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Daños económicos


Desconozco si alguna entidad ha investigado ni menos se ha manifestado con respecto al tema que me ocupa esta vez. No lo creo.
El observar las diferentes formas y causas cómo se despilfarra el tiempo llama a la investigación y al análisis para poder comprender los aspectos desbastadores de esta práctica tan común en las diferentes esferas económicas, sociales y políticas de nuestro país.
En algunos casos, me dicen, se debe a la falta de fuentes de trabajo, otras, a la idiosincracia de nuestro pueblo, otras a desidia, otras a irresponsabilidad personal, empresarial, pero en todas hay elementos comunes y una consecuencia de dimensiones dramáticas, como cuantiosas, en términos de daño económico.
Para mí, el tiempo perdido o en ocio no es recuperable y lo considero un delito. Si usted, no está trabajando puede ocuparse en buscarlos, en capacitarse, aún, en autocapacitarse leyendo, poniendo en ejecución sus facultades creativas (que todos las tenemos), mientras suceda el milagro. La idiosincracia puede modelarse, por ella no dejamos de ser seres humanos ni por ella sólo podemos pensar y actuar en juerga y "viveza" negativa.
La desidia o negligencia no es propia de un ser humano normal, así que no cabe como excusa para perder el tiempo, todo lo contrario, quien recurra el pretexto de que somos humanos y por eso nos equivocamos no debe invocarlo repetidamente, de sucederle debe hacerse un completo chequeo médico y una reflexión de conciencia.
Al llegar a la irresponsabilidad empresarial - ser irresponsable como persona en grave - es mucho más grave, sea esta empresa oficial o privada, que hay de ambas y muchas.
Para el caso del tiempo perdido por irresponsabilidad empresarial, como llamo, tenemos como ejemplo el tiempo - nada más - que se pierde en reclamos, a las hasta hace poco, empresas de servicios públicos, craso error de privatizaciones.
Según una sola de ellas, la del monopolio de la telefonía, que para empezar subió de un tajo la llamada telefónica mínima al 100 por ciento, la más usada por el pueblo, y ni hablar de la comparativa inicua rentabilidad entregada al Estado por el período de 1999, ni hablar tampoco de las famosas tarjetas para uso telefónico que ninguna autoridad ha dicho si las revisan, amén de los millones que la empresa telefónica recauda como pago adelantado, bien, mejor ni sigo, por ahora.
Como digo, la empresa telefónica dijo haber atendido 2.169 casos de reclamos en un período de 1999. Estos casos seguramente no fueron todos solucionados con una sola visita de los perjudicados a las oficinas de esta empresa, a lo mejor, como me comentan, mínimo fueron 3 visitas, o sea que fueron 6.507 veces aproximadamente, que se tuvo que ir a perder el tiempo en reclamos de llamadas y daños que no debieron ocurrir.
Si cada una de las personas que fueron a reclamar, desde que salen a efectuar el reclamo, invierten 2 horas en realizarlo, estaríamos hablando de 13.014 horas de improductividad nacional, sin sumarle que este tiempo perdido aumenta la congestión vehicular, el envenenamiento del medio ambiente, etc.
Estaríamos hablando del valor hora-hombre en 13.014 horas involucrando no sólo a mensajeros, sino a hombres de negocios, amas de casa, empleados públicos y privados que deben ir personalmente a perder el tiempo haciendo esto reclamos. Sumaríamos unos millones.
¿Quién absorbe el daño económico por estas pérdidas de tiempo? La economía del hogar, la de otras empresas y, al final, la economía del país. Si tomamos otro ejemplo, el de atención médica en la Caja de Seguro Social, ojo señor Jované. Aquí se pierden muchas más miles de horas de producción, de trabajo, para conseguir la cita médica, luego al ir a ser atendido por el galeno - si lo atiende- y luego, al ir por los medicamentos, si los hay ese día. Y si sumamos tiempo perdido en diligencias ante oficinas gubernamentales, disgregadas en la ciudad..., ¡madre mía!.
Y me pregunto. Cómo puede crecer económicamente un país con tanta irresponsabilidad, porque si existieran controles adecuados y responsabilidad de parte de quienes prestan los servicios citados en los ejemplos, seguramente la economía del país se aliviaría un poco de sus problemas.
Pero todo esto pasa inadvertido, solapado, como si no fuera nada, ninguna autoridad dice esta boca es mía, y el país y las grandes mayorías no pueden continuar en este estado deprimente como consecuencia del tiempo perdido. Ojalá este nuevo gobierno tome medidas al respecto.

101 años de Panamá América

 
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