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De banquero a presidente


Nadie pone en tela de juicio sus dotes de hábil hombre de negocios. A la cabeza de la gerencia del banco que regenta y sus afiliadas, ha alcanzado niveles de excelencia sorprendentes, en breve término.
Lograr grandes cosas en tiempo reducido parece ser su especialidad. Suele tardar algo más en decidirse pero, una vez ponderados milimétricamente los riesgos y las posibilidades, se lanza resuelto tras sus objetivos, sin más pausa que la que marca su propia estrategia.
Con sólidos cimientos familiares y académicos, Alberto Vallarino, fue artífice de la modernización de su banco, introducido en nuevos y rentables negocios y tecnología y conduciéndolo hacia su actual expansión nacional e internacional.
Como político, siguió la misma fórmula. Se tomó pacientemente varios años para evaluar cuidadosamente sus posibilidades dentro de su condición y tradición familiar arnulfista. Desciende por línea directa de dos ramas de leales y cercanos colaboradores del extinto líder, Arnulfo Arias, de quien incluso es sobrino colateral.
Hace dos meses sorprendió a nuestro mundo político, cuando anunció su aspiración a la nominación presidencial de su partido, desafiando nada menos que a la hasta entonces indisputada líder, Mireya Moscoso. Así fue que, con los registros de adeptos cerrados y con sólo 45 días de campaña, se empeñó en hacer el milagro de pasar como él dice, "de soldado raso" a presidente.
Salvo algunos deslices de sus adláteres, se concentró en destacar sus potenciales dotes de estadista, dirigiendo sus ataques contra el mandatario Ernesto Pérez Balladares, como si éste y no Moscoso fuera su real adversario. No tardó en recibir algunos escopetazos presidenciales de vuelta que ayudaron a elevar su figura.
En su breve campaña, transmitió al país un claro mensaje de aliento al millón y cuarto de productores del agro, esbozó lineamientos a favor de la golpeada industria nacional y fustigó como nadie la política neoliberal del gobierno, de espalda a los más necesitados. No escatimó, sin embargo, reconocimiento de los logros de la actual administración, particularmente en su marcha hacia la modernización y la apertura, aunque dejó claro, que tales debían darse en un marco de estricta reciprocidad y gradualidad.
Hasta entonces, ningún aspirante a candidato opositor había formulado planteamientos programáticos tan serios y precisos, en materia de política económica y social. Tuvo incluso la valentía de esbozar algunas críticas de fondo al concepto actual del CMA, tema que muchos dirigentes políticos, han eludido.
Pocos saben de sus reales intenciones, que no acaban con su impresionante papel en las primarias de su partido. Es claro que sigue fiel a su estilo de aguardar el mejor momento para lanzarse otra vez tras el objetivo. Mientras tanto ha iniciado por sí sólo un ciclo personal de giras contra la reelección en Chiriquí, en momentos en que los demás líderes opositores siguen discutiendo su alianza.

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