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De calificadoras y calificaciones


Hace algunos días comenzaron a aparecer en los distintos medios de publicación, los resultados de los análisis de aquellas empresas calificadoras que regularmente realizan estudios sobre las tendencias económicas y políticas en el país y cómo las mismas incidirán, positiva o negativamente, en el desarrollo de la actividad económica panameña. Estas empresas de reconocida capacidad mundial llevan a cabo estos análisis para que sirvan como herramienta a personas o empresas que se dedican a invertir en bonos o documentos de deuda de un país o una empresa. Su única intención es hacer un análisis basado en realidades matemáticas y calificar las perspectivas de retorno en una inversión determinada.
Para Panamá, el trato de estas calificadoras durante la década pasada fue muy positivo debido a tres factores fundamentales: el regreso a un sistema democrático de gobierno, los esfuerzos realizados por el país para poner en orden las finanzas del Estado con la creación de un mejor sistema para hacerle frente al servicio de la deuda y un crecimiento sostenido de nuestro producto interno bruto. Estos tres factores colocaron a Panamá a un paso de alcanzar un nivel de poco riesgo en inversión conocido como "Grado de Inversión o Investment Grade". Para todos, esto hubiese significado un gran avance no solamente por colocar al país dentro de un grupo muy exclusivo de naciones, sino porque hubiese significado que por ser un país seguro para las inversiones y con muy buenas perspectivas de hacer frente a los compromisos adquiridos el riesgo de la inversión era menor que en otros países del área, permitiéndole a la nación acceasara fondos de financiamiento a un menor costo.
Los últimos informes de estas empresas calificadoras muestran un panorama que desdichadamente va muy de acuerdo con la realidad que estamos viviendo; nuestra economía está frente a una clara situación de desaceleración, o cualquier otro adjetivo que deseemos utilizar para indicar que estamos ante una situación difícil, con pocas perspectivas de rápidamente poder detener la tendencia de reducción en el crecimiento de nuestro producto interno bruto. Las razones de esto son muchas y complejas, pero podemos resumirla en el hecho de que en los últimos dos años la inversión privada en el país, tanto externa como interna, se ha reducido, provocando una disminución en la creación de nuevas empresas y puestos de trabajo. Si ha esto le sumamos otros factores como la falta de un plan económico coherente por parte del gobierno que motivó el incumplimiento de los acuerdos que como país firmamos con el F.M.I. y además, la situación económica internacional, no debería soprendernos que las empresas calificadoras hayan tomado la decisión de revisar la calificación que ellos le conceden al riesgo de inversión en Panamá. Tratar de culpar de esta reducción a una discusión política sobre la aprobación de un presupuesto es desconocer totalmente el problema de la economía panameña. Estos factores definitivamente contribuyen a crear un ambiente de incertidumbre en cuanto a los recursos con que contará el Gobierno para hacerle frente a las obligaciones externas e internas que se presentarán el próximo año; el problema no es político sino económico, pero mientras nuestros gobernantes insistan en tratar de mezclar el tema político con el económico será muy difícil que no sólo alcancemos un mejor grado de inversión sino que lo mantengamos, Panamá requiere en estos momentos de una tregua en la discusión de temas políticos que nos ayudarán a todos concentrar nuestros esfuerzos en identificar aquellas medidas que nos permitirán a corto, mediano y largo plazo alcanzar y sostener los niveles de crecimiento necesarios para resolver los problemas sociales y económicos que aquejan a Panamá.
Los esfuerzos que se realizan en el Diálogo Nacional en esta dirección son muy positivos; sin embargo, será muy difícil que tengan el alcance deseado si fuera de la mesa del dialogo creamos un ambiente hostil entre las fuerzas políticas, que a fin y al cabo serán las que tendrán la responsabilidad de ejecutar los acuerdos que se alcancen en esta discusión. Los problemas del país son serios, y requieren de personas serias dispuestas a tomar aquellas decisiones que permitan de una vez por todas corregir las ineficiencias de nuestro sistema económico. Panamá no necesita de personas cuyo único fin es buscar en el pasado a los culpables de los problemas actuales, necesitamos personas comprometidas con encontrar soluciones; ha llegado el momento en que nuestros gobernantes dejen a lado los intereses personales y se concentren más en conseguir acuerdos y menos en obtener nombramientos; necesitamos más recursos y menos gastos y tenemos que crear entre todos una esperanza en el futuro de Panamá, que es lo que todos aspiramos.

101 años de Panamá América

 
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