De acoso sexual a terrorismo laboral
Después de algunos escándalos por acoso sexual, no han sobresalido a al luz pública más entuertos de esta índole en oficinas públicas o privadas del país. Ahora, la moda es el terrorismo laboral. Las amenazas de despidos por parte de lastres políticos sin la debida moral, que llegan a puestos, precisamente por política, son constantes en algunas oficinas públicas. En estos casos, el terror afecta más si la vagancia es el estigma característico del terrorista de turno, ocasionando desarreglos psicológicos en los funcionarios y un rendimiento decreciente en las labores y menos réditos por los impuestos que pagamos los ciudadanos.
Recuerdo que en el sector privado, cuando la mejor cervecería del mundo despidió a más de 500 empleados panameños, la desestabilización emocional que provocó esta orden a nivel nacional fue enorme, pues empresas menos grandes y otras mucho más pequeñas, aprovecharon para rescindir de empleados en discordia, dejando en cafetines y fondas una sapidez amarga. En el sector público, lo del mal sabor es que algunos jefes, además de no contar con los mínimos requisitos morales para mandar, son especialistas en meter miedo y aplicar el terror como miel sobre hojuelas, al estilo de la fundamentalista Huda Salih Mahdi Ammash, mejor conocida como la doctora del Antrax. Los amenazadores en ese sector, siempre recurren a decir cosas como: Mi amigo, el legislador; mi compadre, el ministro o el concejal; es decir, ponen en boca de otros sus armas, reluciendo sus espantables habilidades para el mal.
Ya sea en el sector público o el privado, para acabar o aliviar el mal de los terroristas laborales, la mejor medicina es la del presidente Bush: Desenmascararlos y darles con todo, pues por su naturaleza casada con la incapacidad, son cobardes y rubefactos a la luz, al trabajo y a la verdad.
*Presidenta de la Comisión de la Mujer, Derechos de la Niñez, la Juventud y la Familia, de la Asamblea Legislativa de Panamá.
Recuerdo que en el sector privado, cuando la mejor cervecería del mundo despidió a más de 500 empleados panameños, la desestabilización emocional que provocó esta orden a nivel nacional fue enorme, pues empresas menos grandes y otras mucho más pequeñas, aprovecharon para rescindir de empleados en discordia, dejando en cafetines y fondas una sapidez amarga. En el sector público, lo del mal sabor es que algunos jefes, además de no contar con los mínimos requisitos morales para mandar, son especialistas en meter miedo y aplicar el terror como miel sobre hojuelas, al estilo de la fundamentalista Huda Salih Mahdi Ammash, mejor conocida como la doctora del Antrax. Los amenazadores en ese sector, siempre recurren a decir cosas como: Mi amigo, el legislador; mi compadre, el ministro o el concejal; es decir, ponen en boca de otros sus armas, reluciendo sus espantables habilidades para el mal.
Ya sea en el sector público o el privado, para acabar o aliviar el mal de los terroristas laborales, la mejor medicina es la del presidente Bush: Desenmascararlos y darles con todo, pues por su naturaleza casada con la incapacidad, son cobardes y rubefactos a la luz, al trabajo y a la verdad.
*Presidenta de la Comisión de la Mujer, Derechos de la Niñez, la Juventud y la Familia, de la Asamblea Legislativa de Panamá.