De 60 a 200 años para salir del atolladero
La pobreza es un tema que debe preocuparnos a todos, pero más a los ricos que a los pobres. Ella no es más que una manifestación de la injusticia social que rigen las relaciones entre los panameños. A todos y no solamente a los ricos pertenece Panamá, mas sin embargo sólo disfrutan de él, si acaso, una tercera parte de sus habitantes.
Hemos leído informes del Banco Interamericano de Desarrollo sobre la pobreza, que nos proponemos transcribir textualmente, ya que como dice el adagio "a confesión de parte, relevo de prueba". Consideramos importante la opinión del BID, uno de los pilares en que se fundamenta el neoliberalismo.
Dice así en algunas de sus partes el citado informe: Durante la década de los ochenta, la incidencia de la pobreza (moderada y extrema) aumentó en la mayoría de los países de la región. Aunque la pobreza ha disminuido durante la década en curso, no lo ha hecho de manera muy marcada. La experiencia de los últimos veinte años confirma que la incidencia de la pobreza sigue muy de cerca al ciclo económico pero aumenta más en épocas de crisis de lo que disminuye en los auges.
El crecimiento económico es un factor fundamental para reducir la pobreza. No obstante, la pobreza puede disminuir de manera más lenta de lo deseado si los niveles de desigualdad se mantienen. Por ejemplo, en algunos países una tasa de crecimiento anual per cápita del 3% llevaría a la erradicación de la pobreza extrema en alrededor de sesenta años; mientras que en otros países bajo condiciones similares, podría llevar más de doscientos años. Sin embargo, en la mayoría de los países de la región, el esfuerzo redistributivo necesario para erradicar la pobreza extrema no es muy grande: solamente sería necesario redistribuir de manera focalizada entre 0,5% y 1% del PIB.
Existen algunas tendencias preocupantes en el ámbito de la desigualdad económica. En muchos países ha aumentado la disparidad salarial entre los trabajadores que han logrado niveles más altos de educación y aquellos que no los han alcanzado. Al margen de su causa, lo cierto es que de perdurar esta tendencia, la desigualdad económica en América Latina y el Caribe -de por sí una de las más altas del mundo- podría continuar a los niveles actuales o incluso empeorar. Esto significa que dada una misma tasa de crecimiento económico, la reducción de la pobreza será más lenta.
¿Qué implican estas tendencias para las políticas públicas? Una de las consecuencias más importantes es que si el crecimiento económico moderno genera empleos que requieren mayores niveles de preparación, un ingrediente básico de la estrategia de lucha contra la pobreza es mejorar el nivel educativo de la población de menores recursos. Esto significa que no sólo será necesario aumentar el número de oportunidades educativas y la calidad de las mismas, sino que será igualmente imperativo promover la demanda educativa. Esto último quiere decir que se requerirán medidas para fomentar la permanencia de niños y niñas en la escuela, y favorecer el aprovechamiento de los conocimientos impartidos con medidas de apoyo a la salud y nutrición del menor. Por ejemplo, el Banco podría elaborar proyectos que promuevan la permanencia de los niños en la escuela mediante programas de becas escolares a las familias de bajos recursos. El apoyo a la salud reproductiva, así como la información sobre métodos anticonceptivos y el acceso a los mismos, también son elementos esenciales de una estrategia orientada a aumentar la preparación del alumno para el trabajo en el sector moderno y mejorar la calidad de vida de la población.
Dado que la pobreza está fundamentalmente vinculada a la falta de acceso adecuado a activos productivos y financieros, las acciones para redistribuir la riqueza son de gran relevancia. Entre las iniciativas más importantes que pertenecen a este ámbito se cuentan la reforma agraria, los impuestos al patrimonio o la herencia, las privatizaciones que conlleven la redistribución de la propiedad y las políticas de vivienda y crédito.
Las acciones para mejorar el acceso de la población de bajos recursos a las oportunidades brindadas por el mercado son también un componente básico de la lucha contra la pobreza. Es esencial corregir las fallas del mercado de crédito, eliminar las prácticas discriminatorias en el mercado laboral y el sistema judicial, reducir las restricciones a la movilidad laboral, y asegurar los derechos de propiedad de la población más pobre. Otro componente importante de las estrategias para combatir la pobreza debe ser la ejecución de medidas para mejorar la calidad de vida de la población, tales como aumentar el acceso al agua potable y saneamiento.
El Banco Interamericano de Desarrollo participa en la lucha contra la pobreza por medio de los préstamos y la asesoría técnica que otorga a los países de la región en las áreas arriba mencionadas. El análisis de la cartera que se realizó para este trabajo resaltó algunas áreas que debieran enfatizarse. El Banco podría cumplir una función pionera en el desarrollo de mecanismos para proteger a la población pobre de las crisis económicas, los desastres naturales, el desempleo, la vejez y las enfermedades. También sería conveniente establecer procedimientos rutinarios de evaluación de proyectos para seleccionar las iniciativas cuyos impactos sobre la pobreza sean mayores y, al mismo tiempo, descartar las ineficientes o ineficaces.
Desde el punto de vista del ingreso, la estrategia básica para eliminar la pobreza es ayudar a los pobres a recibir un ingreso. Una actividad importante que el gobierno debe realizar es la selección de políticas que induzcan al sector privado --fuente de la mayor parte del empleo-- a crear empleos mejor remunerados para los pobres. Pero el gobierno puede y debe hacer mucho más que esto. Además de crear una red de seguridad básica para los menos afortunados, puede satisfacer directamente muchas de las necesidades que definen un mínimo nivel de vida, incluyendo sistemas de acueductos y alcantarillado seguros, educación básica y acceso a los servicios de salud.
Hemos leído informes del Banco Interamericano de Desarrollo sobre la pobreza, que nos proponemos transcribir textualmente, ya que como dice el adagio "a confesión de parte, relevo de prueba". Consideramos importante la opinión del BID, uno de los pilares en que se fundamenta el neoliberalismo.
Dice así en algunas de sus partes el citado informe: Durante la década de los ochenta, la incidencia de la pobreza (moderada y extrema) aumentó en la mayoría de los países de la región. Aunque la pobreza ha disminuido durante la década en curso, no lo ha hecho de manera muy marcada. La experiencia de los últimos veinte años confirma que la incidencia de la pobreza sigue muy de cerca al ciclo económico pero aumenta más en épocas de crisis de lo que disminuye en los auges.
El crecimiento económico es un factor fundamental para reducir la pobreza. No obstante, la pobreza puede disminuir de manera más lenta de lo deseado si los niveles de desigualdad se mantienen. Por ejemplo, en algunos países una tasa de crecimiento anual per cápita del 3% llevaría a la erradicación de la pobreza extrema en alrededor de sesenta años; mientras que en otros países bajo condiciones similares, podría llevar más de doscientos años. Sin embargo, en la mayoría de los países de la región, el esfuerzo redistributivo necesario para erradicar la pobreza extrema no es muy grande: solamente sería necesario redistribuir de manera focalizada entre 0,5% y 1% del PIB.
Existen algunas tendencias preocupantes en el ámbito de la desigualdad económica. En muchos países ha aumentado la disparidad salarial entre los trabajadores que han logrado niveles más altos de educación y aquellos que no los han alcanzado. Al margen de su causa, lo cierto es que de perdurar esta tendencia, la desigualdad económica en América Latina y el Caribe -de por sí una de las más altas del mundo- podría continuar a los niveles actuales o incluso empeorar. Esto significa que dada una misma tasa de crecimiento económico, la reducción de la pobreza será más lenta.
¿Qué implican estas tendencias para las políticas públicas? Una de las consecuencias más importantes es que si el crecimiento económico moderno genera empleos que requieren mayores niveles de preparación, un ingrediente básico de la estrategia de lucha contra la pobreza es mejorar el nivel educativo de la población de menores recursos. Esto significa que no sólo será necesario aumentar el número de oportunidades educativas y la calidad de las mismas, sino que será igualmente imperativo promover la demanda educativa. Esto último quiere decir que se requerirán medidas para fomentar la permanencia de niños y niñas en la escuela, y favorecer el aprovechamiento de los conocimientos impartidos con medidas de apoyo a la salud y nutrición del menor. Por ejemplo, el Banco podría elaborar proyectos que promuevan la permanencia de los niños en la escuela mediante programas de becas escolares a las familias de bajos recursos. El apoyo a la salud reproductiva, así como la información sobre métodos anticonceptivos y el acceso a los mismos, también son elementos esenciales de una estrategia orientada a aumentar la preparación del alumno para el trabajo en el sector moderno y mejorar la calidad de vida de la población.
Dado que la pobreza está fundamentalmente vinculada a la falta de acceso adecuado a activos productivos y financieros, las acciones para redistribuir la riqueza son de gran relevancia. Entre las iniciativas más importantes que pertenecen a este ámbito se cuentan la reforma agraria, los impuestos al patrimonio o la herencia, las privatizaciones que conlleven la redistribución de la propiedad y las políticas de vivienda y crédito.
Las acciones para mejorar el acceso de la población de bajos recursos a las oportunidades brindadas por el mercado son también un componente básico de la lucha contra la pobreza. Es esencial corregir las fallas del mercado de crédito, eliminar las prácticas discriminatorias en el mercado laboral y el sistema judicial, reducir las restricciones a la movilidad laboral, y asegurar los derechos de propiedad de la población más pobre. Otro componente importante de las estrategias para combatir la pobreza debe ser la ejecución de medidas para mejorar la calidad de vida de la población, tales como aumentar el acceso al agua potable y saneamiento.
El Banco Interamericano de Desarrollo participa en la lucha contra la pobreza por medio de los préstamos y la asesoría técnica que otorga a los países de la región en las áreas arriba mencionadas. El análisis de la cartera que se realizó para este trabajo resaltó algunas áreas que debieran enfatizarse. El Banco podría cumplir una función pionera en el desarrollo de mecanismos para proteger a la población pobre de las crisis económicas, los desastres naturales, el desempleo, la vejez y las enfermedades. También sería conveniente establecer procedimientos rutinarios de evaluación de proyectos para seleccionar las iniciativas cuyos impactos sobre la pobreza sean mayores y, al mismo tiempo, descartar las ineficientes o ineficaces.
Desde el punto de vista del ingreso, la estrategia básica para eliminar la pobreza es ayudar a los pobres a recibir un ingreso. Una actividad importante que el gobierno debe realizar es la selección de políticas que induzcan al sector privado --fuente de la mayor parte del empleo-- a crear empleos mejor remunerados para los pobres. Pero el gobierno puede y debe hacer mucho más que esto. Además de crear una red de seguridad básica para los menos afortunados, puede satisfacer directamente muchas de las necesidades que definen un mínimo nivel de vida, incluyendo sistemas de acueductos y alcantarillado seguros, educación básica y acceso a los servicios de salud.