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¿Da la Corte Suprema un buen ejemplo?


En los últimos días de diciembre del año pasado, la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, la magistrada Graciela Dixon, hizo titulares de los periódicos cuando presentó al Pleno del Órgano Legislativo un proyecto de modificaciones al Libro Primero del Código Judicial, con el objeto de introducir reformas legales al régimen de carrera judicial. El mismo no ha recibido atención por parte de los diputados y no parece encontrarse en la agenda de los temas relevantes que deben discutirse en la actual legislatura. Sin embargo, ese anteproyecto de ley va aparejado de una reforma al reglamento de carrera emitido por la Corte Suprema en desarrollo de las reformas legales propuestas (ambos documentos están disponibles en Internet, en el sitio del Órgano Judicial).
De acuerdo con las reformas al reglamento propuestas por la Corte, el nombramiento por concurso es naturalmente para el candidato que obtiene el mayor puntaje, a menos que haya una buena razón para no hacerlo así, de lo que debe dejarse constancia por escrito.
El reciente nombramiento realizado por la Corte Suprema que favorece a la segunda posición de la lista -muy distante de la candidata que, por sus ejecutorias, obtuvo el más alto puntaje- llama la atención porque contradice esta directriz consagrada, además, en un reciente memorando que la propia Dixon hizo circular para que lo tuviesen en cuenta magistrados y jueces al momento de hacer los nombramientos correspondientes.
Evidentemente, la Corte no tiene la intención de respetar ni siquiera sus propias normas y no considera que deba dar el ejemplo a los tribunales inferiores. ¡Pobre institucionalidad la que tiene actualmente la justicia! Su ruta parece que seguirá siendo el amiguismo y el clientelismo.
La afectada es una profesional que tiene estudios y méritos académicos logrados en las mejores universidades europeas. Ojalá que su caso no descorazone a otros que invierten su tiempo y su dinero en darse la mejor formación profesional al más alto nivel de estudios. ¡Qué terrible es la decisión de la Corte Suprema! Es la misma mayoría nefasta de siempre la que sigue dando la peor de las señales sobre lo dañada que está la actual institucionalidad panameña. ¡Y qué daño le hace a la credibilidad de los tribunales!

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