Darfur
Si lo que está pasando en Sudán sucediera en Europa o América ya hace tiempo que hubiera un movimiento mundial para detenerlo. Pero como sucede en Darfur, lo único monumental es el abrumador silencio ante la barbarie.
Si se le preguntara al lector quién fue Hitler o Stalin, de seguro vendrían a su mente los millones de seres humanos que murieron bajo sus yugos, pero si se le preguntara quién es Omar Hassan al-Bashir, seguramente contestaría con un mohín de indiferencia. Pues bien, el dictador de Sudán es el responsable de la muerte de dos y medio millones de personas -sólo en Darfur y el sur de Sudán-; de siete millones de personas sin hogar y de más de 1, 500 poblados borrados de la faz de la Tierra, producto de su política de "Tierra Arrasada" en la guerra étnico-religiosa que promueve. Además, su acoso militar y terrorista a las agencias internacionales de ayuda, ha impedido que la misma llegue a más de un millón de personas. Es lógico preguntarse qué están esperando el mundo y las Naciones Unidas en particular, para intervenir ante tan enorme tragedia. ¿Cuántas resoluciones han emitido la Comisión de Derechos Humanos o la Asamblea General para condenar este genocidio? ¿Cuántas sanciones se han aprobado contra los gobernantes de Sudán para hacer por lo menos incómodos su vida y sus negocios? ¿Por qué no se ha hecho nada?
Unos dirán que parte de la explicación es de índole racista y religiosa, pero los más claros comprenderán que la raíz del problema radica en los medios tradicionales de denuncia y condena. El sesgo ideológico de muchos periodistas internacionales los hace denunciar las acciones de los países desarrollados, mientras toleran inmoralmente las barbaridades más terribles si son cometidas por caudillos antioccidentales.
Por otra parte, los organismos internacionales surgidos de las Naciones Unidas están constituidos mayoritariamente por representantes de dictaduras y otros regímenes absolutistas. ¿Qué pueden condenar como violatorios a los derechos humanos los representantes de Cuba, Libia, Siria o China en dichos organismos?
Ya es hora de hacer algo por Darfur, pero sin esperar nada de esa Asamblea de dictaduras y absolutismos que, por cuidarse la espalda mutuamente, le dan la espalda al los crímenes contra la humanidad.
La solución tampoco está en el unilateralismo imperial, sino en el multilateralismo democrático. Multilateralismo, porque deben ser involucradas muchas naciones; democrático, porque sólo la solidaridad de los pueblos construida sobre los valores de la dignidad de la persona pueden causar intervenciones legítimas. Ante el genocidio de Darfur y la ineptitud de las Naciones Unidas, sólo queda la esperanza en las "Personas Unidas".
Si se le preguntara al lector quién fue Hitler o Stalin, de seguro vendrían a su mente los millones de seres humanos que murieron bajo sus yugos, pero si se le preguntara quién es Omar Hassan al-Bashir, seguramente contestaría con un mohín de indiferencia. Pues bien, el dictador de Sudán es el responsable de la muerte de dos y medio millones de personas -sólo en Darfur y el sur de Sudán-; de siete millones de personas sin hogar y de más de 1, 500 poblados borrados de la faz de la Tierra, producto de su política de "Tierra Arrasada" en la guerra étnico-religiosa que promueve. Además, su acoso militar y terrorista a las agencias internacionales de ayuda, ha impedido que la misma llegue a más de un millón de personas. Es lógico preguntarse qué están esperando el mundo y las Naciones Unidas en particular, para intervenir ante tan enorme tragedia. ¿Cuántas resoluciones han emitido la Comisión de Derechos Humanos o la Asamblea General para condenar este genocidio? ¿Cuántas sanciones se han aprobado contra los gobernantes de Sudán para hacer por lo menos incómodos su vida y sus negocios? ¿Por qué no se ha hecho nada?
Unos dirán que parte de la explicación es de índole racista y religiosa, pero los más claros comprenderán que la raíz del problema radica en los medios tradicionales de denuncia y condena. El sesgo ideológico de muchos periodistas internacionales los hace denunciar las acciones de los países desarrollados, mientras toleran inmoralmente las barbaridades más terribles si son cometidas por caudillos antioccidentales.
Por otra parte, los organismos internacionales surgidos de las Naciones Unidas están constituidos mayoritariamente por representantes de dictaduras y otros regímenes absolutistas. ¿Qué pueden condenar como violatorios a los derechos humanos los representantes de Cuba, Libia, Siria o China en dichos organismos?
Ya es hora de hacer algo por Darfur, pero sin esperar nada de esa Asamblea de dictaduras y absolutismos que, por cuidarse la espalda mutuamente, le dan la espalda al los crímenes contra la humanidad.
La solución tampoco está en el unilateralismo imperial, sino en el multilateralismo democrático. Multilateralismo, porque deben ser involucradas muchas naciones; democrático, porque sólo la solidaridad de los pueblos construida sobre los valores de la dignidad de la persona pueden causar intervenciones legítimas. Ante el genocidio de Darfur y la ineptitud de las Naciones Unidas, sólo queda la esperanza en las "Personas Unidas".