Dañina socialización de la medicina
SOCIALIZAR LA medicina ha sido una aspiración presente en diversos arreglos institucionales a lo largo de la historia. El siglo XX nos enfrentó con un extremo ideológico con la experiencia comunista, pero distintas democracias instrumentan políticas de salud donde el Estado define y limita todo lo que el sector privado puede hacer. Uno de los peores ejemplos es el canadiense, donde está prohibido un tratamiento distinto a diferentes pacientes porque ello viola la concepción igualitaria de la ley.
La OMS ha cimentado y consolidado su misión a partir de esa errada concepción. Así, su principal tarea es hoy intentar controlar y dictaminar lo que los países y los laboratorios farmacéuticos privados pueden investigar y luego producir.
Recientemente se realizaron en Ciudad de México dos importantes reuniones sobre investigaciones médicas, ambas basadas en la llamada "Brecha 10/90", que sostiene equivocadamente que apenas 10% de las investigaciones médicas mundiales se dedican al 90% de las enfermedades que azotan al mundo. La OMS intenta así imponerle a los laboratorios privados lo que deben investigar y cuáles medicamentos sacar al mercado.
El resultado de la medicina socializada canadiense es que los pacientes que pueden pagar no esperan meses para ser tratados por un especialista, sino que cruzan la frontera a Estados Unidos para recibir atención médica inmediata. El socialismo y la intervención gubernamental en la medicina son ineficientes y fomentan la corrupción.
En Argentina y en el resto de América Latina, el principal tema político y económico es la mala asignación y mal aprovechamiento por parte del Estado de los importantes recursos que administra para el gasto social. El sector privado, por su parte, está obligado a incrementar la productividad para subsistir y crecer, brindando mejores servicios a menores precios, pero opera en un ámbito de inseguridad jurídica y de competencia desleal. Paradójicamente, el empresario emprendedor que no se dedica a obtener favores políticos no sólo es el más castigado por impuestos y regulaciones que le impiden desarrollar su potencial, sino que también debe soportar la sospecha y el desprecio de parte de la opinión publica.
En el área de la salud, el Estado tiene una responsabilidad excluyente para sancionar y hacer cumplir leyes y programas, pero regula mucho y controla mal. Consecuentemente, obtiene muy pobres resultados gastando enormes recursos. Por ejemplo, el gasto social en Argentina fue de unos 600 dólares por habitante hasta 2001, pero el 40% de los habitantes del Gran Buenos Aires (área metropolitana de 10 millones de habitantes) carecía de agua potable y el 60% de cloacas. La devaluación ocurrida en diciembre de 2001 impide hacer ahora comparaciones relevantes en dólares, pero sabemos que ha sumido en la pobreza al 50% de la población argentina.
La profunda crisis actual puede brindar una enseñanza clave para la ciudadanía: exigirle al Estado la misma eficiencia y productividad que éste exige al sector privado.
El sector salud es ejemplo relevante de la mentalidad clientelista presente en la región, ya que la prevención, el cuidado y la asistencia son fácilmente trastocados en paternalismo y dádivas. América Latina comprende desde los años 80 que la democracia es el único sistema donde es posible intentar una vida civilizada. En los años 90 aprendimos que la inflación es un impuesto ineficiente e injusto financiado principalmente por los pobres. A comienzos del siglo XXI vamos camino a entender que el crecimiento no es genuino si se financia con un creciente endeudamiento externo y el desarrollo económico se hace inalcanzable si persiste una mala asignación de recursos económicos.
En Estados Unidos, el costo de la atención médica muestra un incremento anual de 12% en los últimos años, muy por encima del crecimiento del PIB. Por lo tanto, el creciente costo de la salud hace imprescindible la transformación urgente del sector en América Latina, para que un manejo eficiente permita proteger a la población.
(*) Médico cirujano argentino www.aipenet.com
La OMS ha cimentado y consolidado su misión a partir de esa errada concepción. Así, su principal tarea es hoy intentar controlar y dictaminar lo que los países y los laboratorios farmacéuticos privados pueden investigar y luego producir.
Recientemente se realizaron en Ciudad de México dos importantes reuniones sobre investigaciones médicas, ambas basadas en la llamada "Brecha 10/90", que sostiene equivocadamente que apenas 10% de las investigaciones médicas mundiales se dedican al 90% de las enfermedades que azotan al mundo. La OMS intenta así imponerle a los laboratorios privados lo que deben investigar y cuáles medicamentos sacar al mercado.
El resultado de la medicina socializada canadiense es que los pacientes que pueden pagar no esperan meses para ser tratados por un especialista, sino que cruzan la frontera a Estados Unidos para recibir atención médica inmediata. El socialismo y la intervención gubernamental en la medicina son ineficientes y fomentan la corrupción.
En Argentina y en el resto de América Latina, el principal tema político y económico es la mala asignación y mal aprovechamiento por parte del Estado de los importantes recursos que administra para el gasto social. El sector privado, por su parte, está obligado a incrementar la productividad para subsistir y crecer, brindando mejores servicios a menores precios, pero opera en un ámbito de inseguridad jurídica y de competencia desleal. Paradójicamente, el empresario emprendedor que no se dedica a obtener favores políticos no sólo es el más castigado por impuestos y regulaciones que le impiden desarrollar su potencial, sino que también debe soportar la sospecha y el desprecio de parte de la opinión publica.
En el área de la salud, el Estado tiene una responsabilidad excluyente para sancionar y hacer cumplir leyes y programas, pero regula mucho y controla mal. Consecuentemente, obtiene muy pobres resultados gastando enormes recursos. Por ejemplo, el gasto social en Argentina fue de unos 600 dólares por habitante hasta 2001, pero el 40% de los habitantes del Gran Buenos Aires (área metropolitana de 10 millones de habitantes) carecía de agua potable y el 60% de cloacas. La devaluación ocurrida en diciembre de 2001 impide hacer ahora comparaciones relevantes en dólares, pero sabemos que ha sumido en la pobreza al 50% de la población argentina.
La profunda crisis actual puede brindar una enseñanza clave para la ciudadanía: exigirle al Estado la misma eficiencia y productividad que éste exige al sector privado.
El sector salud es ejemplo relevante de la mentalidad clientelista presente en la región, ya que la prevención, el cuidado y la asistencia son fácilmente trastocados en paternalismo y dádivas. América Latina comprende desde los años 80 que la democracia es el único sistema donde es posible intentar una vida civilizada. En los años 90 aprendimos que la inflación es un impuesto ineficiente e injusto financiado principalmente por los pobres. A comienzos del siglo XXI vamos camino a entender que el crecimiento no es genuino si se financia con un creciente endeudamiento externo y el desarrollo económico se hace inalcanzable si persiste una mala asignación de recursos económicos.
En Estados Unidos, el costo de la atención médica muestra un incremento anual de 12% en los últimos años, muy por encima del crecimiento del PIB. Por lo tanto, el creciente costo de la salud hace imprescindible la transformación urgente del sector en América Latina, para que un manejo eficiente permita proteger a la población.
(*) Médico cirujano argentino www.aipenet.com