobre el acontecer nacional. En cambio, cada día son más los improvisados y habituales demagogos políticos que ocupan las primeras planas de los medios en su nefasto afán de figurar ante las cámaras de televisión y la prensa en general para no hablar mucho sin explicar nada, con el agravante de la petulancia del ignorante sabihondo. Es mejor beber del conocimiento del humilde escritor o de aquel pensador que sólo sabe que nada sabe ¡porque le queda tanto por aprender!
Es muy grave que las autoridades educativas, los padres de familia, los funcionarios de alta jerarquía e, inclusive, la sociedad panameña en su conjunto, hayan ido poco a poco enmudeciendo a otros sectores culturales que, aunque no representan necesariamente a las mayorías nacionales, ni aspiran a puestos electorales, velan discretamente por el bienestar nacional. Estos actores han sido deliberadamente silenciados de todos los escenarios. De allí el escaso espacio concedido a los intelectuales e historiadores que la sociedad posee. Mucho menos son consultados para conocer y debatir sobre el acontecer nacional. En cambio, cada día son más los improvisados y habituales demagogos políticos que ocupan las primeras planas de los medios en su nefasto afán de figurar ante las cámaras de televisión y la prensa en general para no hablar mucho sin explicar nada, con el agravante de la petulancia del ignorante sabihondo. Es mejor beber del conocimiento del humilde escritor o de aquel pensador que sólo sabe que nada sabe ¡porque le queda tanto por aprender!