Darién llora por su Obispo
Nos duele, entrañablemente, la partida del Obispo Rómulo Emiliani de la provincia de Darién, porque allí sembró sueños, esperanzas, confianza y anhelos de superación en el alma de hombres, mujeres y niños, perdidos en la intrincada selva darienita, reserva inexplotada que representa un filón de recursos humanos y económicos que podrían contribuir al fortalecimiento y crecimiento de nuestra economía -siempre y cuando, nuestros gobiernos le dediquen tiempo y programas de trabajo para su progreso y desarrollo.
Esta partida del Obispo Rómulo Emiliani, dejará tristezas e incertidumbres, porque la obra que cumplía este representante de la iglesia católica era gigantesca, sincera, llena de ilusiones y logró despertar la certidumbre en cada uno de sus habitantes de que, trabajando con conciencia de sus problemas y en equipo, vencerían las dificultades planteadas por el medio y por la indolencia de quienes, en toda época, se han aprovechado de este sector del país en beneficio de intereses partidistas y personales. Llevó el Obispo Emiliani a las comunidades darienitas la palabra de aliento, la verdad, el estímulo, el espíritu de lucha permanente, la honestidad y la responsabilidad plena de que hay un compromiso insoslayable con esta región de la patria que espera con impaciencia la acción planificada y urgente de instituciones gubernamentales. Por tal razón, hubo lágrimas en su despedida, dolor, mucha incertidumbre, porque el gran líder de la iglesia, creador de tantas organizaciones benéficas que, en la actualidad, contribuyen de manera eficaz al mejoramiento integral de la vida de tantos hermanos panameños, tiene que partir para tierras hondureñas para proseguir su lucha permanente por los más necesitados, por los más pobres de este continente.
Nos duele más la partida del Obispo Emiliani de Panamá, porque no nos explicamos la razón de ella. Seguramente con esta medida se ha herido el corazón de este sacerdote empeñado en participar, sin dilación, en la consecución de una república más grande, más democrática, más soberana. Así lo manifestó en una ocasión cuando decía: "Volvemos a insistir que se debate en Darién la calidad del aprecio y respeto que sentimos por la soberanía de Panamá; de fallar aquí en la defensa de nuestro suelo patrio, mal podríamos cuidar un canal que nos pertenece. Queremos como provincia vivir en paz, progresar en todos los órdenes y necesitamos seguridad. Hay también poblaciones en donde se siente preocupación y nerviosismo y hay gente que está abandonando sus pueblos. Si esto sigue así, Darién se convertirá en tierra de nadie." La situación allí es muy grave y hay que lograr una salida en el menor tiempo posible, porque primero están los intereses de la patria a cualquier partidista, y salvar a Darién es el compromiso de todos los panameños.
La obra socio-económica y cultural que ha desarrollado el Obispo Rómulo Emiliani en beneficio de las comunidades darienitas debe continuar con mayor entusiasmo, aprovechando la buena semilla que tan insigne sacerdote sembrara en la misma vida de estos hermanos panameños.
Gobierno y pueblo, tienen la más bella oportunidad de poner en manos de tan alejada región los mejores instrumentos para su progreso y desarrollo y de esa manera, alcanzar las metas ambicionadas con tanto amor y sacrificio por el Obispo Rómulo Emiliani.
Esta partida del Obispo Rómulo Emiliani, dejará tristezas e incertidumbres, porque la obra que cumplía este representante de la iglesia católica era gigantesca, sincera, llena de ilusiones y logró despertar la certidumbre en cada uno de sus habitantes de que, trabajando con conciencia de sus problemas y en equipo, vencerían las dificultades planteadas por el medio y por la indolencia de quienes, en toda época, se han aprovechado de este sector del país en beneficio de intereses partidistas y personales. Llevó el Obispo Emiliani a las comunidades darienitas la palabra de aliento, la verdad, el estímulo, el espíritu de lucha permanente, la honestidad y la responsabilidad plena de que hay un compromiso insoslayable con esta región de la patria que espera con impaciencia la acción planificada y urgente de instituciones gubernamentales. Por tal razón, hubo lágrimas en su despedida, dolor, mucha incertidumbre, porque el gran líder de la iglesia, creador de tantas organizaciones benéficas que, en la actualidad, contribuyen de manera eficaz al mejoramiento integral de la vida de tantos hermanos panameños, tiene que partir para tierras hondureñas para proseguir su lucha permanente por los más necesitados, por los más pobres de este continente.
Nos duele más la partida del Obispo Emiliani de Panamá, porque no nos explicamos la razón de ella. Seguramente con esta medida se ha herido el corazón de este sacerdote empeñado en participar, sin dilación, en la consecución de una república más grande, más democrática, más soberana. Así lo manifestó en una ocasión cuando decía: "Volvemos a insistir que se debate en Darién la calidad del aprecio y respeto que sentimos por la soberanía de Panamá; de fallar aquí en la defensa de nuestro suelo patrio, mal podríamos cuidar un canal que nos pertenece. Queremos como provincia vivir en paz, progresar en todos los órdenes y necesitamos seguridad. Hay también poblaciones en donde se siente preocupación y nerviosismo y hay gente que está abandonando sus pueblos. Si esto sigue así, Darién se convertirá en tierra de nadie." La situación allí es muy grave y hay que lograr una salida en el menor tiempo posible, porque primero están los intereses de la patria a cualquier partidista, y salvar a Darién es el compromiso de todos los panameños.
La obra socio-económica y cultural que ha desarrollado el Obispo Rómulo Emiliani en beneficio de las comunidades darienitas debe continuar con mayor entusiasmo, aprovechando la buena semilla que tan insigne sacerdote sembrara en la misma vida de estos hermanos panameños.
Gobierno y pueblo, tienen la más bella oportunidad de poner en manos de tan alejada región los mejores instrumentos para su progreso y desarrollo y de esa manera, alcanzar las metas ambicionadas con tanto amor y sacrificio por el Obispo Rómulo Emiliani.