Dad al César lo que es del César
El 11 de octubre de 1968, los militares panameños asumen la conducción del país, tras un golpe de Estado al recién inaugurado gobierno del doctor Arnulfo Arias Madrid, legítimo triunfador de las elecciones de aquel entonces, desconociendo así la voluntad de las mayorías. Una de las consecuencias de esta interrupción del ejercicio democrático, fue que el país comenzó a ser testigo de los esfuerzos sistemáticos del nuevo gobierno por explorar e introducir innovaciones, algunas de las cuales han trascendido el marco histórico que les sirvió de fondo. Dadas las circunstancias de transición que el país vive, nos parece oportuno un comentario para destacar la originalidad en el manejo de algunos de tales cambios que, en una u otra forma, han dejado su huella en el que hacer cotidiano del panameño.
El líder de este proceso, general Omar Torrijos Herrera, fue el hombre muy sensitivo al papel de la burocracia gubernamental. Su hablar pausado, sencillo y directo le facilitaban la comunicación efectiva con los demás. No le gustaba "andar por las ramas" en la consideración de un problema. El procuraba ir al núcleo del asunto y a partir de allí, armaba su esquema conceptual acerca del tema discutido.
Por ejemplo: El no habría dicho "Ante el déficit de vivienda el MIVI tiene planeado construir barriadas periféricas del área metropolitana". El habría dicho: "No nos oponemos a las barriadas periféricas pero, eso sí, necesitamos fortalecer todas las regiones del país dando al sistema de representantes de corregimiento la jerarquía tecnológica, presupuestaria y funcional, que reduzcan la necesidad de que las familias tengan que emigrar a la capital en busca de mejores días para sus hijos". Esa capacidad para opinar acerca de los problemas sociales del país, la obtenía de su incansable "patrullaje doméstico" a lo largo y ancho del Istmo.
A inicios de 1999, se dio a conocer un proyecto de ley elaborado por una comisión interdisciplinaria del Ejecutivo, el cual busca fomentar el desarrollo regional del país, haciendo una distribución más equitativa del presupuesto general del Estado a nivel regional.
Respecto al ejemplo hipotético del MIVI, antes discutido, la ciencia nos enseña que ningún hecho de la realidad está aislado, siempre lo encontraremos como un elemento insertado en una red de causa- efecto. Más amplia. Conocer los segmentos pertinentes de esa red, es uno de los grandes retos que enfrenta el proceso de toma de decisiones moderno.
La comunicación. Por sus profundas implicaciones, nos referimos ahora a la concepción que el general Torrijos tenía acerca de la comunicación: la falta de comunicación, decía él, es el mejor ingrediente para el distanciamiento. La comunicación diaria, aunque sólo sea para saludarse socialmente, garantiza el que no haya distanciamiento entre nosotros. Y sin distanciamiento no hay espacio ni físico, ni espiritual, ni político para que se siembre la duda entre el uno y el otro. Con esa duda comienza a desmoronarse la unidad de un equipo. Pero cinco voluntades juntas constituyen mayoría en cualquier parte. Y más de cinco, mayoría absoluta. Si hay comunicación no hay posibilidad de que el equipo se pueda dividir.
Es necesario insistir en que las soluciones no están en los recursos tecnológicos puestos bajo nuestra responsabilidad, ni en el estudio especializado para detectar las fallas de la organización como tal. Un funcionario inadecuadamente informado y motivado, es una fuente significativa de desgaste marginal de recursos.
Los Tratados Torrijos-Carter. Al ingresar a este complejo mundo de planteamientos, discusiones y acuerdos de las relaciones internacionales, el general Torrijos dejó rápidamente sentado su papel en el proceso de negociación de los Tratados Torrijos-Carter, afirmando que él era solamente un escalón más en la pirámide generacional, quería significar con ello que los Tratados eran producto de las luchas generacionales que se sucedieron en la construcción de nuestra nacionalidad.
Se ubica al general Torrijos en el siguiente diálogo: Ya estaba cansado de lo mismo: Yo quiero que aparezca en acta tal y tal cosa, porque cuando se escriba la historia... bla, bla, bla. Y si seguíamos así no llegábamos a ningún lado. Por eso elimine el papeleo.
El producto de esta coherencia entre la actitud del general y su responsabilidad histórica queda recogido en un despacho del periodista Henry Raymont, originado en California y publicado por El Panamá América del 28 de noviembre de 1999, el cual se basa en una entrevista a Alejandro Orfila, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) durante el período 1974-1984, de la cual presentamos una síntesis:
La firma de los Tratados Torrijos-Carter evitó una posible ruptura del sistema interamericano; las gestiones que realizaron el general Torrijos y el presidente Carter al frente de sus respectivos contactos, culminaron con el solemne compromiso de entregar la Soberanía del Canal de Panamá antes del mediodía del 31 de diciembre de 1999. Destaca Orfila respecto a nuestro embajador en Washington: "Nadie fue más persuasivo en presentar la causa panameña que don Gabriel Lewis Galindo". Fueron él y Torrijos quienes convirtieron la causa panameña en una causa latinoamericana.
El Canal de Panamá, según Alejandro Orfila, no es más que un símbolo. Un símbolo según el cual, el país más fuerte del mundo negocia con uno de los más débiles aceptando la igualdad de condiciones. Este es el gran mérito del Canal de Panamá: "Un señor que se llamaba Omar Torrijos" (Tomado textualmente) negociando con el coloso del Norte en igualdad de condiciones.
Según Orfila, las implicaciones, al menos las hemisféricas, que tienen los tratados consisten en que hoy en día, los Estados Unidos ya no podrán caer en la tentación de actitudes unilaterales. Ellos deben mantener la tradición que quedó establecida en la negociación con Panamá en cuanto a la igualdad de condiciones.
En cuanto a Jimmy Carter, Orfila estima que él surgió como un gran líder al hacer algo que le pareció correcto y que no le rindió beneficio político en el ámbito nacional, hizo lo que hizo porque le pareció que esa era la misión de una gran potencia democrática.
Así concluimos este repaso histórico con el ánimo de que esa vida de acción productiva que fue el general Torrijos, sea un modelo de acción civil constructiva en el medio ambiente gubernamental. El sector público requiere con urgencia, contar con jóvenes visionarios que eleven la jerarquía de la función social del gobierno, una función tal que logre aniquilarlo o debilitar el virus del egoísmo y uno de sus subproductos más peligrosos: la marginación social.
El líder de este proceso, general Omar Torrijos Herrera, fue el hombre muy sensitivo al papel de la burocracia gubernamental. Su hablar pausado, sencillo y directo le facilitaban la comunicación efectiva con los demás. No le gustaba "andar por las ramas" en la consideración de un problema. El procuraba ir al núcleo del asunto y a partir de allí, armaba su esquema conceptual acerca del tema discutido.
Por ejemplo: El no habría dicho "Ante el déficit de vivienda el MIVI tiene planeado construir barriadas periféricas del área metropolitana". El habría dicho: "No nos oponemos a las barriadas periféricas pero, eso sí, necesitamos fortalecer todas las regiones del país dando al sistema de representantes de corregimiento la jerarquía tecnológica, presupuestaria y funcional, que reduzcan la necesidad de que las familias tengan que emigrar a la capital en busca de mejores días para sus hijos". Esa capacidad para opinar acerca de los problemas sociales del país, la obtenía de su incansable "patrullaje doméstico" a lo largo y ancho del Istmo.
A inicios de 1999, se dio a conocer un proyecto de ley elaborado por una comisión interdisciplinaria del Ejecutivo, el cual busca fomentar el desarrollo regional del país, haciendo una distribución más equitativa del presupuesto general del Estado a nivel regional.
Respecto al ejemplo hipotético del MIVI, antes discutido, la ciencia nos enseña que ningún hecho de la realidad está aislado, siempre lo encontraremos como un elemento insertado en una red de causa- efecto. Más amplia. Conocer los segmentos pertinentes de esa red, es uno de los grandes retos que enfrenta el proceso de toma de decisiones moderno.
La comunicación. Por sus profundas implicaciones, nos referimos ahora a la concepción que el general Torrijos tenía acerca de la comunicación: la falta de comunicación, decía él, es el mejor ingrediente para el distanciamiento. La comunicación diaria, aunque sólo sea para saludarse socialmente, garantiza el que no haya distanciamiento entre nosotros. Y sin distanciamiento no hay espacio ni físico, ni espiritual, ni político para que se siembre la duda entre el uno y el otro. Con esa duda comienza a desmoronarse la unidad de un equipo. Pero cinco voluntades juntas constituyen mayoría en cualquier parte. Y más de cinco, mayoría absoluta. Si hay comunicación no hay posibilidad de que el equipo se pueda dividir.
Es necesario insistir en que las soluciones no están en los recursos tecnológicos puestos bajo nuestra responsabilidad, ni en el estudio especializado para detectar las fallas de la organización como tal. Un funcionario inadecuadamente informado y motivado, es una fuente significativa de desgaste marginal de recursos.
Los Tratados Torrijos-Carter. Al ingresar a este complejo mundo de planteamientos, discusiones y acuerdos de las relaciones internacionales, el general Torrijos dejó rápidamente sentado su papel en el proceso de negociación de los Tratados Torrijos-Carter, afirmando que él era solamente un escalón más en la pirámide generacional, quería significar con ello que los Tratados eran producto de las luchas generacionales que se sucedieron en la construcción de nuestra nacionalidad.
Se ubica al general Torrijos en el siguiente diálogo: Ya estaba cansado de lo mismo: Yo quiero que aparezca en acta tal y tal cosa, porque cuando se escriba la historia... bla, bla, bla. Y si seguíamos así no llegábamos a ningún lado. Por eso elimine el papeleo.
El producto de esta coherencia entre la actitud del general y su responsabilidad histórica queda recogido en un despacho del periodista Henry Raymont, originado en California y publicado por El Panamá América del 28 de noviembre de 1999, el cual se basa en una entrevista a Alejandro Orfila, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) durante el período 1974-1984, de la cual presentamos una síntesis:
La firma de los Tratados Torrijos-Carter evitó una posible ruptura del sistema interamericano; las gestiones que realizaron el general Torrijos y el presidente Carter al frente de sus respectivos contactos, culminaron con el solemne compromiso de entregar la Soberanía del Canal de Panamá antes del mediodía del 31 de diciembre de 1999. Destaca Orfila respecto a nuestro embajador en Washington: "Nadie fue más persuasivo en presentar la causa panameña que don Gabriel Lewis Galindo". Fueron él y Torrijos quienes convirtieron la causa panameña en una causa latinoamericana.
El Canal de Panamá, según Alejandro Orfila, no es más que un símbolo. Un símbolo según el cual, el país más fuerte del mundo negocia con uno de los más débiles aceptando la igualdad de condiciones. Este es el gran mérito del Canal de Panamá: "Un señor que se llamaba Omar Torrijos" (Tomado textualmente) negociando con el coloso del Norte en igualdad de condiciones.
Según Orfila, las implicaciones, al menos las hemisféricas, que tienen los tratados consisten en que hoy en día, los Estados Unidos ya no podrán caer en la tentación de actitudes unilaterales. Ellos deben mantener la tradición que quedó establecida en la negociación con Panamá en cuanto a la igualdad de condiciones.
En cuanto a Jimmy Carter, Orfila estima que él surgió como un gran líder al hacer algo que le pareció correcto y que no le rindió beneficio político en el ámbito nacional, hizo lo que hizo porque le pareció que esa era la misión de una gran potencia democrática.
Así concluimos este repaso histórico con el ánimo de que esa vida de acción productiva que fue el general Torrijos, sea un modelo de acción civil constructiva en el medio ambiente gubernamental. El sector público requiere con urgencia, contar con jóvenes visionarios que eleven la jerarquía de la función social del gobierno, una función tal que logre aniquilarlo o debilitar el virus del egoísmo y uno de sus subproductos más peligrosos: la marginación social.